Omisión – Respuestas Veganas https://respuestasveganas.org Comunidad científica sobre Ética y veganismo. Más de 100 respuestas a argumentos. Sun, 13 Dec 2020 15:37:07 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.3 https://respuestasveganas.org/wp-content/uploads/cropped-favicon-rv-32x32.png Omisión – Respuestas Veganas https://respuestasveganas.org 32 32 El deontologismo https://respuestasveganas.org/el-deontologismo/ https://respuestasveganas.org/el-deontologismo/#respond Mon, 23 Nov 2020 18:00:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2018/03/resumenes-el-deontologismo.html

El deontologismo

La palabra «deontología» (del griego δέον, -οντος déon, -ontos ‘lo que es necesario’, ‘deber’ y -logía ‘conocimiento’, ‘estudio’) deriva de las palabras «deon» (deber) y «logos» (ciencia). Por lo tanto, el deontologismo es la ciencia o estudio del deber, por el deber mismo. El dentologismo es un marco normativo cuyo objetivo es decirnos las acciones que debemos hacer y las acciones que no debemos hacer. La ciencia que estudia el deber se llama lógica deóntica.

Como explicaré más adelante, el deontologismo siempre ha estado manipulado para separarlo del consecuencialismo.

Uno de los representantes históricos del deontologismo es Immanuel Kant (1724-1804). Su teoría deontologista es llamada «deontologismo kantiano». A continuación podéis ver el capítulo 7 de la serie «La Aventura del Pensamiento» en el que hacen un resumen de las ideas de Kant, entre ellas la gran mentira según la cual «Ningún fin justifica usar medios éticamente incorrectos», y por eso Kant decía que nunca debes mentir, aunque mentir fuera necesario para salvar la vida a alguien.

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Algunas profesiones tienen su propio «código deontológico», el cual son normas que, independientemente de que sean correctas o incorrectas, son tomadas como los límites dentro de dicha profesión.

El deontologismo hasta hoy contiene un engaño

Comúnmente se cree que el deontologismo da prioridad al respeto de unas normas sobre las consecuencias. Debido a ello se asocia al deontologismo con la idea de que «ningún fin justifica usar medios éticamente incorrectos», idea popularmente conocida como «el fin no justifica los medios». Esto ocurre debido a que existe un profundo error, ampliamente extendido, que asocia al deontologismo con la siguiente idea errónea: «no existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión», por eso estas personas creen que si eligen «no hacer nada» entonces no tienen nada que ver con lo que ocurre después (las consecuencias de sus omisiones).

Sin embargo, la Realidad es que sí que existe una relación causa-efecto entre las omisiones y lo que ocurre. Por lo tanto es posible elegir hacer daño a otros mediante omisiones, razón por la cual también debemos tener en cuenta las omisiones a la hora de elegir cómo debemos actuar éticamente.[1]

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No es «kantismo versus utilitarismo», como indica el anterior vídeo, sino «dentologismo vs consecuencialismo», pues el kantismo es un tipo de deontologismo y el utilitarismo es un tipo de consecuencialismo. Lo que plantea Max Weber (1864-1920) en el vídeo es consecuencialismo, pues cuando se elige no violar una norma es porque se estiman peores consecuencias violándola.

El deontologismo es consecuencialista

Al reconocer que existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión, se reconoce que «quedarnos quietos» también puede ser éticamente incorrecto. De esta manera el deontologismo deja de estar separado de las consecuencias y se convierte en consecuencialismo. Por lo tanto debemos elegir hacer el mal menor (a ser posible ninguno), es decir, un fin justo puede justificar medios éticamente incorrectos si mediante ellos se estiman consecuencias menos malas que si no se usan dichos medios. El ejemplo más claro de esto es la defensa ante una agresión.[2]

Por lo tanto la Ética son normas que se deben respetar a priori, pues su cumplimiento depende de las consecuencias estimadas.

Las trampas de los “deontologistas”

Algunos deontologistas no aceptan que el dentologismo se convierte en consecuencialismo y usan la doctrina del doble efecto.[3] La doctrina del doble efecto viene a ser un consecuencialismo disfrazado de purismo que utiliza una supuesta buena intención en las acciones para desentenderse de las consecuencias de éstas cuando conviene, sobretodo para defender la propiedad privada y el capital.

Otros deontologistas, para no reconocer que el deontologismo es consecuencialista, añaden arbitrariamente las excepciones a la norma en parte de la misma norma, para poder decir que «así no violan la norma». Por ejemplo, dicen que «no se debe mentir» sería una norma general, pues tiene un sentido amplio, en cambio, «no se debe mentir, excepto para proteger la vida de un inocente» sería una norma más particular, pero que aspira a ser una norma universal. De esta manera creen que evitan decir que «un fin justo (proteger la vida de un inocente) justifica medios éticamente incorrectos (mentir)». En su ensayo «El prescriptivismo universal», R.M. Hare (1919-2002) usa esta falacia:

No hay que confundir la universalidad con la generalidad (Hare, 1972, pág. 1 ss.). El principio que implica un enunciado de «debe» puede ser muy específico, complejo y detallado, quizás demasiado complejo para expresarlo en palabras. No tiene que ser muy general y simple. Por ello, las críticas a la universalizabilidad, según las cuales nos hace esclavos de reglas muy simples, no dan en el blanco. Por poner un ejemplo que causó problemas a Kant: mis principios morales no tienen que ser tan generales como «nunca digas mentiras»; pueden ser más específicos, como «nunca digas mentiras excepto cuando es necesario para salvar una vida inocente, y excepto cuando …, y excepto cuando …» (Kant, 1797).   (Hare, 1995)

Sin embargo, las excepciones deben estar éticamente justificadas. No es suficiente con añadir una excepción y decir que «es una norma universal». Por ejemplo, la norma «no se debe matar a los demás, excepto si te caen mal», no está fundamentada en nada por sí misma, aunque alguien la quisiera pasar por norma «universal». Es arbitrario añadir a una norma universal sólo las excepciones que uno quiera, pues las excepciones no dependen de las creencias de cada uno.

Por lo tanto podemos concluir que la Realidad es que un fin justo puede justificar usar medios éticamente incorrectos si se estiman consecuencias menos malas que no usándolos. Por ejemplo, para proteger la vida de un inocente puede estar justificado mentir, agredir y lo que haga falta, lo importante es que las consecuencias sean menos malas que «no haciendo nada».

La Regla de Oro de la Ética

La Regla de Oro de la Ética es «A priori, los intereses no deben ser frustrados».[4] Esta es la norma deontologista esencial, pero el «A priori» permite que tenga en cuenta las consecuencias estimadas, es decir, la convierte en una norma consecuencialista.

Regla de Oro de la Ética

La Regla de Oro se convierte en el objetivo a alcanzar: un mundo ético, es decir, un mundo en el que los intereses no sean frustrados. Para avanzar hacia un mundo ético, en el que los intereses de los seres sintientes no sean frustrados, debemos practicar el veganismo.

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¿Qué es la Ética? La Ética es una ciencia https://respuestasveganas.org/que-es-la-etica-es-una-ciencia/ https://respuestasveganas.org/que-es-la-etica-es-una-ciencia/#comments Sat, 08 Aug 2020 21:52:41 +0000 https://respuestasveganas.org/?p=20444

Algunos, incluidos profesores de Filosofía Moral (Ética), dicen que «la Ética no es una ciencia». Sin embargo, ésta es una opinión tan errónea como decir que la Física, las Matemáticas, etc. no son una ciencia. El origen del rechazo a la Ética como ciencia se debe muchas veces al desconocimiento y otras veces a motivos ideológicos. ¿Qué es la Ética? La Ética es la ciencia sobre el deber a priori: a priori debemos hacer el bien y rechazar el mal, excepto si estimamos que haciendo un mal evitamos un mal mayor. A continuación uso el método científico para demostrar que la Ética es una ciencia.

La materia existe

La materia existe

Aunque no lo creas, existen humanos que dicen que «la materia no existe», es decir, dicen que tu cuerpo material y necesidades físicas asociadas (comer, beber, miccionar, etc.) no existen. Esta idea suelen defenderla religiosos, aunque no suelen expresarla públicamente por lo absurda que es.

Sin embargo, la Realidad está compuesta por materia y energía, las cuales tienen como propiedad intrínseca la Lógica (A=A): la materia y la energía que exite, existe. La materia y la energía que no existe, no existe.[1]

En la Realidad existen los humanos, así como existen otros animales. Son seres compuestos por materia (cuerpo) y también por energía que emerge del cerebro de dicho cuerpo: la conciencia.[2] Un ser que tiene conciencia es un sujeto (subjetividad): es consciente de algunas cosas, siente y tiene intereses. Los seres con conciencia también son llamados «seres sintientes».

La Ética es una ciencia

La Etica es una ciencia

La importancia de la Ética es máxima. La Ética se ocupa de decirnos qué es el mal y qué es el bien, qué debemos hacer y qué no debemos hacer. Sin embargo, existen quienes erróneamente dicen que «el bien y el mal no existen»[3] o que dicen que «cada uno debe hacer lo que quiera».[4]

Para llegar a la conclusión de que la Ética es una ciencia, primero debemos preguntarnos qué es la ciencia. La ciencia (del latín scientia, que significa «conocimiento») es un método sistemático que crea conocimiento (empírico y lógico) y lo organiza en forma de explicaciones y predicciones comprobables sobre el Universo.[1][2][3]

La ciencia produce conocimiento sobre la Realidad, no son gustos u opiniones, para ello usa el método científico:

1º) Observar la Realidad.

2º) Formular la pregunta a resolver.

3º) Utilizando el razonamiento deductivo, se formula a su vez una hipótesis, que es una posible respuesta a la pregunta planteada.

4º) Se reproduce el fenómeno repetidas veces para confirmar o refutar la hipótesis propuesta.

5º) Conclusiones. La comunidad científica se encarga de evaluar los resultados obtenidos a través de la revisión por pares, es decir que otros científicos de la misma especialidad evalúan el procedimiento y sus resultados.

1º) Observar la Realidad

Los intereses existen

Así como la gravedad actúa sobre la materia, los intereses actúan sobre el comportamiento de los cuerpos. Si observamos podemos comprobar empíricamente cuál es el interés de alguien. Un sujeto quiere que algo ocurra (tiene un determinado interés) y actúa en consecuencia (para satisfacer ese interés).

Es muy importante tener en cuenta que es lógicamente contradictorio (imposible) que alguien frustre su propio interés, pues si hace algo es porque ese es su interés y no el contrario. Incluso en una situación en la que un sujeto está coaccionado para que haga algo que no quiere hacer, si hace ese algo entonces ese es su interés (interés coaccionado). La conclusión a todo esto es que los intereses no pueden ser autofrustrados, los frustran otros sujetos o eventos.

El bien y el mal existen

Es un hecho que si a alguien le hacen lo que no quiere que le hagan entonces le están frustrando ese interés y lo considera malo para él. Es un hecho comprobable y lógico que la frustración de intereses es algo malo para cualquiera, y por lo tanto es una ley científica: al frustrar el interés de alguien se le hace algo malo.[3]

El mal es lo que es malo para cualquiera: la frustración de intereses.

Lo mismo ocurre con lo bueno. Es un hecho que si a alguien le hacen lo que quiere que le hagan entonces le están satisfaciendo ese interés y lo considera bueno para él. Es un hecho comprobable y lógico que la satisfacción de intereses es algo bueno para cualquiera, y por lo tanto es una ley científica: al satisfacer el interés de alguien se le hace algo bueno.[3]

El bien es lo que es bueno para cualquiera: la satisfación de intereses.

Tener un interes implica deber

Los sujetos tienen intereses. Querer que algo ocurra significa tener interés en que ese algo ocurra, lo cual implica que la «opinión» de ese sujeto es que: eso que quiere que ocurra debe ocurrir. Por ejemplo, alguien quiere ganar dinero jugando a la lotería, eso significa que tiene interés en ganar dinero jugando a la lotería, por eso se compró un billete de lotería, y por lo tanto cree que le debe tocar la lotería a él.

El problema es que todos los sujetos tienen intereses, es decir, todos creen que sus intereses deben satisfacerse aunque frustren los intereses de los demás. Por ejemplo, alguien dice «debo matar a ese» y ese otro dice «no debe matarme, sino que debo seguir viviendo». ¿Qué debe hacerse? ¿debe matarle o no debe matarle? ¿alguno de ellos tiene la razón? ¿cuál de ellos?

La Ética y la ciencia

Para responder a las preguntas anteriores debemos preguntarnos si, así como demostramos que existe una ley científica sobre el bien y el mal, ¿existe una ley científica sobre el deber? A esa ley científica la llamamos la Regla de Oro de la Ética.

2º) Formular la pregunta a resolver

Se observa que los humanos no se ponen de acuerdo en nada sobre el cómo deberían comportarse y en general sobre cómo debería ser la Realidad. ¿Existe una ley científica sobre cómo debería ser la Realidad? ¿la Ética es una ciencia?

3º) Hipótesis

La hipótesis es que existe una ley que todos defienden individualmente, pero que la mayoría rechazan aplicar como una ley universal. Esto puede deberse a que no aplican el método científico en cuestiones como el deber porque están acaparadas por la religión, por la inercia social (costumbres y tradición) y por la legislación.

La Regla de Oro de la Ética

Volviendo al ejemplo que vimos antes: alguien dice «debo matar a ese» y ese otro dice «no debe matarme, sino que debo seguir viviendo», ¿quién tiene la razón? ¿puede responderse científicamente a dicha pregunta? Vamos a analizarlo.

4º) Reproducción

Repitiendo el siguiente experimento con cualquier sujeto podemos comprobar que defiende lo siguiente:

(P1) Si «quiero que ocurra algo» eso significa que «tengo interés en que ocurra ese algo».
(P2) No puedo autofrustrar mis intereses, pues eso viola el Principio Lógico de No Contradición.
(P3) Si tengo un interés entonces lógicamente considero que dicho interés no debe ser frustrado.
(C) MIS intereses no deben ser frustrados. (IDEAL)

La conclusión de que «mis intereses no deben ser frustrados» es correcta, pero es incompleta porque no tiene en cuenta que le interesa que otros le ayuden «frustrándole un interés»(1) si eso evita que otro interés más importante sea frustrado, en lugar de que omitan esa ayuda. Por ejemplo, si le va a atropellar un vehículo entonces tiene interés en que le empujen para evitarlo. Por lo tanto, la conclusión completa (REALISTA) es: A priori, mis intereses no deben ser frustrados. Podemos aplicar esta conclusión realista al siguiente silogismo, o seguir con el razonamiento ideal (como hago) y tener en cuenta las omisiones al final; en ambos casos la conclusión final es la misma.

Podemos comprobar que todos los sujetos tienen intereses, por lo que:

(P1) MIS intereses no deben ser frustrados. (IDEAL)
(P2) Todos defienden que: «MIS intereses no deben ser frustrados». (IDEAL)
(C) LOS intereses no deben ser frustrados. (IDEAL)

Pero esto no resuelve nuestra pregunta: ¿quién tiene la razón? ¿el que quiere matar o el que no quiere que le maten? Si no mata entonces se frustra el interés de matar a quien quiere vivir de uno, y si mata entonces se frustra el interés de seguir viviendo del otro. ¿Cuál de esos dos intereses es más importante?

El interés de matar a quien quiere seguir viviendo es un interés en hacer el mal a otro, es por definición un interés éticamente incorrecto. En cambio, el interés de seguir viviendo es un interés en el que se satisface continuamente dicho interés, es por definición un interés éticamente correcto. Por lo tanto el interés más importante es el interés en seguir viviendo y es él quien tiene la razón: no le deben matar. Esto se enmarca en una jerarquía de intereses.[5]

La conclusión de que «los intereses no deben ser frustrados» es correcta, pero es incompleta porque no tiene en cuenta las omisiones. Por ejemplo, si un niño se está ahogando en una pequeña piscina y un adulto le ve pero decide «no hacer nada» entonces es responsable de las consecuencias que tiene su omisión sobre la salud y la vida de ese niño. Somos responsables de nuestras omisiones porque existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión; y esto significa que la Ética es consecuencialista.[6]

Pongo otro ejemplo. Si un terrorista está disparando a la gente y alguien (por ejemplo un policía) puede frustrar ese interés de matar, pero decide «no hacer nada» entonces es responsable de las consecuencias que tiene su omisión sobre la salud y la vida de las personas a las que a continuación el terrorista hiera o mate. Es decir, hacer el mal a otros frustrando sus intereses está éticamente justificado si se estima que evita un mal mayor. Es decir, la Regla de Oro de la Ética es: A priori, los intereses no deben ser frustrados. (REALISTA).[4]

Regla de Oro de la Ética

5º) Conclusiones

Mediante el método científico sabemos que existe lo bueno, lo malo, el bien, el mal, los intereses y el deber. Usando la Lógica podemos inferir la Regla de Oro de la Ética, que es una ley científica: A priori, los intereses no deben ser frustrados. La Ética predice el comportamiento de quienes razonan éticamente y de quienes no lo hacen. La Ética es una ciencia.

Cualquier otra persona puede comprobar la conclusión a la que he llegado en esta investigación.

Notas

(1) Quizás ni siguiera le frustran un interés al empujarle, pues si tiene interés en que le empujen para evitar que le atropeyen entonces al empujarle satisfacen dicho interés, no lo frustran. Asumiendo esta idea, la conclusión final va a ser la misma por el tema de la omisión de ayuda.

Referencias

[1] Wilson, E.O. (1999). «The natural sciences». «Consilience: The Unity of Knowledge» (Reprint ed.). New York, New York: Vintage. pp. 49–71. ISBN 978-0-679-76867-8.
[2] «… modern science is a discovery as well as an invention. It was a discovery that nature generally acts regularly enough to be described by laws and even by mathematics; and required invention to devise the techniques, abstractions, apparatus, and organization for exhibiting the regularities and securing their law-like descriptions.» — p.vii Heilbron, J.L. (editor-in-chief) (2003). «Preface». The Oxford Companion to the History of Modern Science. New York: Oxford University Press. pp. vii–X. ISBN 978-0-19-511229-0.
[3] «science». Merriam-Webster Online Dictionary. Merriam-Webster, Inc. Retrieved October 16, 2011. «3 a: knowledge or a system of knowledge covering general truths or the operation of general laws especially as obtained and tested through scientific method b: such knowledge or such a system of knowledge concerned with the physical world and its phenomena».

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Coronavirus y sanidad pública, ¿quién debe morir? https://respuestasveganas.org/coronavirus-quien-debe-morir/ https://respuestasveganas.org/coronavirus-quien-debe-morir/#respond Thu, 09 Apr 2020 01:47:33 +0000 https://respuestasveganas.org/?p=20334 Coronavirus y sanidad pública, ¿quién debe morir?

Un dilema derechista: ¿quién debe morir?

La sanidad pública de España, debilitada tras décadas de políticas derechistas, se enfrenta a la pandemia mundial del coronavirus SARS-CoV-2, que produce una neumonía llamada COVID-19. SARS-CoV-2 es el séptimo coronavirus que salta de animales no humanos a humanos, pero decenas de coronavirus y de otros virus y bacterias están esperando el momento para saltar a algún criador o explotador de aves, cerdos, vacas, etc., lo cual generará una nueva pandemia. Respetar a los demás mediante el veganismo es nuestro deber ético, pero además reduce drásticamente muchas enfermedades que padecen los humanos y reduce la posibilidad de que aparezcan nuevas pandemias.

La derecha contra la sanidad publica

A continuación me referiré a la sanidad pública para humanos, pero lo mismo es aplicable a una futura sanidad pública para quienes pertenecen a otras especies animales.

Cada año, las políticas derechistas, sobretodo liberales, reducen (o no aumentan) el presupuesto dedicado a la sanidad pública de España. Las consecuencias de dicha reducción de presupuesto han sido la reducción del número de funcionarios de la salud, y un insuficiente material médico. Dicho desmantelamiento de la sanidad pública aumenta el número de españoles en lista de espera de los hospitales (ver más datos).

lista de espera sanidad pública

Número de españoles esperando ser operados

Dias de espera operaciones y especialista sanidad pública

Días de espera para cita con especialista y para ser operado en España

La existencia de una lista de espera en los hospitales públicos beneficia a las clínicas privadas, pues quienes tienen dinero se pueden permitir pagar para no tener que esperar. En cambio, quienes permanecen en la lista de espera empeoran su estado de salud, llegando a morir. Estas muertes son asesinatos por omisión, un tipo de asesinatos que no son condenados por el derechismo político, sino promovidos por éste para hacer más ricos a los ricos. También están haciéndose ricos a costa de la salud de gatos, perros, etc. mediante precios abusivos en clínicas veterinarias.

Si el presupuesto de la sanidad pública fuera el que debe ser entonces no existirían listas de espera y el material médico sería abundante y de la máxima calidad, tal y como merece el derecho ético a la salud y a la vida de los ciudadanos. Pero sin listas de espera, y con una sanidad pública de calidad, la existencia de clínicas privadas perdería su sentido de existencia, quedando ésta relegada a cuestiones médicas secundarias.

Respecto a lo anterior, se publicaba en el diario digital «El Periódico de Extremadura» un artículo de opinión titulado «¿Quién debe morir?», cuyo autor es Víctor Bermúdez, profesor de Filosofía. Quiero comentar dicho artículo.

¿Quién debe morir?

El artículo comienza planteando el dilema de, con recursos médicos limitados, tener que elegir a quienes salvar la vida y, en consecuencia, elegir que otros mueran: «¿Qué debemos hacer cuando hay más enfermos graves que respiradores, más personas necesitadas de trasplante que órganos disponibles, más náufragos ahogándose que flotadores o espacio en el bote de salvamento…? ¿Cómo decidimos en todos esos casos quién vive y quién muere?». Preguntar a qué pacientes debemos dejar morir por falta de medios sanitarios es un dilema que sólo es posible plantearse en regímenes derechistas, pues estos rechazan el derecho ético a la salud y a la vida de sus ciudadanos, por eso no protegen a los ciudadanos con la sanidad pública que deberían.

Víctor Bermúdez comenta correctamente que existen humanos que evitan afrontar el dilema de tener que elegir a quienes salvar la vida y a quienes asesinar por omisión. Es comprensible, pues es duro aceptar que vivimos en sociedades psicópatas en las que podemos enfrentarnos a dicho dilema ético.

Seguidamente, Bermúdez comenta que: «¿Qué hacer entonces? Algunos, imbuidos de una moral kantiana, arguyen que dejar morir a una persona inocente es siempre y en toda circunstancia un crimen execrable. Los principios morales merecen –según ellos– un respeto absoluto, incondicional, sean cuales sean las consecuencias que devengan de su aplicación (justo en esto consiste –dicen– actuar moralmente). Dicho de otro modo: el fin nunca justifica los medios; menos aún si el «medio» es un ser humano. ¿Que esto supone que mueran más personas? Como si morimos todos. La dignidad y la justicia están por encima de todo». No es cierto que la ética «deontológica» kantiana se preocupe por las omisiones. Lo explico a continuación.

El «deontologismo»(1) dice que «un fin ético nunca justifica usar medios éticamente incorrectos», nunca. Dicha idea es la esencia de toda ética deontologista, incluida la ética deontológica de Kant. Si dicha idea se aplica coherentemente entonces no debemos hacer algo éticamente incorrecto a los demás como medio para lograr un fin ético. Por ejemplo, según dicha idea, no debemos mentir para intentar que no asesinen a alguien, y ni siquiera debemos agredir a alguien con la finalidad de evitar que agreda.

Lo dicho ocurre porque el deontologismo no reconoce que existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión.[1] El deontologismo cree erróneamente que si «no hacemos nada» entonces no estamos participando en lo que ocurre, por eso cree que si «no hacemos nada» entonces no participamos en una agresión, o en la muerte de una persona. Por lo tanto, el deontologismo kantiano no dice que «dejar morir a una persona inocente es siempre y en toda circunstancia un crimen execrable», sino que considera que «no haciendo nada» no tenemos nada que ver con las consecuencias (con lo que ocurre), incluido «no hacer nada» por una persona inocente que va a morir si no la prestamos auxilio. Esta idea asesina forma parte de la legislación derechista de EEUU, donde la omisión de socorro no es delito.

omisión de socorro en EEUU

En EEUU omitir socorro no es delito porque la derecha rechaza el derecho ético a la salud y a la vida

En cambio, el consecuencialismo dice que «un fin ético puede justificar usar medios éticamente incorrectos si se estiman consecuencias menos malas que no usándolos». A esta idea también se la conoce como teoría del mal menor. El utilitarismo es un tipo de consecuencialismo, pero existen otros.

Bermúdez dice que el utilitarismo (yo hablaré del consecuencialismo en general) genera dudas, por ejemplo, ¿cómo valorar la vida humana? Como vemos, Bermúdez excluye la valoración de la vida de quienes pertenecen a otras especies, razón por la cual su análisis es especista.[2]

Como sabemos, el deber se origina en los intereses que todos los sujetos tenemos, no sólo de los intereses de humanos. Al universalizar el deber que todos quieren imponer inferimos lógicamente la Regla de Oro de la Ética: A priori, los intereses no deben ser frustrados.[3] Eso incluye el interés de no morir por COVID-19.

Bermudez reconoce que la vida de los humanos no vale lo mismo, esto es correcto, pero extensible a sujetos de otras especies. Sin embargo, Bermudez pregunta sobre cuál es el criterio correcto para valorar la vida de los sujetos: «¿Valen en esto criterios puramente cuantitativos (edad, esperanza de vida)? ¿O deberíamos acudir a criterios cualitativos (la capacidad para disfrutar, lo que aporta socialmente una persona…)? ¿No podría suponer más beneficio para todos salvar a un científico competente –un gran oncólogo, por ejemplo–, o a un artista genial, aunque fueran ya viejos, que a un joven burócrata sin aspiraciones?».

En mi artículo sobre el valor de las vidas respondo a cuál es el criterio correcto para valorar objetivamente la vida de los sujetos.[4] En él, explico que debemos descartar la valoración subjetiva porque no tiene que ver con la Ética (imparcialidad), sino con simpatías, admiración, amor, o en definitiva con gustos personales que pertenecen a la esfera privada, no a la esfera pública.

En cambio, como explico en dicho artículo, la valoración objetiva es aquella en la que se valoran las vidas de los sujetos usando un criterio ajeno a nuestros gustos personales: edad, esperanza de vida, capacidad de disfrutar, lo que aporta socialmente una persona, etc. Pero, entre todos los posibles criterios objetivos debemos preguntarnos: ¿cuál de ellos es el criterio correcto?… Si bien algunos filósofos han planteado usar como criterio principal el «futurismo», el «disfrutacionismo», u otros criterios, el hecho es que el criterio objetivo correcto para valorar las vidas de los sujetos es el eticismo: «las consecuencias estimadas que la existencia de dicho sujeto tiene para el avance hacia un mundo ético».

Finalmente, Bermudez comenta otro supuesto problema del consecuencialismo (utilitarismo, EBR, etc.): «la dificultad de calcular las consecuencias a largo plazo de nuestras decisiones». Si bien es cierto que nuestras estimaciones son más imprecisas cuanto más a largo plazo son, también es cierto que nuestras estimaciones son más precisas cuanto más a corto plazo son. Entonces, la normalización en el uso de criterios consecuencialistas en hospitales conduce a salvar el mayor número de vidas, y eso se consigue aumentando los recursos sanitarios para que no existan listas de espera en la sanidad pública ni escasez de recursos, así evitaremos preguntarnos: ¿quién debe morir?

Notas

(1) Pongo «deontologismo» entrecomillado porque lo que actualmente se entiende como «deontologismo» no es tal debido a que no reconoce que existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y lo que ocurre debido a dicha omisión. Si el deontologismo reconoce dicha relación causa-efecto entonces reconoce la teoría del mal menor, es decir, el «deontologismo» acepta la Realidad y se convierte en consecuencialismo.

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ARGUMENTO: “La omisión de socorro es éticamente correcta, no tenemos la obligación de prestar auxilio” https://respuestasveganas.org/omision-de-socorro/ https://respuestasveganas.org/omision-de-socorro/#comments Sat, 05 Nov 2016 07:00:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2016/11/argumento-los-humanos-no-debemos.html

RESUMEN: ¿Qué es la omisión de socorro? ¿es éticamente correcto elegir no ayudar a quien necesita nuestra ayuda para poder seguir viviendo? ¿somos responsables de las consecuencias de elegir «no hacer nada»? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Actualmente la mayoría de personas aceptan que si perjudicamos a otra persona de tal manera que la ponemos en una situación de peligro en la que su salud y/o vida quedan amenazadas entonces nos hacemos responsables de lo que a continuación a dicha persona la suceda. Si tenemos la posibilidad de prestar auxilio a dicha persona, pero elegimos «no hacer nada», es decir, si omitimos auxilio, entonces somos responsables de las consecuencias de dicha elección. Si la persona a la que hemos perjudicado muere porque elegimos negarle el auxilio entonces cometemos un asesinato por omisión, en el caso de no existir una razón que lo justifique. Algunas personas aceptan esta idea, pero excluyen el deber de prestar auxilio cuando no fuimos responsables de la situación de peligro en la que se encuentra dicha persona. Estas personas sostienen esta excepción defendiendo que no somos responsables de elegir «no hacer nada», pues dicen que no existe una relación causa-efecto entre elegir «no hacer nada» y las cosas que suceden; esta excepción no es cierta, pues nuestras elecciones siempre forman parte, en menor o mayor grado, de las causas de lo que sucede. Como existe una relación de causa-efecto entre lo que elegimos hacer o no hacer y lo que les ocurre a los demás entonces tenemos, a priori, el deber de prestarles auxilio por la misma razón que tenemos el deber de respetarles. No es una cuestión de caridad ni de solidaridad, sino una obligación. Toda ideología que defiende el asesinato debe ser éticamente rechazada y políticamente prohibida. Ideologías como el liberalismo, el anarcocapitalismo, etc. consideran éticamente correcto el asesinato por omisión, por lo tanto deben ser rechazadas y prohibidas.

Palabras clave: anarquismo, anarcocapitalismo, asesinato por omisión, ayuda, caridad, causalidad, derecho de auxilio, liberalismo, leyes del Buen Samaritano, responsabilidad, salud pública, socialismo, solidaridad

 

El deber de ser éticos

1. Se debe respetar a los demás.

Es un hecho que a cualquier persona se le hace un mal (se la perjudica en acto) cuando sus intereses son frustrados, por eso es mal. También es un hecho que a cualquier persona se la hace un bien (se la beneficiada en acto) cuando sus intereses son satisfechos, por eso es el bien.[1]

A partir de la existencia objetiva del bien y del mal, podemos inferir lógicamente la Regla de Oro de la Ética: «A priori, los intereses no deben ser frustrados», que básicamente quiere decir que «a priori, se debe respetar a los demás».[2] Por ejemplo, a priori no se debe matar a quien tiene interés en seguir viviendo. La Ética impone límites racionales a la libertad.

La Ética debe defenderse, no es una opción personal. Respetar a los demás no es una opción personal. Por ello, las normas éticas deben reflejarse en la Política, es decir, en la legislación.[3] Rechazar una ley diciendo que limita la libertad es hacer uso de la falacia de la libertad.[4]

La relación causal

2. La causalidad es la relación necesaria que se establece entre dos sucesos secuenciales donde uno de ellos es la causa que produce el otro (causa-efecto).

Reconocer la existencia de causalidad es reconocer que existe una relación de interacción entre seres diferentes, por lo tanto lo que le ocurre a un ser puede ser a causa de lo que hace otro.

Omisión de auxilio en un accidente

En términos éticos, la causalidad significa que existe una relación entre las elecciones de una conciencia y las consecuencias que dichas elecciones tienen sobre los demás. Por ejemplo, si un conductor golpea sin querer a un motorista entonces podemos afirmar que la acción realizada por el conductor fue la causa de que el motorista fuera golpeado; además, si el conductor eligió golpear al motorista entonces el conductor fue la causa intencional por la que el motorista fue golpeado; y además, si el conductor es un agente ético (persona consciente de sus obligaciones éticas) entonces es responsable de los daños que ha producido al motorista: existe una relación causa-efecto entre lo que se elige y lo que sucede.

Si alguien es responsable de una acción éticamente incorrecta, como golpear a un motorista, entonces puede ser declarado culpable y castigado por ello[3] si se estiman mejores consecuencias que no castigándole. En cambio, no somos responsables de aquellos sucesos con los que no establecemos una relación de causa-efecto. A

Aunque tiene las mismas consecuencias para la víctima, éticamente es más grave un perjuicio intencionado que un perjuicio accidental, pues en el caso de existir intencionalidad hay maldad y en el caso de no existir intencionalidad no la hay.

Omisión de socorro

3. Algunas personas dicen que «no existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos “no hacer” y lo que sucede, por lo tanto no tenemos el deber ético de prestar auxilio en ningún caso».

Dilema del tranvía (final feliz)Para ilustrar esto vamos a hacer una pequeña modificación en el dilema del tranvía[5] y convertirlo en el dilema del tranvía con final feliz, eliminado a la persona que estaba atada en la vía alternativa. Según estas personas, si elegimos «no hacer nada» esa no será la causa por la que dicho tren atropelle a cinco personas. Como dicen que «no existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos y lo que sucede», llegan a la conclusión de que «no tenemos el deber ético de pulsar el botón», sino que dicen que «es una elección personal según el gusto de cada cual». Esto lo dicen para no estar obligados a pagar impuestos para salvar vidas. Por ejemplo, Jorge Valín, anarcocapitalista y seguidor de la Escuela Austriaca de economía, dice que en ningún caso tenemos obligación ética de prestar auxilio porque dice que no hay correlación causa-efecto entre poner en peligro a una persona y socorrerla, dice: «una cosa es poner en peligro a alguien y otra socorrerla. Son actos separados que no derivan el uno del otro. La unión de ambos, es totalmente artificial», y dice que dicha idea es una relación arbitraria e inventada para defender derechos positivos, propios de los planteamientos colectivistas y socialistas(3) que aquí defendemos. Algunas de estas personas hablan de la «culpabilidad de asesinato de quien no tenía el deber de ayudar», culpabilizando a quien supuestamente actuó de manera éticamente correcta al omitir auxilio, por lo que se contradicen. El error de estas personas es negar la existencia de la causalidad intencional en las relaciones causa-efecto. Eliminar la causalidad intencional elimina la diferencia entre acción intencionada y acción no intencionada, por lo que ambas acciones serían éticamente iguales. El hecho es que le intencionalidad existe, por lo tanto estas personas niegan la Realidad. A continuación ponemos algunos ejemplos de asesinatos por omisión:

Mostrar ejemplos de asesinatos por omisión

El niño que se ahoga

Por ejemplo, si un individuo A se encuentra a un individuo B que está ahogándose en una pequeña piscina entonces el individuo A no es la causa que ha producido la situación en la que se encuentra el individuo B (pudo haberse caído, otra persona le empujo, etc.), pero ¿será el individuo A la causa de su muerte si no le presta auxilio? El individuo B morirá ahogado -en este caso suponemos que es claro que esto ocurrirá-, o salvará la vida dependiendo de si el individuo A decide prestarle o no prestarle auxilio:

a) Si el individuo A decide prestar auxilio al individuo B entonces su decisión será la causa final que producirá la salvación del individuo B, es decir, el individuo A será responsable de que el individuo B no haya muerto ahogado.

b) Si el individuo A decide no prestar auxilio al individuo B entonces su decisión será la causa final que producirá la muerte del individuo B, es decir, el individuo A será responsable de que el individuo B haya muerto ahogado.Esto que acabamos de decir es aplicable tanto si el individuo B se está ahogando en una pequeña piscina como si está preso en una trampa que alguien puso. El individuo A será culpable de omisión de auxilio con resultado de muerte en el caso de que carezca de una razón de peso que justifique haber elegido que el individuo B muriera en lugar de que viviera.Cuando decidimos “no hacer nada”, porque queremos que ello resulte en un respeto a los demás, esa acción tiene un
efecto: los demás siguen disfrutando de su integridad física, y somos responsables de ese respeto. Igualmente, cuando decidimos “no hacer nada”, porque no nos importa que otro individuo muera ahogado, y esa acción tiene un efecto sobre él: la muerte, entonces somos responsables de ella, pues somos la causa final de ese estado de las cosas.

Veneno en un vaso de agua

Alicia desconoce que el vaso de agua que se dispone a beber contiene un veneno mortal. Juan está presente y sabe lo que el agua contiene, pero decide omitir dicha información a Alicia. Alicia bebe todo el contenido del vaso y muere. Podemos afirmar que la causa que produjo la muerte de Alicia fue que bebió un veneno, pero eso ocurrió porque Juan no informó a Alicia de la presencia del veneno, es decir, la omisión de Juan fue la causa que desembocó en la muerte de Alicia. Juan participó por omisión en el asesinato de Alicia.

La avioneta sin piloto

Una avioneta está volando con varias personas a bordo, todo es normal hasta que el piloto comienza a sentir que no se encuentra bien y decide ir al servicio. El piloto cede el control de mandos al piloto de reserva. El piloto de reserva se sienta en la cabina y decide “no hacer nada”. La avioneta pierde la estabilidad y termina estrellándose contra el suelo. Todos mueren en el accidente. ¿Cuál fué la causa que produjo el accidente? ¿hay algún responsable de dichas muertes? Evidentemente, la causa de que la avioneta perdiera la estabilidad y de que ésta se estrellara contra el suelo, fue que el piloto de reserva decidió quedarse quieto en lugar de pilotar, la fuerza de la gravedad hizo el resto. Podemos afirmar que el piloto de reserva cometió un asesinato por omisión. Este ejemplo también muestra que no es necesario ser el creador de una situación de auxilo (la avioneta la despegó otro piloto) para ser responsables de las consecuencias de “no hacer nada”. La moraleja que sacamos de esta historia es que quedándonos quietos, “no haciendo nada”, también podemos asesinar a los demás, y que eso es independiente de haber o no haber sido responsable de que se produjera la situación de necesidad.

La alimentación de un bebé

Una mujer que vive con un bebé decide “no hacer nada” y deja de alimentarlo. Al cabo de unos días, el bebé muere a causa de la desnutrición. Por lo tanto, la causa de la desnutrición del bebé es que la mujer no lo alimentó. Si la mujer conocía cuáles serían las consecuencias de sus actos entonces podemos afirmar que la mujer decidió que dicho bebé muriera, es decir, la mujer ha cometido un asesinato por omisión.

Muertes por pobreza

Cada día miles de humanos que tuvieron la mala suerte de nacer en el lugar equivocado viven en la pobreza absoluta y mueren por falta de recursos materiales y económicos, a pesar de existir recursos materiales disponibles para que dichas personas no muriesen. Quienes tenemos recursos materiales y económicos solemos creer, refugiándonos en la sociedad, que no somos responsables de dichas muertes, pues siempre son otros quienes son los responsables. Lo cierto es que si las sociedades ricas se tomaran en serio dichas muertes entonces existirían políticas serias para evitarlas. Como dicha voluntad social y, por lo tanto, política no existe entonces podemos decir que dichas sociedades están basadas en el asesinato por omisión.

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El liberalismo y su genocidio legal

El rechazo al derecho de auxilio es la razón por la que las políticas liberales de EEUU asesinan cada año a unos 45000 trabajadores estadounidenses, por no tener estos un seguro médico privado ni una sanidad pública que les trate, según los datos de un estudio publicado en la revista American Journal Public Health el 18 de septiembre de 2009. El documental Sicko (Michael Moore, 2007) nos aporta más datos sobre este genocidio contra los humanos de clase económica baja y media para proteger el capital privado [Vídeo]. Es por esta razón que liberales coherentes acusaron a Obama de socialista por defender la sanidad pública. En diciembre de 2014, las políticas liberales del gobierno del Partido Popular (PP) estaban asesinando por omisión a 12 enfermos de Hepatitis C cada día en España. Hay miles
de ejemplos de este gigantesco genocidio que las políticas liberales están cometiendo a nivel mundial que tiene como objetivo proteger la propiedad privada de la defensa del derecho a la salud y a la vida. El genocidio liberal no tiene nada que envidiar al genocidio realizado por los nazis.

El genocidio causado por el gobierno de M.Rajoy

El régimen de Rajoy (Partido Popular) asesinó por omisión a 4000 enfermos de hepatitis C, al restringir el acceso a los fármacos de última generación que estos necesitaban, pese a estar ya aprobados. Debido a ello, el 12 de enero de 2015 la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C (PLAFHC) presentó una querella contra Ana Mato, ex ministra de Sanidad. Según explicó el presidente de esta plataforma, Mario Cortés, en declaraciones a Europa Press, acusó a Mato de «omisión del deber de socorro» por 4000 fallecimientos de pacientes, y el agravamiento de otros muchos, que se podrían haber salvado mediante el uso del medicamento sofosbuvir (comercializado por Gilead como «Sovaldi») y aseguró que la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) le había dado el visto bueno. Fuente: elmundo.es

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Causalidad y responsabilidad

4. Algunas personas dicen que «sólo estamos éticamente obligados a prestar auxilio a las personas con las que hemos creado una relación de “causa-responsabilidad”, dicha relación se establece cuando somos la causa por la que dichas personas necesitan auxilio».

Por ejemplo, el anarcocapitalista Albert Esplugas considera que sólo estamos éticamente obligados a prestar ayuda a una persona (tiene el «derecho positivo» a ser ayudada) si somos la causa por la que dicha persona necesita dicha ayuda. Algunos ejemplos de relación causa-responsabilidad» que ponen dichas personas son los siguientes: la responsabilidad parental, auxiliar a quien hemos producido un accidente de tráfico, desviar el tren si fuimos quien ató personas a la vía, etc. Consideran que si no se presta auxilio en dichos casos entonces se mata a otra persona por omisión (asesinato por omisión), y estamos de acuerdo en eso. El error de estas personas es no comprenden qué es una relación causa-efecto, por eso reconocen su existencia en unos casos y no en otros. Si, ante la situación de peligro en la que se encuentra una persona, alguien no la presta auxilio, siempre se establece una relación causa-efecto entre lo omitido y lo que habría ocurrido sin dicha omisión, independientemente de cómo se llegó a dicha situación de peligro. La idea errónea de considerar éticamente correcto negar auxilio a quien no lo necesita por nuestra culpa está siendo promovida (a conciencia o por desconocimiento) dentro del movimiento vegano por algunos liberales y algunos anarquistas, por ejemplo, las siguientes personas, blogs y organizaciones:

Mostrar información sobre el asesinato por omisión en el movimiento vegano

El movimiento político liberal y anarquista

El liberalismo (liberalismo clásico, anarcocapitalismo, libertarismo, objetivismo, etc.) defiende la idea de «no agresión» o «no violencia» y de exaltación de la libertad[5]. Da una definición de «violencia» que sólo considera violencia las acciones directas sobre los demás, no así las consecuencias que las omisiones tienen sobre ellos. El liberalismo rechaza la idea de que exista la obligación ética de prestar auxilio, y en su lugar defiende las ideas de voluntariedad, caridad y solidaridad. El liberalismo rechaza la obligación ética de prestar auxilio porque aceptarla implicaría la obligación ética y legal de pagar impuestos al Estado para proteger el derecho a la salud y a la vida de los demás mediante servicios públicos. Los liberales introducen estas ideas en el movimiento vegano, a veces de manera sutil:

– Denunciando sólo el maltrato producido por la opresión (discriminación y maltrato institucionalizado contra un determinado colectivo), pero no aquel maltrato debido a otras causas, como la omisión de auxilio.
– Rechazando la palabra «maltrato», pues ésta abarca más casos de los que ellos quieren denunciar.
– Exigir, para quienes no son humanos, que sólo se les reconozca el derecho a no ser una propiedad humana, pues rechazan el derecho ético a la salud y a la vida.
– [Otras que iré añadiendo].

Gary Francione y su blog «Animal Rights: The Abolitionist Approach»

Gary Francione en la respuesta a la pregunta 17 del Frequently Asked Questions (FAQs) de su blog «Animal Rights: The Abolitionist Approach» afirma desde un «deontologismo desconectado» que es éticamente correcto no prestar auxilio a un niño que vemos que se ahoga en una piscina de poca profundidad, aunque fuera tan fácil salvarle la vida como girar su cuerpo:

Pregunta 17: Si los animales tienen derechos, ¿no significa esto que tenemos que intervenir para evitar que unos animales maten a otros animales, o que debemos actuar afirmativamente para evitar daños a los animales que vengan de cualquier otra fuente?

Respuesta de Gary Francione: No. El derecho básico a no ser tratado como una cosa significa que no debemos tratar a los animales exclusivamente como medios para fines humanos, al igual que no debemos tratar a otros seres humanos exclusivamente como medio para los fines de otros seres humanos. A pesar de que tenemos leyes que impiden a las personas poseer a otros seres humanos, o su utilización sin consentimiento como sujetos biomédicos, por lo general no requieren que los seres humanos prevengan el daño a otros seres humanos en todas las situaciones. Ninguna ley obliga a que Jane prevenga a Simon de infligir daño a John, siempre y cuando Jane y Simon no son cómplices en un delito contra John o no actúen de manera concertada, y siempre y cuando Jane no tenga relación con John, que daría lugar a tal obligación.

Por otra parte, en los Estados Unidos por lo menos, la ley impone que los seres humanos en general no tienen el «deber de ayudar», incluso cuando otros seres humanos están involucrados. Si estoy caminando por la calle y veo a una persona acostada que se desmayó, boca abajo en un pequeño charco de agua y se ahoga, la ley no impone ninguna obligación conmigo para ayudar a esa persona, incluso si todo lo que necesito hacer es darla la vuelta, algo que puedo hacer sin ningún riesgo o molestia grave para mí.

El punto es que el derecho fundamental de los seres humanos a no ser tratados como cosas, no garantiza que los seres humanos ayuden a otros seres humanos, o que estamos obligados a intervenir para prevenir el daño producido por animales a los seres humanos o de otros seres humanos. Del mismo modo, el derecho básico de los animales a no ser tratados como cosas significa que no podemos tratar a los animales como nuestros recursos. Esto no necesariamente significa que tenemos obligaciones morales o legales para prestar ayuda o de intervenir para prevenir el daño que pueda llegar a ellos.

Luis Tovar y su blog «Filosofía Vegana»

En su artículo «¿Es un deber ayudar a otros?», Luis Tovar niega la relación causa-efecto cuando elegimos no actuar: «¿Hemos causado nosotros el suceso? Si no es así entonces no somos responsables de él y no tenemos obligación de actuar para solucionarlo. La causalidad es la relación necesaria entre dos hechos sucesivos en la que el hecho posterior está determinado por el anterior. En términos morales, esto significa que somos responsables de todo aquello que nosotros hemos causado con nuestros actos y que no hubiera ocurrido de no haber intervenido directamente nosotros». Según este argumento que él defiende, no seríamos responsables de una violación que estamos viendo, pues no la estamos causando nosotros; por lo tanto a priori NO tendríamos el deber de ayudar a la víctima; según dicho argumento, es éticamente correcto permanecer indiferentes. Estas conclusiones aberrantes es a las que se llega cuando se rechaza el derecho de auxilio.

El 3 de marzo de 2016, Respuestas Veganas creó la Plataforma Vegana contra el Asesinato por Omisión (PVCAO) para denunciar públicamente la defensa del asesinato por omisión que lamentablemente se puede encontrar en algunos blogs y organizaciones veganas.

[Se irán añadiendo otras]

 

A continuación muestro un intercambio de artículos entre Jorge Valín y Albert Esplugas sobre la omisión de auxilio:

Mostrar enfrentamiento entre liberales respecto al derecho de auxilio

Debate en torno al derecho de auxilio entre liberales

En los siguientes links se muestra un debate entre los anarcocapitalistas Jorge Valín y Albert Esplugas. Valín rechaza todo derecho de auxilio (por ser éste un derecho positivo) que no sea el resultado de un contrato (contractualismo), en cambio, Esplugas defiende el derecho de auxilio en los casos en los somos responsables de producir la necesidad de auxilio en otra persona, haya o no haya contrato de por medio:

1º) albertesplugas.com – Obligaciones positivas, responsabilidad parental y liberalismo
2º) jorgevalin.wordpress.com – Aborto y positivismo jurídico. Réplica a Albert Esplugas
3º) albertesplugas.com – El deber de socorrer a quien pones en peligro (respuesta a Jorge Valín)
4º) jorgevalin.wordpress.com – Individualismo metodológico sobre el aborto. Las responsabilidades no nacen del bien común. Respuesta a Albert Esplugas (II)

La posición anarcocapitalista de Jorge Valín es la de un liberalismo consistente con dar prioridad a la propiedad privada sobre el derecho a la salud/vida de las personas, por esta razón no puede aceptar el derecho de auxilio salvo que sea un acuerdo entre ambas partes. En cambio, la posición de Esplugas es la de un liberal a medio camino entre dos ideas contrarias: propiedad Vs salud/vida de las personas, lo cual le lleva a decir cosas inconsistentes, tal y como hemos explicado en el presente artículo.

Albert Esplugas: «… Si coges a un niño a cuestas para enseñarle a nadar en el mar y luego, cuando estás mar adentro, te cansas y no estás dispuesto a hacer el sacrificio de devolverlo a la orilla, ¿puedes abandonarlo allí mismo y dejar que se ahogue? ¿Tienes la obligación positiva de devolverlo a la orilla o tienes derecho a dejar que se ahogue?»

Jorge Valín: «Como el tema «niño» acelera el corazón de todo el mundo, lo podemos cambiar por persona de cuarenta años que no sabe nadar, si queremos. No existe la obligación positiva de ayudar a nadie. Albert confunde obligación positiva, que no es más que una imposición moral, con castigo posterior de la justicia (no confundir con “la ley»). En el caso que alguien deje a otra persona en medio del mar y ésta no sepa nadar, no se le puede obligar al primero a rescatarlo, como tampoco se le puede obligar a quien es un simple espectador. No se puede discriminar en este aspecto, es arbitrariedad. En todo caso, y esto es lo importante, si el «abandonado» (palabra un tanto dramática) muere, tendremos que ver si quien lo ha dejado ahí es culpable de asesinato. Con la poca información que tenemos, responderemos que sí, y éste tendrá que ser castigado por la justicia. No será castigado por haber fallado a su «responsabilidad positiva”, ya que no existe, sino que será castigado por haber atentado contra uno de los pilares del derecho natural: la vida de otra persona».

Albert Esplugas: «Dice Valín que no hay una relación causa-efecto entre poner en peligro a alguien y socorrerlo. Y es cierto, lo que hay es una relación causa-responsabilidad: tú causas peligro, vulnerabilidad/dependencia a otra persona, tú tienes la responsabilidad/obligación positiva de socorrerle o asistirle. De lo contrario, y ahí está la clave del asunto, el afectado morirá por causa tuya, pues tú le has puesto en esa situación. No se te exige que salves la vida de alguien que «está en peligro», sino de salvarle la vida a alguien que tú has puesto en peligro. Creo que la diferencia es evidente. En el segundo caso, tú serás responsable de la muerte de esa persona si no haces nada por impedirlo. De ahí la obligación positiva de asistir al afectado: para prevenir el crimen o la consumación de una agresión».

Esplugas, al reconocer que si ELIGE no prestar auxilio a una persona a la que ha puesto en peligro entonces es responsable de perjudicarla por una omisión, crea una relación causa-efecto con la que se hace evidente que también es responsable de ELEGIR perjudicar por omisión a las personas a las que no ha puesto en peligro. Valín parece que es consciente de esta realidad, y por eso, para proteger su ideología irracional a toda costa, niega toda obligación de auxilio.

 

Omisión de auxilio y castigo

5. Algunas personas reconocen que tenemos el deber ético de prestar auxilio, pero dicen que «no se debe amenazar con un castigo a quien no presta auxilio, debe ser algo voluntario (caridad y solidaridad)».

Desde el anarquismo parece que sí que se reconoce que existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que sucede, es decir, si alguien elige que otra persona sufra o muera debido a una omisión entonces desde el anarquismo se reconoce que la decisión de esa persona se convierte en la causa de lo que a la víctima la sucede debido a ella. Esto lleva al anarquismo reconocer que tenemos el deber ético de prestar auxilio pero, supongo que por una influencia deontologista («el fin no justifica nunca los medios»), rechaza que se amenace con castigar a quien omita auxilio (y a quien agreda directamente), por eso habla de solidaridad (no hay castigo si no eres solidario) en lugar de hablar de pagar impuestos (hay castigo si no pagas impuestos para ayudar). Esto enlaza con el concepto de «apoyo mutuo» que desarrolló el anarquista Piotr Kropotkin (1842-1921) en su libro «El apoyo mutuo: un factor en la evolución» (1902). El rechazo del anarquismo al castigo es rebatido en otro artículo.[3]

6. Reconocer que existe una relación causa-efecto en las omisiones convierte al «deontologismo» en consecuencialismo.

Reconocer que existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que sucede debido a dicha omisión transforma lo que tradicionalmente se ha venido llamando «marco ético deontologista» (un fin justo nunca justifica los medios) en su doctrina contraria, es decir, en un marco ético consecuencialista (un fin justo puede justificar los medios, depende de las consecuencias estimadas). Reconocer la existencia de esta relación causa-efecto también nos lleva a reconocer que se puede violar el derecho a la salud y a la vida mediante una omisión, rebatiendo así los principios esenciales del liberalismo ético-político.[6]

Bibliografía

– DOWER, Nigel. «La pobreza en el mundo». En: SINGER, Peter, «Compendio de Ética», Madrid, Alianza Editorial, 1995.
– SINGER, Peter. «Ricos y pobres», extraído del libro «Ética práctica», 2a edición, Cambridge, 1995.
– SINGER, Peter. «El hambre, la opulencia y la moral», 1972.

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