ARGUMENTO: “El bien y el mal existen, pero no se puede inferir lógicamente el deber de hacer el bien y evitar el mal”

RESUMEN: ¿Se debe evitar hacer el mal? ¿se debe hacer el bien? es decir, ¿existe alguna razón lógica que fundamente el deber de respetar a los demás o tanta razón tiene el que hace el mal como el que hace el bien? ¿por qué debemos respetar a los demás? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Una cosa es una descripción (lo que es) y otra cosa es una prescripción o norma (lo que debe ser). Inferir una conclusión normativa (un ‘DEBE’) a partir de premisas descriptivas (un ‘ES’) es ilógico, es una falacia llamada «falacia lógica». La única manera de llegar lógicamente a una conclusión normativa es si hay una norma entre las premisas, pero entonces es necesario una premisa que contenga una norma autoevidente para no caer en una regresión infinita frente a la pregunta «¿por qué?». Si alguien tiene un interés entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho. Por lo tanto si alguien tiene un interés entonces lógicamente es contradictorio que diga «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que diga «mi interés no debe frustrarse». El deber se origina en cada interés de cada sujeto y en base a que dicho deber es universalizable entonces inferimos lógicamente la norma: «los intereses no deben ser frustrados». Como la Ética es consecuencialista entonces eso añade un «a priori» al principio de dicha norma, quedando la «Regla de Oro de la Ética» como sigue: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». Por lo tanto, la razón por la que los humanos deben ser respetados no es porque sean humanos, sino porque son seres sintientes y a priori los intereses no deben ser frustrados, y eso mismo se aplica con quienes no son humanos.

Palabras clave: deber, falacia lógica, fundamentación racional de la Ética, lógica deóntica, problema del ser y el deber ser

 

En mi artículo sobre el bien y el mal[1] demostré que existen lo bueno universal (el bien) y lo malo universal (el mal): a cualquiera que le satisfagan un interés lo considera bueno, y a cualquiera que le frustren un interés lo considera malo, independientemente de las buenas o malas consecuencias posteriores a dicha satisfacción o a dicha frustración. Por lo tanto existe una base objetiva sobre la que intentar fundamentar las normas (también llamadas «prescripciones» o «deberes») que impone racionalmente la Ética, pero:

La falacia lógica

1. Algunas personas dicen que «del HECHO de que existan el bien y el mal no se puede inferir lógicamente la conclusión de que DEBAMOS hacer el bien y evitar el mal».

El puente del ser al deber serDe esta manera denuncian la ilegitimidad del paso del SER al DEBER SER, también llamada «ley de Hume», «guillotina de Hume» o «navaja de Hume», pues es una falacia lógica que fue denunciada originalmente por David Hume (1711-1776) en su libro «Tratado de la naturaleza humana» (1739) de la siguiente manera: «En cada uno de los sistemas de moralidad con que hasta la fecha me he tropezado he observado que invariablemente el autor procede, durante un cierto tiempo, razonando a la usanza ordinaria (estableciendo, por ejemplo, la existencia de Dios, o haciendo observaciones relativas a los asuntos humanos) pero, de pronto, me encuentro sorprendido al comprobar que, en lugar de la cópula ES que, usualmente interviene en las proposiciones, ha dejado paso al verbo DEBE. El cambio es casi imperceptible, pero reviste, sin embargo, la máxima importancia. Porque, dado que dicho DEBE expresa una relación de nuevo cuño, es menester tomar nota del mismo y explicarlo». Es decir, de una descripción no se puede inferir lógicamente una norma, dice correctamente Hume. Sin embargo, en el presente artículo demostraré que existe una solución.

Falacia lógica y apelación a lo natural

2. La falacia lógica es habitualmente usada por quienes afirman que existe una «naturaleza del ser», según la cual «debemos hacer lo que nuestra naturaleza nos dicta, pues no hacerlo es ir «contra natura», «antinatural» o «no natural»».

En mi artículo sobre la «apelación a la naturaleza»[2] mostré que la idea de «la naturaleza del ser» tiene un origen religioso, según el cual un supuesto «dios» nos creó a todos los animales con una «naturaleza» y con unas funciones «naturales»[3] que debemos realizar por obediencia hacia «él». Lo de la obediencia también lo rebatí.[4] Por ejemplo, los dos siguientes argumentos son ilógicos porque infieren normas a partir de descripciones de hechos:

(P1) Existen humanos que tienen un útero. (descripción)
(P2) El útero es un órgano del aparato reproductor. (descripción)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos porque esa es su naturaleza. (norma que usa la falacia lógica) (Ejemplo)

(P1) Los leones tienen garras. (descripción)
(P2) Las garras de los leones son para cazar. (descripción)
(C) Los leones deben cazar porque esa es su naturaleza. (norma que usa la falacia lógica)

Más ejemplos de falacias lógicas: «ser vegetariano no es natural, es antinatural, por lo tanto no debemos ser vegetarianos», «ser vegetariano es natural, por lo tanto debemos ser vegetarianos», «la homosexualidad no es natural, es antinatural o «contra natura», por lo tanto debemos rechazar la homosexualidad», etc. son ejemplos de falacias lógicas.

Mostrar falacia lógica usada en el blog «Filosofía Vegana»

Algunas personas dicen que «la Ética se fundamenta lógicamente en el Principio Lógico de Identidad mismo (A=A)».

En el artículo «El principio de identidad» (consultado el 03-02-2019), que comienza con una cita del relativista-discursista Karl-Otto Apel (1922-2017) y que continúa con pura paja, Luis Tovar intenta fundamentar racionalmente la Ética en el Principio Lógico de Identidad mismo. El Principio Lógico de Identidad es el principio esencial de la Lógica, según el cual toda entidad ES idéntica a sí misma, es decir, «lo que es, es» y en su forma negada «lo que no es, no es», que también se representa como A=A. Sin embargo, Luis Tovar dice en su artículo: «El principio lógico de identidad expresa que cada ente es él mismo [A=A] y no otro distinto. Esto se corresponde en el ámbito empírico con lo que entendemos por sintiencia o conciencia sensitiva. No se corresponde meramente con la existencia ni con la vida como proceso biológico. Ya que ni la existencia ni la vida implican de por sí el tener conciencia de sí mismas. La existencia es el fenómeno primordial [el ser] y la vida no es en esencia más que un mecanismo natural —como la digestión. Tanto la existencia en sí misma y como vida se expresan simplemente como «A». Solamente aquella existencia que se reconoce a sí misma como existente, se puede expresar como «A=A», es decir, como identidad». A falta de que él lo haga, voy a intentar formular formalmente las ideas raras de Luis (que me corrija):

(P1) La existencia sin conciencia se expresa como «A» (ejemplo: una piedra (A), una planta (B))
(P2) Debemos respetar el Principio Lógico de Identidad (A=A).
(P3) Cada ente es él mismo (A=A) y no otro distinto.
(P4) A=A se corresponde con la sintiencia o conciencia sensitiva.
(C) Por lo tanto debemos respetar a las conciencias.

No, Luis. El Principio Lógico de Identidad se corresponde con cualquier entidad empírica o idea, no sólo con las conciencias. Una piedra (A) no es otra piedra (B) y tampoco es un árbol (C). Una piedra (A) no es un ser sintiente y sin embargo una piedra es esa misma piedra (A=A). El símbolo ‘=’ de la expresión A=A no es la conciencia ni la autoconsciencia, sino la afirmación de que «lo que ES, ES eso mismo y no otra cosa», es decir, la representación simbólica del Principio Lógico de Identidad (A=A). Dicho principio lógico se aplica a todo. Una conciencia es esa misma conciencia, no otra conciencia. Si alguien dice algo absurdo como «esta piedra no es esta piedra» entonces contradice el Principio Lógico de Identidad, es decir, está negando la Realidad, como hacen las personas que pierden la cabeza, pero si no perjudica a nadie es éticamente correcto que lo diga. El Principio Lógico de Identidad (A=A) no implica ningún deber, pues el deber se origina en los intereses. El Principio Lógico de Identidad es la herramienta que tenemos para inferir lógicamente la Regla de Oro de la Ética a partir de dichos intereses que todas las conciencias tenemos. A=A no quiere decir que «A debe ser A», sino «A es A». La Realidad es que las personas cambian (física y psicológicamente) a cada instante sin que se viole el Principio Lógico de Identidad: At=At, At+1=At+1, At+2=At+2, …, At+n=At+n, siendo t un instante de tiempo. A partir del hecho de que cada persona ES lo que ES en cada instante de tiempo, no se puede inferir lógicamente que tengamos el deber de no cambiar (o de respetar) a las personas. Vemos que Luis Tovar usa la falacia lógica cuando intenta fundamentar la Ética sin usar los intereses, y por lo tanto todo su blog se queda sin fundamentación racional.

Lo cierto es que el artículo de Luis presenta muy poca claridad e incluso contradicciones. Por ejemplo, Luis dice «lo que yo defiendo aquí es que el principio lógico de identidad no sólo está necesariamente unido con el principio ontológico de identidad sino que también se correspondería con el principio psicológico de identidad, es decir, la conciencia entendida como conciencia sensitiva» y tres párrafos despues se contradice: «El principio lógico de identidad expresa que cada ente es él mismo [A=A] y no otro distinto. Esto se corresponde en el ámbito empírico con lo que entendemos por sintiencia o conciencia sensitiva. No se corresponde meramente con la existencia ni con la vida como proceso biológico». No voy a intentar descifrar lo que Luis pretende decirnos, pues la fundamentación de la Ética no es un «misterio» como la religión, sino la ciencia del deber a priori.

Para finalizar, señalo que cuando Luis dice que «la vida no es en esencia más que un mecanismo natural» está usando la falacia de la naturaleza, pues todo es naturaleza y natural, lo «no natural» no existe: los mecanismos «no naturales» no existen; Luis se refiere a mecanismos no artificiales.[3]

 

Fundamentación racional de la Ética

3. La Ética sí que se puede fundamentar racionalmente.

A continuación demuestro en 4 pasos cómo se fundamenta racionalmente la Ética sin hacer uso de la falacia lógica:

PASO 1: Podemos llegar a una conclusión normativa si hay una norma entre las premisas.

David Hume denunció correctamente que es falaz inferir lógicamente una conclusión normativa a partir de premisas no normativas. Para poder inferir lógicamente una conclusión normativa es necesario que al menos una de las premisas sea normativa. Es decir, para que un «debe» aparezca en la conclusión de un razonamiento lógico es necesario que al menos exista un «debe» entre las premisas. Por ejemplo, el siguiente argumento normativo no usa la falacia lógica porque hay una norma entre las premisas (P4); por lo tanto es un argumento lógicamente válido o coherente, pero el error que presenta es que las premisas P1 y P2 son falsas y por lo tanto la conclusión C también es falsa. Además, la premisa P4 es obediencia a «alguien», lo cual no es racionalidad, sino arbitrariedad[4] (por ejemplo, Lane Craig defiende la arbitrariedad del mandato divino para no usar la falacia lógica).

(P1) Podemos deducir racionalmente la existencia de un dios. (Irracionalidad)
(P2) Dios creó a algunos humanos con un útero. (Creacionismo)
(P3) La finalidad del útero es la reproducción. (Teleología)
(P4) Los humanos deben obedecer a la voluntad de Dios. (Mandato divino) (norma)
(C) Los humanos que tienen útero deben tener hijos. (norma)

PASO 2: Es necesario que la premisa normativa sea una verdad absoluta para no caer en la arbitrariedad ni en una regresión infinita cuando se pregunta «¿por qué?».

Como expliqué antes, es necesario que una premisa sea normativa para poder inferir lógicamente una conclusión normativa, pero si preguntamos ¿por qué debemos hacer lo que dice esa premisa? eso nos llevará a una norma anterior y así consecutivamente hasta el infinito (ad infinitum). Para poder parar dicha regresión infinita necesitamos una norma (deber) que sea una verdad absoluta. En un artículo anterior expliqué que es una verdad absoluta que toda persona siempre quiere que no se frustren sus propios intereses, es decir, quiere que se satisfagan sus propios intereses, por eso los intereses no pueden ser autofrustrados[1], pues sería contradictorio. Si alguien tiene un interes entonces lógicamente no quiere que dicho interés sea frustrado, sino que quiere que sea satisfecho, pues si quisiera que dicho interés fuera frustrado entonces no tendría ese interés. Por lo tanto, si alguien tiene un interés entonces es lógicamente contradictorio que quiera y diga: «mi interés debe frustrarse», lo coherente es que quiera y diga: «mi interés no debe ser frustrado». Debido a ello, en la medida de sus posibilidades intentará impedir que sus intereses sean frustrados. Hay que tener en cuenta que alguien puede estar coaccionado por necesidad o por amenazas (se frustró su interés en no ser coaccionado) y que por eso tenga interés en hacer cosas que no querría tener interés en hacer. Todo esto nos muestra que la existencia de un interés implica la existencia de una norma (deber) a nivel subjetivo. Por lo tanto, inferimos la siguiente conclusión irrebatible desde un punto de vista egocentrista[6], es decir, desde un punto de vista «ético» limitado a uno mismo: «mis intereses no deben ser frustrados».

(P1) Si «quiero que ocurra algo» entonces eso significa que «tengo ese interés».
(P2) No puedo autofrustrar mis intereses, pues eso viola el Principio Lógico de No Contradición.
(P3) Si tengo un interés entonces lógicamente considero que dicho interés no debe ser frustrado.
(C) MIS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro egocentrista o psicópata)

PASO 3: La «Regla de Oro egocentrista» no tiene en cuenta a los demás. Si se acepta la Realidad teniendo en cuenta los intereses de los demás entonces se infiere la «Regla de Oro de la Ética».

Es decir, «MIS intereses no deben ser frustrados», pero la Realidad es que no sólo existe una persona, sino que existen muchas otras y todas ellas defienden lógicamente que sus intereses no deben ser frustrados, por lo tanto lógicamente inferimos la conclusión de que «LOS intereses no deben ser frustrados».

(P1) MIS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro Psicópata)
(P2) Lógicamente todos afirman: «MIS intereses no deben ser frustrados».
(C) LOS intereses no deben ser frustrados. (Regla de Oro de la Ética No Consecuencialista)

PASO 4: Añadimos a la Regla de Oro el consecuencialismo.

Como la Ética es consecuencialista[7] porque también existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que ocurre por dichas omisiones, entonces puede ocurrir que frustrar unos intereses sea menos malo (mal menor) que elegir «no hacer nada». Por ejemplo, es menos malo disparar a un terrorista que está disparando a la gente que elegir no dispararle. El consecuencialismo añade un «a priori» al principio de la «Regla de Oro de la Ética» quedando ésta así: «A priori, los intereses no deben ser frustrados». El consecuencialismo realmente entra en juego a nivel egoísta (en el PASO 2): «a priori, mis intereses no deben ser frustrados» y luego se universaliza, pero lo he colocado al final porque creo que en este orden se entiende mejor. Por lo tanto, la razón por la que los humanos deben ser respetados no es porque sean humanos, sino porque son seres sintientes y a priori los intereses no deben ser frustrados, y eso mismo se aplica con quienes no son humanos.

Regla de Oro e igual consideración

4. A partir de la «Regla de Oro de la Ética» se infiere lógicamente el Principio de Igual Consideración de Intereses (PICI).

Como debemos respetar a todos los seres que tienen intereses entonces no considerar los intereses de alguno de ellos viola dicha Regla de Oro, lo cual puede estar originado por una discriminación arbitraria (racismo, sexismo, especismo, homofobia, egoísmo, etc.), o ser la consecuencia de elegir el mal menor. Para no ser arbitrarios, «intereses iguales deben ser considerados por igual», es a esto a lo que llamamos «Principio de Igual Consideración de Intereses»[8]. Por ejemplo, la «Regla de Oro egocentrista» por sí sola es arbitraria, es una norma irracional, pues el hecho de «ser uno mismo» no es una razón que justifique que los intereses ajenos no deban ser considerados o que deban ser considerados en menor medida.

La Regla de Oro errónea

5. Algunas personas dicen «debes tratar a los demás como quieres que te traten» o, en su forma negativa, dicen «no debes tratar a los demás como no quieres que te traten».

Esta norma se ha venido a llamar hasta ahora como la «Regla de Oro de la Ética», pero es un fraude intelectual. George Bernard Shaw (1856-1950) denunció dicha norma errónea afirmando: «no hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». Tanto si no hacemos a otros lo que no queremos que nos hagan, como si les hacemos lo que queremos que nos hagan, podemos estar yendo contra los intereses de los demás. Por ejemplo, un médico que está en contra de las transfusiones de sangre no quiere que le hagan transfusiones y por lo tanto, según la «Regla de Oro de la Ética», dicha persona tampoco debe hacer transfusiones a los demás. Lo importante es considerar éticamente los intereses de las personas, no lo que nos gusta o disgusta a nosotros personalmente, y esto lo consigue la verdadera Regla de Oro: «a priori, los intereses no deben ser frustrados». Por ejemplo, si el médico no quiere que le hagan transfusiones entonces no se las deben hacer a él, pero a priori él debe hacer transfusiones a quienes las necesitan y quieren recibirlas.

Mostrar la errónea Regla de Oro tradicional

El imperativo categórico de la universalidad de Inmanuel Kant (1724-1804) dice: «Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal» y su variante «o de la ley de la naturaleza». El imperativo categórico de la universalidad es la mejora de la antigua Regla de Oro, la cual fue un gran salto de la conciencia ética humana. La adopción de la Regla de Oro ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo: Grecia, India, Oriente Próximo, China, etc. en torno al siglo VI a.C., durante la llamada «Era axial», bautizada así por Karen Amstrong en su libro «The Great Transformation» (La Gran Transformación). La Regla de Oro está presente en los textos sagrados de muchas religiones. La antigua y tradicional Regla de Oro dice: «No trates a los demás como no quieras que te traten a ti», que expresada igualmente de manera opuesta es «Trata a los demás como quieres que te traten a ti». Esta regla presenta dificultades, como denunció George Bernard Shaw cuando dijo: «No hagas a los demás lo que deseas para ti; los demás pueden tener gustos diferentes». El problema de que cada persona tiene unos gustos e intereses diferentes se soluciona asumiendo la verdadera Regla de Oro: «A priori, los intereses no deben ser frustrados», esta vez sí, una Regla de Oro que infiere la universalidad ética de una manera lógica.A continuación vamos a dar un repaso al universalismo ético que planteó Inmanuel Kant (1724-1804) y seguidamente mostraré la crítica que le hizo Leszek Kołakowski (1927-2009) en cuanto a la relación existente entre moralidad y racionalidad.

Los escritos éticos de Kant defienden que la obligación moral no deriva ni de Dios, ni de las autoridades y comunidades humanas, sino de la razón. La ética deontológica planteada por Kant se basa en dos imperativos categóricos: el «Imperativo categórico de la universalidad» que ya he mencionado, y que proporciona la estructura lógica, y el «Imperativo categórico del reino de los fines», que proporciona el contenido.

Imperativo categórico de la universalidad: con dicho imperativo, Kant viene a decir que existe una verdad universal para la razón práctica: «Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal» y su variante «o de la ley de la naturaleza».

El imperativo categórico de la universalidad es la mejora de la antigua Regla de Oro, la cual fue un gran salto de la conciencia ética humana. La adopción de la Regla de Oro ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo –Grecia, India, Oriente Próximo, China- en torno al siglo VI a.C., durante la llamada «Era axial», bautizada así por Karen Amstrong en su libro La gran transformación. La Regla de Oro está presente en los textos sagrados de muchas religiones:

– «Haz por aquel que puede hacer por ti, de modo que le induzcas a obrar igual.» Antiguo Egipto. La historia del campesino elocuente, pag.109-110, según la traducción inglesa de R. B. Parkinson. El original data de 1970-1640 a.C., y puede ser la primera versión puesta por escrito.
– Islam: «Ninguno de vosotros es un creyente a menos que desee para su hermano lo que desee para sí mismo.» Hadiz de Al-Nawawi en el Islam.
– «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.» Jesús en el Sermón de la montaña (San Mateo 7, 12.)
– «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Moisés, profeta reconocido por el judaísmo, el cristianismo y el islam (Levítico 19, 18)
– «Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tu prójimo. Esta es toda la ley; lo demás sólo es comentario.» Enseñanza del Rabino Hillel (Talmud, Shabbat 31a) en el Judaismo
– «No hagas a los demás lo que te causaría dolor si te lo hicieran a ti.» (Mahabharata 5: 1517) en el hinduismo
– «No lastimes a los demás con lo que te aflige a ti mismo.» Buda
– «Los hombres dotados de inteligencia y las almas purificadas deberían tratar a los demás como ellos mismos quisieran ser tratados.» Krishna
– «No hagas a los demás lo que no es bueno para ti.» Zoroastro
– «Sólo es bueno el carácter que se abstiene de hacer a otro lo que no es bueno para sí mismo». Zoroastrismo. Dadistan-i-dinik 94:5
– «Bendito el que prefiere a su hermano antes que a sí mismo.» Bahaísmo
– «Trata a los demás como tú quisieras que te trataran.» Máxima del sikhismo
– «El hombre debe esforzarse por tratar a todas las criaturas como a él le gustaría que le tratasen.» Máxima del Jainismo
– «Que me sea dado hacer a los otros lo que yo quisiera que me hiceran a mí.» Platón
– «No hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran.» Confucio

La existencia de la Regla de Oro fue comprobada por Herodoto (484-425 a.C.) en distintos pueblos de la antigüedad. Otros filósofos como Isócrates, Séneca, Tolstoi, etc. también dan cita de ella.

«Antes de hacer o no hacer con los otros animales, pregúntate si estarías dispuesto admitirlo en los humanos, incluyéndote a ti.» Norbert Bilbeny

Imperativo categórico del reino de los fines: con dicho imperativo, Kant viene a decir que el ser humano, por ser un animal racional, posee dignidad, y sería uno de los antecedentes a la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la ONU en París: «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio».(1) De esta manera arbitraria, Kant limita la consideración de intereses sólo a su grupo preferencial: los humanos. Kant era antropocentrista, por eso su teoría ética discrimina arbitrariamente a quienes no son humanos.

ATAQUES AL UNIVERSALISMO ÉTICO

Algunos autores, principalmente Leszek Kołakowski, han intentado rebatir tanto la universalidad como el reino de los fines de Kant, defendiendo que la moral no puede fundamentarse racionalmente sino sólo desde el ámbito de lo sagrado, es decir, desde la religión. A continuación mostramos como intenta rebatir Kolakowski la universalidad kantiana[2]:

«no hay ninguna razón por la que esos principios tengan que tener necesariamente validez universal […]. No soy en absoluto inconsecuente si prefiero que otra gente siga reglas que yo no quiero cumplir. Si, por continuar con el ejemplo dado más arriba, yo miento siempre que me apetece, pero quiero que todos los demás sean invariablemente francos, soy perfectamente consecuente. Siempre puedo, sin contradecirme a mí mismo, rechazar los argumentos de quienes traten de convertirme o empujarme a cambiar mi modo de actuar diciéndome: ‘¿Y si todos hicieran lo mismo?’; porque puedo responder, coherentemente, o que no me preocupa la conducta de los demás o que quiero positivamente que obedezcan las normas que yo me niego a observar. En otras palabras, un imperativo que exija que yo, me guíe por normas que desearía que fuesen universales no tiene, en sí, fundamento lógico ni psicológico; yo puedo rechazarlo sin caer en contradicciones». Leszek Kołakowski

Y así intenta rebatir Kolakowski el reino de los fines kantiano[3]:

«En efecto, siempre puede argüirse que si el hombre, con conciencia de lo contingente de su posición en el universo, declara ser el supremo legislador en cuestiones de bien y de mal, no tiene fundamento convincente alguno para respetarse a sí mismo ni para respetar nada y que la idea misma de dignidad, si no es una fantasía caprichosa, sólo puede basarse en la autoridad de una Mente indestructible. A cualquier noción antropocéntrica del mundo puede objetársele lo que dicen los racionalistas sobre la creencia religiosa: que tal noción no es sino una invención imaginaria para compensar la justificada y deprimente conciencia del hombre de su propia flaqueza, fragilidad, incertidumbre, finitud. La dignidad humana no puede validarse dentro de un concepto naturalista del hombre». Leszek Kołakowski

A partir de ello, algunas personas afirman que no es posible fundamentar racionalmente el deber ético, sino que sólo es posible fundamentar normas mediante la religión. Sin embargo, en otro artículo demostré que la religión no puede fundamentar racionalmente las normas[8]. Y en el presente artículo demuestro cómo la Ética se fundamenta racionalmente.

 

Deber y Lógica

6. Algunas personas hacen la pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?».

Como hemos demostrado, la Regla de Oro de la Ética es «a priori, los intereses no deben ser frustrados» y ésta es una norma que se infiere lógicamente de manera irrebatible, es decir, es racional. Por lo tanto si alguien pregunta «¿por qué debo cumplir la Regla de Oro?» está preguntando «¿por qué debo ser racional?», y ésta es una pregunta lógicamente incorrecta porque nos pide razones para ser racionales: presupone racionalidad al solicitarnos justificar la racionalidad. La justificación resultante de la racionalidad sería circular, lo que demuestra, no que la racionalidad carezca de una justificación necesaria, sino que no necesita justificación, pues no se puede preguntar de forma inteligible a menos que ya se presuponga. Por lo tanto la pregunta «¿por qué debo cumplir con una norma que debo cumplir?» es redundante.

Jerarquía de intereses

7. Algunas personas reconocen que, a priori, los intereses no deben ser frustrados», pero dicen que entonces «todos los intereses son igual de importantes».

Sin embargo, eso está rebatido porque existe una jerarquía de intereses.[9]

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