ARGUMENTO: “Razonando se puede demostrar que dios existe”

RESUMEN: ¿Qué es un ser sobrenatural? ¿qué es un dios? ¿se puede demostrar la existencia de un ser sobrenatural mediante el uso de la razón? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Creer en algo es pronósticar o tener la esperanza de que ese algo fue, es o será realidad, en cambio afirmar algo es reconocer a ese algo como Realidad pasada, presente o futura. Ante la falta de pruebas empíricas, algunas personas afirman que razonando se puede demostrar que «dios» existe. No podemos llegar a la conclusión de que un «ser sobrenatural» bueno («dios») existe porque su definición entra en contradicción lógica consigo misma y porque los argumentos ontológico, cosmológico y teleológico fallan. Por lo tanto no se puede afirmar la existencia de «dios». Lo único que alguien puede decir racionalmente sobre la supuesta existencia de un «dios» es que cree que existe, como puede creer en la existencia de cualquier otra cosa no demostrada.

Palabras clave: dios, existencia, ignosticismo, racionalidad, ser sobrenatural

 

En otro artículo demostré que no existe ninguna prueba empírica sobre la existencia de un «dios».[1] En este artículo demuestro que razonando no se puede llegar a demostrar la existencia de ningún «dios».

Dios y contradicción

1. Algunas personas afirman que existen «seres sobrenaturales».

La expresión «ser sobrenatural» es contradictoria (es un oxímoron) porque el «ser» es lo que existe, en cambio lo «sobrenatural» se refiere a lo que va «más allá de la naturaleza», es decir, no explicable por la ciencia Física, la cual estudia la naturaleza, es decir, el Universo. Los «seres sobrenaturales» (seres que son y no son) son un absurdo, no existen porque todo ser es natural y parte de la naturaleza. Si existieran «dioses», «fantasmas», «hadas», etc. serían seres tan naturales como una piedra.

2. Algunas personas afirman que existen «seres con superpoderes» a los que llaman «dioses», «diosas», «demonios», etc y dicen que no hay ninguna contradicción en su definición.

Estas personas son conocidas como «creyentes», sin embargo afirman la existencia de lo que no demuestran. En la actualidad existen muchos «creyentes» de dos dioses: la creencia en «Yahveh», el dios del judeocristianismo, y la creencia en «Alá», el dios del islam. A la idea «dios» se la asocian los siguientes poderes mágicos: omnipotencia (poder sin límites), omnibenevolencia (estar siempre preocupado por el bien de los demás), omnisciencia (sabedor de todo) y omnipresencia (estar presente en todas partes al mismo tiempo).

2.1. La omnipotencia.

Es fundamental comprender que aunque un supuesto «ser superpoderoso» existiera, de dicha existencia no se fundamenta ninguna norma ética ni el deber de obedecerle, que es el objetivo final que los jefes de los «creyentes» quieren imponer a la sociedad.[2]

2.2. La existencia del mal rebate la omnibenevolencia de «dios».

El problema del mal o también, paradoja de Epicuro, es estudiado en filosofía de la religión, en teodicea y en metafísica como el problema que resulta al considerar la compatibilidad entre la presencia del mal y el sufrimiento en el mundo con la existencia de un dios omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente. El problema del mal surge de la suposición de que un Dios omnisciente y todopoderoso debería ser capaz de arreglar el mundo según sus intenciones. Como el mal y el sufrimiento existen, puede parecer que Dios quiere o permite que existan, por lo que no sería perfectamente bueno, o no sería omnisciente porque no se percata de todo el sufrimiento del mundo, o no es todopoderoso ya que no puede arreglar el mundo para eliminar de raíz el mal. O efectivamente, no es plenamente benevolente. David Hume cita a Tertuliano —quien a su vez citó a Epicuro (341 a.C.–270 a.C)— planteando un argumento mediante una serie de preguntas:

¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? entonces no sería omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? entonces sería malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿de donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿entonces por qué llamarlo Dios? David Hume, Diálogos sobre la religión natural (1779)

El problema del mal se complica aún mucho más cuando entra en juego el mal padecido por quienes no son humanos. Presuponer que la vida fue diseñada desemboca en el malin génie (genio maligno) cartesiano: ¿cómo encajar el diseño «inteligente» creado por un Dios benevolente con la existencia de parásitos, animales depredadores o el canibalismo sexual?… Así lo expresa Charles Darwin (1809–1882):

Nadie discute que en el mundo hay mucho sufrimiento. Por lo que respecta al ser humano, algunos han intentado explicar esta circunstancia imaginando que contribuye a su perfeccionamiento moral. Pero el número de personas en el mundo no es nada comparado con el de los demás seres sensibles, que sufren a menudo considerablemente sin experimentar ninguna mejora moral. Para nuestra mente, un ser tan poderoso y tan lleno de conocimiento como un Dios que fue capaz de haber creado el universo es omnipotente y omnisciente, y suponer que su benevolencia no es ilimitada repugna a nuestra comprensión, pues, ¿qué ventaja podría haber en los sufrimientos de millones de animales inferiores durante un tiempo casi infinito? Este antiquísimo argumento contra la existencia de una causa primera inteligente, derivado de la existencia del sufrimiento, me parece sólido; mientras que, como acabo de señalar, la presencia de una gran cantidad de sufrimiento concuerda bien con la opinión de que todos los seres orgánicos han evolucionado mediante variación y selección natural. —Charles Darwin, autobiografía no censurada, publicada en 1877. Editorial Laetoli.

Argumento ontológico

3. Ante la falta de evidencias empíricas que demuestren la existencia de dioses, algunas personas afirman que «razonando se puede demostrar la existencia empírica de dioses».

Este argumento se llama «argumento ontológico» y es un razonamiento apriorístico que pretende probar la existencia empírica de Dios empleando únicamente la razón; esto es, que se basa únicamente –siguiendo la terminología kantiana– en premisas analíticas, a priori y necesarias para concluir que Dios existe.

El argumento analiza el concepto de Dios y afirma que el propio concepto implica la existencia de Dios: «si podemos concebir un Dios, entonces Éste debe existir». Así, la principal crítica al argumento suele ser que no ofrece premisa alguna a la demostración más allá de cualidades inherentes a la proposición no demostrada, conduciendo a un argumento circular en el que las premisas se basan en las conclusiones, las cuales a su vez se basan en las premisas, conformando una falacia por petición de principio.

Las principales diferencias entre las distintas versiones del argumento provienen principalmente de los diferentes conceptos de Dios que se toman como punto de partida. Por ejemplo, Anselmo de Canterbury (1033-1109) comienza con la noción de Dios como un ser tal que nada mayor puede ser concebido, mientras que René Descartes (1596-1650) comienza con la noción de Dios como el ser poseedor de todas las perfecciones. Sin embargo, los argumentos aprioristas no pueden demostrar la existencia empírica de nada. Uno de los principales ataques contra el argumento ontológico es su apriorismo: al contrario de, por ejemplo, las cinco vías de Santo Tomás, el argumento ontológico parte de la existencia de Dios a priori para demostrarla. En su libro «Dialogues concerning Natural Religion» (Diálogos sobre la religión natural), el filósofo escocés David Hume refuta el argumento ontológico al demostrar que nada puede probarse como existente a partir de un argumento racional a priori:

Es un absurdo evidente pretender demostrar un hecho como necesario, o pretender demostrarlo con cualesquiera argumentos a priori. Nada es demostrable salvo si su contrario implica una contradicción. Nada que sea distintivamente concebible implica una contradicción. Cualquier cosa que concebimos como existente igualmente la podemos concebir como inexistente. No hay, por tanto, ser alguno cuya inexistencia implique una contradicción. En consecuencia, no hay ser alguno cuya existencia sea demostrable a priori. David Hume, Dialogues concerning Natural Religion

El razonamiento de Hume podría resumirse así:

1º. La única manera de probar algo a priori es si su opuesto implica una contradicción.
2º. Si algo implica una contradicción, entonces es inconcebible.
3º. Todo puede ser concebido como inexistente.
4º. Por tanto, nada puede ser demostrado como existente a priori, incluyendo a Dios.

Kant también rebatió el argumento ontológico diciendo que la razón por la que decimos que los caballos existen y los unicornios no, no es que el concepto de caballo tenga la propiedad de la existencia y el de unicornio no; no hay diferencia entre ambos conceptos en este sentido, y tampoco la hay entre el concepto de un caballo y de un caballo realmente existente: ambos conceptos son iguales. La razón por la que decimos que los caballos existen es que tenemos una experiencia espacio-temporal de los mismos: son objetos que se corresponden al concepto. Por lo tanto, cualquier demostración de la existencia de algo, incluyendo a Dios, que se base en afirmar (predicar) una propiedad (en este caso la existencia) de ese algo es falaz: la definición de algo no implica su existencia empírica.

Argumento cosmológico

4. Algunas personas dicen que «el concepto dios es necesario para explicar el origen del Universo».

Este argumento se llama «argumento cosmológico» y está relacionado con la idea del Big Bang. El argumento cosmológico o argumento de primera causa es un argumento sobre la existencia de «dios» según el cual todo lo que existe tiene una causa que, a su vez, tiene otra causa, y así sucesivamente remontándose hasta llegar a la causa primigenia, la cual afirma que es «dios». Por lo tanto el argumento cosmológico no admite que la serie de causas sea infinita. El argumento cosmológico fue defendido por Tomás de Aquino (1220-1274), y actualmente tiene como principal defensor a William Lane Craig, quien llama «argumento cosmológico Kalam» a una versión del argumento cosmológico original.

Premisas del argumento cosmológico original:

(P1) Todo tiene una causa.
(P2) Ninguna causa puede crearse por sí misma.
(P3) (por lo tanto) Todo es causado por otra cosa (causa y efecto).
(P4) Una cadena de causa y efecto no puede ser infinita.
(P5) (por lo tanto) Debe de existir un inicio o primera causa.
(P6) La primera causa puede ser definida como Dios al cumplir con su definición.

El argumento cosmológico queda rebatido por el hecho de que si todo tiene que tener una causa entonces Dios debería tener una causa. A esto suelen responder los religiosos diciendo que «Dios es causa sin ser causado, por ser un ser divino», lo cual convierte a la idea de «dios» en una contradicción. Este razonamiento es una falacia circular también conocida como «Petición de principio», en que la proposición a ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas:

1. Causa sin ser causado porque es Dios.
2. Es Dios, porque es un ser divino
3. Es un ser divino porque causa sin ser causado.

Si puede existir algo que causa sin ser causado entonces ese algo sería el Universo mismo, sin necesidad de inventar otros conceptos. En Why I Am Not a Christian and Other Essays, Bertrand Russell (1871-1970) lo explica así: «Si todo debe tener una causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, tanto podría ser el mundo como Dios, así que ese argumento no tiene validez». Y así lo explica Carl Sagan (1934-1996):

Lo innecesario de lo divino. Carl Sagan hablando sobre Dios (Link) (Completo)

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El «argumento cosmológico kalam» de William Lane Craig

En reconocimiento de la contribución islámica medieval al desarrollo de esta versión del argumento, William Lane Craig acuñó el nombre «argumento cosmológico kalam» («kalam» significa «teología Islámica medieval»). La característica distintiva de este argumento es su premisa «el universo comenzó a existir», donde «el universo» designa toda la realidad del espacio-tiempo continuo, una premisa que Craig defiende tanto filosófica como científicamente. De acuerdo con Craig, el argumento cosmológico del Kalam está basado en las tres premisas siguientes:

(P1) Todo lo que empezó a existir tiene una causa de su existencia.
(P2) El universo comenzó a existir.
(C) El universo tiene una causa de su existencia (Y esa causa incausada es Dios).(P1) Todo lo que empezó a existir tiene una causa de su existencia.
(P2) El universo comenzó a existir.
(C) El universo tiene una causa de su existencia.

la causa del universo tiene que ser un Creador personal. En sus palabras:Craig dice que «La única manera de tener una causa eterna pero un efecto temporal parecería ser si la causa es una agente personal quien libremente elige crear un efecto en el tiempo».

La primera premisa del argumento cosmológico de Kalam

El argumento cosmológico de Kalam es una variación del argumento cosmológico que sostiene la existencia real de una Causa Primera para el universo, usado por filósofos ajenos a la tradición atomista, especialmente por Platón, Aristóteles y sus seguidores. Un prominente y acérrimo defensor occidental contemporáneo es el teólogo William Lane Craig, quien cita dicho argumento como prueba de la existencia de Dios en sus frecuentes debates académicos con ateos. Su primera premisa es la siguiente:

(1) «Todo lo que comienza a existir tiene una causa de su existencia». (Lane, 1996).

Según Craig, la proposición (1) es apoyada tan fuertemente por la intuición —pero también por la experiencia— que nadie puede negarla sinceramente; hasta David Hume (1754) la aceptó en su carta a John Stewart. Claramente, (1) presupone que existen objetos que comienzan a existir y objetos que no comienzan a existir. Tal presuposición es indispensable para el teólogo porque, de lo contrario, tendría que admitir que Dios, como todo lo demás, comenzó a existir y, en consecuencia, también tendría una causa de su existencia, obligándole a recurrir, si es coherente, a un Dios de Dios y a un Dios de Dios de Dios, y así ad infinitum. Esto destruiría su concepto mismo de Dios. El objetivo de la presuposición de (1) es inmunizar a Dios de tener una causa de su existencia, permitiéndole así ser la Causa Primera.

Pero (1) contiene un concepto indefinido, que permanece convenientemente vago: el de «causa». Y digo que su vaguedad es conveniente porque ha servido a Craig para mantenerlo a pesar de las críticas. En efecto, la mayoría de los filósofos y científicos entienden por «causa» algo semejante a la siguiente definición:

«Sea e ∈ E(x) un suceso de una cosa x en un instante t y sea e* ∈ E(x*) otro suceso de una cosa x* ≠ x en el instante t*, donde tanto los sucesos como los instantes se consideran relativamente al mismo marco de referencia. Además, llámese A(x, x*) a la acción total o efecto de x sobre x*. Luego, se dice que e es la causa de e* si y sólo si (i) t precede temporalmente a t* y (ii) e* ∈ A(x, x*) ⊆ E(x*)». (Bunge, 1977).

Para empezar, según esta definición, la causa se predica exclusivamente de los sucesos, no de las cosas, lo que obligaría a reformular la premisa (1) de la siguiente manera: ¡

(1A) «Para todo lo que comienza a existir, el comienzo de su existencia tiene una causa».

Sin embargo, la reformulación no cambia sustancialmente el argumento cosmológico de Kalam. Debe quedar claro que (1A) no es una formulación del falso principio estricto de causalidad, pues no afirma que todo suceso es causado por algún otro suceso, sino sólo que los comienzos de existencia son causados por otros sucesos. Aun así, algunos físicos han argumentado que la mecánica cuántica refuta (1) y, para nuestros efectos, también (1A), tanto como el principio estricto de causalidad: los sucesos espontáneos como la desintegración radiactiva son ejemplos del comienzo a existir de cosas sin que ningún suceso de otra cosa haya ejercido una acción sobre él (Stenger, 2007). Por ejemplo, el núcleo de un átomo de uranio (A=238, Z=92) puede emitir espontáneamente (sin intervención de otra cosa) una partícula alfa, transformándose en el núcleo de un átomo de torio (A=234, Z=90) al perder 2 neutrones y 2 protones. Esta desintegración alfa sería el comienzo de la existencia del núcleo de un átomo de torio, ya que el uranio y el torio pertenecen a diferentes clases naturales. Y, dado que no satisface la definición estándar de «causa”, la desintegración radiactiva sí consituye un caso del comienzo de la existencia, sin causa, de alguna cosa, siendo así un contraejemplo de (1A).

La solución de Craig a este aprieto es rechazar la definición estándar de causa, pero sin proponer una definición exacta. La vaguedad le conviene. Ha interpretado «causa» de varias maneras, en particular, como «explicación», «razón de ser» o como «causa probabilista», lo que sea que signifiquen. Dado que sus conceptos son inexactos y los cambia a voluntad, lo mejor es proponer una alternativa a (1) y sus múltiples versiones, que se adecúe a lo que realmente conocemos que sucede cuando las cosas comienzan a existir. Se verá que este proceder también elimina la vaguedad del concepto «comenzar a existir». Después de todo, ¿por qué es Dios el único que puede no comenzar a existir? Comiéncese por adoptar una de las hipótesis más fructíferas supuestas por la investigación científica moderna:

(P1) «Hay un subconjunto propio B del conjunto de cosas C, tal que toda cosa es la agregación de miembros de B. Más exactamente, para todo x ∈ C diferente de la cosa nula, existe un único subconjunto Bx ⊂ B, tal que x = agregación de Bx, donde agregación de Bx = sup Bx, con respecto a la relación de yuxtaposición.» (Bunge, 1977).

Llámese «cosa básica» a cualquier miembro de B, y «cosa compuesta» a cualquier cosa formada por la agregación de cosas básicas. Nótese que no es necesario conocer con exactitud cuáles son las cosas básicas. Hasta donde se sabe, las partículas elementales son cosas básicas. No necesariamente todas, ya que, por ejemplo, algunos fotones emergen de la agregación de positrones y electrones. Incluso existe la posibilidad de que las únicas cosas básicas sean las partes del vacío electrodinámico cuántico del cual, según una interpretación de la teoría del Big Bang, emergió la materia ordinaria. Ahora una definición:

P2 Sea SL(x) el espacio legal de estados para la cosa x; GL(x) la familia de transformaciones legales del espacio de estados en sí mismos y h(x) la historia de x. Luego, x principia o comienza a existir en el estado s si h(x) = tal que s, s* ∈ SL(x), g ∈ GL(x), y s* = g(s).

Ahora que se ha esclarecido la noción de «principiar» o «comenzar a existir», podemos formular dos hipótesis importantes:

P3 Si x ∈ B, entonces x no principia; es decir, las cosas básicas no comienzan a existir.

P4 Si x ∉ B, entonces x principia con la agregación o separación (causada, espontánea o azarosa) de los componentes de Bx ⊂ B; es decir, las cosas compuestas sí comienzan a existir.

Hasta ahora se ha visto que la premisa (1) del argumento cosmológico de Kalam, tal como está formulada, es falsa y, en el mejor de los casos, es inexacta. Incluso si se tolera su inexactitud, (1) no parece servir para las cosas básicas, de las que todas las demás cosas están compuestas, precisamente porque son el material pre-existente de las cosas compuestas. La definición P2 junto con las hipótesis P1, P3 y P4] constituyen una mejor formulación del comienzo de las cosas. Pero hasta ahora no se ha visto si P3 y P4 son verdaderas. Esto es importante, especialmente porque contradicen el segundo postulado del argumento cosmológico de Kalam. Por esta razón, las pruebas de P3 y P4 se tratarán en el artículo dedicado a la segunda premisa del mismo argumento.

 

Argumento teleológico

5. Algunas personas dicen que «la perfección de la Realidad se explica necesariamente por la existencia de un dios que la creó».

Este argumento se llama «argumento teleológico». El argumento teleológico es un argumento sobre la existencia de Dios que forma parte del argumento del diseño inteligente. Para intentar demostrar la existencia de Dios, el argumento teleológico no se basa en la existencia del universo, sino en «la perfecta complejidad de los seres que lo habitan». Según el teólogo William Paley (1743-1805), la vida tuvo que ser creada por Dios debido a su complejidad y perfección. Dentro de las distintas variaciones, el argumento básico es como sigue:

(P1) X es demasiado complejo como para haber ocurrido al azar.
(P2) Por lo tanto X debe de haber sido creado por un ser inteligente.
(P3) Dios es el único ser inteligente que ha podido crear X.
(C) Dios existe.

El argumento teleológico asume en la primera de sus premisas que el azar, junto a las propiedades de la materia, no pueden hacer que la materia tienda hacia la complejidad. Uno de los libros que tratan sobre la relación entre azar y complejidad es The Blind Watchmaker (El Relojero Ciego) escrito por Richard Dawkins en 1986. En los capítulos 1 y 2, Dawkins pone como ejemplo la complejidad del ojo humano, explicando cómo su complejidad es el resultado de la
acumulación progresiva de pequeñas modificaciones que lo van perfeccionando y siendo seleccionadas por la selección natural. Pero Dawkins demuestra que la vida, aunque compleja, no es perfecta en muchos casos. El propio ojo humano contiene una falta de eficiencia debida a una mala orientación de las células fotosensibles: el punto ciego. En cambio, el ojo del pulpo no presenta dicho fallo de visión. Se supone que lo que un supuesto dios diseña es perfecto, un dios no cometería semejante error al diseñar su creación más preciada.

Curiosidades

Ejemplos de deducciones que luego se comprobaron ciertas:

– El concepto de átomo existe desde la antigua Grecia propuesto por los filósofos griegos Demócrito, Leucipo y Epicuro, sin embargo, no se generó el concepto por medio de la experimentación, sino como una necesidad filosófica que explicara la Realidad, ya que, como proponían estos pensadores, la materia no podía dividirse indefinidamente, por lo que debía existir una unidad o bloque indivisible e indestructible que al combinarse de diferentes formas creara todos los cuerpos macroscópicos que nos rodean. El siguiente avance significativo no se realizó hasta que en 1773 el químico francés Antoine-Laurent de Lavoisier postuló su enunciado: «La materia no se crea ni se destruye, simplemente se transforma». La ley de conservación de la masa o ley de conservación de la materia; demostrado más tarde por los experimentos del químico inglés John Dalton quien en 1804, luego de medir la masa de los reactivos y productos de una reacción, y concluyó que las sustancias están compuestas de átomos esféricos idénticos para cada elemento, pero diferentes de un elemento a otro.

– En su obra «Historia de la naturaleza y teoría del cielo» (1755) Kant desarrolla la hipótesis de la nebulosa protosolar, en la cual dedujo acertadamente que el Sistema Solar se formó de una gran nube de gas, o nebulosa. De esta forma intentó explicar el orden del Sistema Solar que según Newton había sido como impuesto por Dios desde el comienzo. Kant también dedujo correctamente que la Vía Láctea era un gran disco de estrellas, formada a partir de una nube giratoria.

«La palabra Dios no es más que la expresión y el fruto de la debilidad humana, y la Biblia, una colección de honorables leyendas primitivas, las cuales, no obstante, son bastante pueriles» (…) «Para mí, la religión judía, como las demás, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que estoy contento de pertenecer y con el que tengo una profunda afinidad, no es diferente del resto.» —Albert Einstein, carta a Eric Gutkind, 3 de enero de 1954 [1]

Referencias

[1] elpais.com, «Einstein, lejos de Dios», 13 may 2008.

Bibliografía

– Dawkins, Richards. The God Delusion (El espejismo de Dios), 2006. (✓)
– Russell, Bertrand. Why I Am Not a Christian and Other Essays.
– Hume, David. Diálogos sobre la religión natural.

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