ARGUMENTO: “Debe haber libertad, quien prohibe es un dictador, es un opresor”

RESUMEN: ¿Qué es la libertad? ¿Se debe limitar la libertad? ¿Se deben prohibir cosas? ¿Qué es la falacia de la libertad? Éstas son las principales preguntas que aquí voy a responder.

Defender prohibiciones (éticas o legales) al mismo tiempo que se acusa a otros de que «atentan contra la libertad porque prohíben cosas» es hacer uso de la falacia de la libertad. La falacia de la libertad cambia el significado de la palabra «libertad» que es «todo lo que alguien puede hacer» por «todo lo que alguien puede hacer, excepto violar MIS normas», para de esta manera imponer las propias normas a otros sin fundamentarlas racionalmente. Quienes apelan a la libertad manipulan el significado de esta palabra. La libertad es la facultad de poder elegir pensar o hacer una cosa u otra, es decir, cuanto mayor es el número de opciones entre las que alguien puede elegir, mayor es el grado de libertad que tiene. La Ética dice qué se debe y qué no se debe hacer, es decir, nos impone limitaciones racionales que mediante la libertad elegimos cumplir o no cumplir. La llamada «ética de la libertad» defiende un «Principio de no agresión» defectuoso que considera éticamente correcto el asesinato por omisión y que está rebatido porque sí es posible violar un derecho mediante una omisión.

Palabras clave: autoridad, derechos, Derechos Humanos, derechos individuales, ética de la libertad, falacia de la libertad, individualismo metodológico, libertad, jerarquía, leyes, poder, política, Principio de no agresión, prohibición, propiedad

 

Mostrar antecedentes que llevaron a la «defensa de la libertad»

La monarquía absoluta es una forma de gobierno en la que el monarca (lleve el título de rey, emperador, zar o cualquier otro) ostenta el poder absoluto y que heredarán sus hijos. En la monarquía absoluta no existe división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Aunque la administración de la justicia pueda tener una autonomía relativa en relación al rey, o existan instituciones parlamentarias, el monarca absoluto puede cambiar las decisiones o dictámenes de los tribunales en última instancia o reformar las leyes a su voluntad: la palabra del rey es ley. El rey nombra y retira a sus asistentes en el gobierno a su voluntad. La unidad de todos los poderes suele considerarse justificada por considerar que la fuente del poder es Dios y que los monarcas ejercen la soberanía por derecho divino. No hay mecanismos por los que el soberano (que no reconoce superiores) responda por sus actos, si no es ante Dios mismo, es decir, ante nadie. Estas ideas pertenecen al derechismo conservador.En las Revoluciones burguesas del siglo XVIII (Revolución Francesa de 1789, etc.) la ideología liberal, apoyada por las masas oprimidas, venció a la monarquía absoluta, lo cual propició que la burguesía se convirtiera en la nueva clase dominante de la sociedad, y entonces los liberales implantaron un nuevo modo de producción y de relaciones económicas: el capitalismo. A partir de entonces se asoció el concepto de libertad con los conceptos de justicia e igualdad, y se exaltó el valor del individuo, hasta entonces olvidado tras la sombra del monarca absolutista. Como dijo Michel Foucault (1926-1984): «antes del fin del siglo XVIII el hombre no existía» (el reconocimiento de derechos humanos).

 

1. Algunas personas confunden las normas éticas con castigos.

Una norma ética es «algo que a priori no se debe hacer», es decir, es una prohibición racional. En cambio, un castigo es lo que debe ocurrir si una persona quiso violar o violó una norma. Por ejemplo, por un lado está la norma ética «a priori no se debe matar a quien quiere seguir viviendo», que es una prohibición racional, y por otro lado está el castigo, es decir, lo que debe ocurrir si una persona intentó matar o mató a quien quería seguir viviendo. En  otro artículo hablo sobre castigos[1], pero en éste hablaré sobre normas éticas.

2. Algunas personas dicen que «no debe haber normas, ¡prohibido prohibir!».

"Prohibido prohibir" es una norma absurda

«¡Prohibido prohibir!»

El absurdo lema de «¡prohibido prohibir!» se hizo popular en los movimientos estudiantiles de mayo de 1968 en Paris (Francia). Es absurdo decir que «no debe haber normas» porque eso es una norma. Como mínimo existe una norma y esa norma no es la norma «no debe haber normas» porque esa norma es absurda, es decir, contradictoria. Por lo tanto, es lógico que deben existir normas, pues existen sujetos con intereses que inevitablemente las imponen. Si estos existen, es imposible que no haya normas.

3. Algunas personas, cuando algo no les gusta, dicen que «no somos libres, debemos ser libres».

Estas personas suelen protestar diciendo que «no somos libres» para expresar que no están de acuerdo con alguna ley o gobierno. Por lo tanto estas personas presuponen que «podemos estar vivos, pero no ser libres».

falacia de la libertad: debemos ser libres

Sin embargo, la Realidad es que «ser libre» significa el poder hacer lo que uno quiere hacer.

implica poder hacer cosas libremente, es decir, la capacidad de elegir lo que uno quiere (libre albedrío)[1] y esa es una característica que nos acompaña en mayor o menor medida durante toda la vida.

Por lo tanto siempre somos libres mientras estamos vivos. Por ejemplo, cuando castigan a alguien encerrándole en una prisión sigue siendo libre: lo que ocurre es que se le ha limitado la libertad de movimiento y su libertad de establecer relaciones personales tan restringidas que eso le causa sufrimiento. Sólo cuando alguien muere, deja de ser libre. Otro ejemplo es cuando alguien dice que «los animales deben ser libres», sin embargo siempre son libres y lo que debe ocurrir es que se proteja su derecho a la salud y a la vida.

4. Algunas personas ponen la norma «debe haber libertad».

Todos los días los «defensores de la libertad» nos «bombardean» con la norma «debe haber libertad». Otras veces especifican: «debe haber libertad de prensa», «debe haber libertad de expresión», «debe haber una economía de libre mercado», etc., incluso dicen que «debe haber libertad de pensamiento», como si pudiera ser posible que otros pudieran impedirte pensar lo que quieres pensar. Ideologías como el liberalismo clásico y sus variantes («objetivismo», anarcocapitalismo, liberalismo libertario o libertarismo, etc.), el anarquismo, la pseudoizquierda, etcétera, están enfrentadas entre sí en algunas ideas, por ejemplo en si debe existir el Estado (o sobre el tamaño que éste debe tener), sobre la propiedad privada y pública, etc., pero todas ellas defienden la «libertad»(1), asociándola a emociones positivas y a «el bien» y por tanto asociándola a lo «éticamente correcto» (Libertad = Libertades = Bueno = Bien = Éticamente correcto).

Estatua de la libertad representa el mal

La Estatua de la Libertad representa al mal

El error de estas personas es que usan la palabra «libertad» como si no fuera una característica o facultad de la conciencia, sino como si fuera lo éticamente correcto, dependiendo de la ideología de quien la defiende. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), en su primera acepción, la «libertad» (Del latín, libertas, -ātis) es «la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos»(2). Por lo tanto la libertad es la supuesta capacidad[1] que posee cada conciencia desde que existe hasta que deja de existir, y gracias a la cual puede elegir qué pensar y qué hacer, sin estar determinada por una causa anterior. Los sujetos SIEMPRE tienen libertad durante su existencia, lo que cambia es el número de opciones entre las que pueden elegir. Por lo tanto cuanto mayor es el número de opciones entre las que alguien puede elegir, mayor es el grado de libertad que tiene.

5. Algunos «defensores de la libertad» parece que defienden que tenemos derecho a hacer lo que nos de la gana, como si estuvieran en contra de cualquier prohibición.

Por ejemplo, el miércoles 28 de julio de 2010 el Parlamento de Cataluña prohibió las corridas de toros en dicha autonomía española, así como prohibe otras cosas con cada ley que aprueba. En la calle, taurinos enfurecidos se manifestaban gritando cosas como «¡queremos libertad!», como si fueran robots que no la tuvieran. Aunque los taurinos defienden unas normas que prohíben determinadas cosas, contradictoriamente gritaban «¡prohibir es de dictaduras!», o gritaban un absurdo «¡prohibido prohibir!», y acusaban de «liberticidas», de «dictadores» y de «totalitarios» a los parlamentarios que votaron a favor de la norma legal que prohibía la tauromaquia en Cataluña y también acusaban a todo aquel que estaba de acuerdo con dicha prohibición. Defender prohibiciones (éticas o legales) al mismo tiempo que se acusa a otros de que «atentan contra la libertad porque prohíben cosas» es hacer uso de la falacia de la libertad. La falacia de la libertad cambia el significado de la palabra «libertad» que es «todo lo que alguien puede hacer» por «todo lo que alguien puede hacer, excepto violar MIS normas», para de esta manera imponer las propias normas a otros sin fundamentarlas racionalmente.(3) Lo relevante es saber si unas normas son racionales o arbitrarias, independientemente de que sean democráticas o no.[3] Mostrar Ejemplos de uso de la falacia de la libertad»

Ejemplos de uso de la falacia de la libertad

Es habitual el uso de la falacia de la libertad para imponer las normas de un determinado tipo de democracia y de un determinado sistema económico. Por ejemplo, Friedrich Hayek (1899-1992), padre del neoliberalismo (liberalismo coherente) y referencia intelectual de Margaret Tacher (1925-2013), dijo: «la democracia es imposible sin una economía libre», con lo que éste viene a decir que: «una economía no capitalista es una dictadura», imponiendo de esta manera unas normas capitalistas en lugar de normas socialistas. De hecho, el 12 de abril de 1981, durante su visita al Chile del dictador derechista Augusto Pinochet (1915-2006), Hayek llegó a decir: «Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente». La falacia de la libertad es usada ideológicamente para imponer globalmente las normas del liberalismo y su sistema económico capitalista tras una falsa apariencia de democracia.

El documental «The Corporation, ¿instituciones o psicópatas?» nos muestra cómo actualmente el derechismo corporativista está acabando con la democracia e imponiendo una ideología psicópata en la sociedad y en la legislación.

 

6. Algunos «defensores de la libertad» reconocen que hay cosas que deben rechazarse éticamente y entonces te hablan de los «derechos individuales» o de «derechos civiles».

Sin embargo, estas personas insisten en usar la falacia de la libertad que hemos explicado antes, pues dicen que la libertad no debe ser limitada. Por ejemplo, dicen que un humano no debe matar a otro porque «matar a alguien no es hacer uso de la libertad, sino libertinaje» (Libertinaje = Violencia = Malo = Mal = Éticamente incorrecto). De esta manera pretenden proteger la palabra «libertad» de emociones negativas y de lo éticamente incorrecto. John Locke (1632-1704) ya usaba dicha manipulación. Los «defensores de la libertad», por ejemplo los liberales, dicen que el «libertinaje» es éticamente incorrecto y se debe prohibir porque viola los «derechos individuales» (a veces los llaman «derechos civiles», «la ley moral» o «ética de la libertad»).

Sin embargo, la Realidad es que hacemos uso de nuestra libertad si matamos a otros, pues podemos hacerlo, pero a priori no debemos hacerlo porque es éticamente incorrecto.

En el siguiente vídeo podemos escuchar al anarcocapitalista Francisco Capella explicando y defendiendo la «ética de la libertad», la cual consiste en su esencia en decir que es éticamente correcto asesinar mediante omisiones.

Mostrar Diferentes corrientes del liberalismo y su relación con la «ética de la libertad»
Ayn Rand (1905-1982), liberal «objetivista», en su ensayo «Man´s Rights» («Derechos del Hombre») explica los «derechos individuales» [Vídeo]. Dicho ensayo está disponible en sus libros «La Virtud del Egoísmo» y «Capitalismo: el Ideal Desconocido». Los liberales «objetivistas» tienen bastantes puntos en común con liberales anarcocapitalistas como Murray N. Rothbard (1926-1995) (discípulo de Ludwig von Mises (1881-1973)) y al que le seguirá Hans-Hermann Hoppe que es un nuevo ídolo de los liberales. Una cosa que diferencia a objetivistas de anarcocapitalistas es que los primeros defienden un estado mínimo o miniarquismo y los segundos se oponen totalmente al Estado, como los anarquistas. En el artículo «Héroes de la libertad», el anarcocapitalista Jorge Valín explica sin tapujos la «ética» de la libertad, según la cual es éticamente correcta la esclavitud voluntaria, la prostitución infantil, el tráfico de niños, los matones, etc.

 

7. Los «defensores de la libertad» dicen que un «derecho individual» es el «Principio de no agresión».

Estas personas dicen que «la violencia es mala» y que por tanto es éticamente incorrecta, dicen que no se debe usar, excepto en defensa propia y contra quienes inician su uso, pero no explican mucho por qué. Según el «Principio de no agresión», la «agresión», «violencia» o «coacción» es «la amenaza de usar la fuerza» y «usar la fuerza física contra otros». Según estas personas, tenemos el derecho a que no nos agredan, entendiendo que el concepto de «derecho» sólo se refiere a que los demás no deben violar dicho derecho mediante una acción directa (a la que llaman «violencia» o «agresión»), pues dicen que un derecho no se puede violar mediante una omisión: dicen que no puede haber «violencia» en una omisión.

Podemos ver claramente la relación existente entre defender este «Principio de no agresión» defectuoso y defender que es éticamente correcto el asesinato por omisión. Este «Principio de no agresión» defectuoso está rebatido porque la idea de que «no se puede elegir matar a alguien mediante omisión» ya está rebatida en un artículo previo.[4] Ésta es la razón por la que el liberalismo rechaza, al menos, las siguientes normas de la Declaración de los Derechos Humanos, al considerarlas normas socialistas (son normas que protegen frente a la violencia por omisión):

Artículo 16.3: La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 25.1: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por  circunstancias independientes de su voluntad.

8. Los «defensores de la libertad», en concreto los liberales, también dicen que un «derecho individual» es el «derecho a la propiedad privada».

Estas personas dicen que en ningún caso se debe robar porque eso viola el «Principio de no agresión», pero podemos comprobar que se puede robar a alguien sin amenazarle y sin usar la fuerza física contra él. Para convertir el robo en agresión, convierten el cuerpo en propiedad (y viceversa), «propiedad de uno mismo» lo llaman. De esta manera dicen que «agredir a una persona es atentar contra su propiedad», y viceversa. Según Murray N. Rothbard (1926-1995), en su libro «The Ethics of Liberty» («La Ética de la Libertad»), la Ética se fundamenta en el derecho de propiedad, el cual es «el derecho que la persona tiene a poseerse a sí misma y [a] disponer de su ser y [de] todo aquello en que imprime el sello de su acción».

Todos los liberales dicen que tenemos derecho a obtener, guardar, usar y disponer de valores materiales sin ningún límite. Es cierto que quitar a alguien lo que considera suyo es robar, pues frustra el interés de quien no quiere ser robado, por lo tanto es éticamente incorrecto, independientemente de si se roba legalmente mediante impuestos o confiscación, o de si se roba ilegalmente. El error de estas personas es creer que no pueden hacer algo éticamente incorrecto mediante una omisión. Una vez que se reconoce dicho error se llega a la conclusión de que, a priori, no se debe robar, excepto si se estima que no robar tiene peores consecuencias éticas que si se roba.[4] Ésta es la razón por la que está justificado éticamente que el Estado recaude impuestos para proteger el derecho ético a la salud y a la vida de todos los sujetos, lo cual es contrario al egoísmo individual que promueve el liberalismo.[5]

Suele acusarse de «dictaduras» a las democracias socialistas, por ejemplo a la democracia cubana, pero del hecho de que en una democracia estén prohibidos los partidos políticos liberales (así como deben estar prohibidos los partidos políticos pederastas) no convierte a dicha democracia en una «dictadura», sino en una democracia más ética y por lo tanto en una democracia mejor.

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Bibliografía

– Block, Walter. Defending the Undefendable. Ludwig von Mises Institute, 2008.
– Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto (Por una Nueva Libertad: El Manifiesto Libertario), 1973.
– Hayek, Friedrich. Camino de la servidumbre. 1944,
– Bakunin, Mijaíl. «Socialismo sin Estado: anarquismo».
– Weber, Max. El político y el científico
– Stirner, Max. El único y su propiedad, 1844.
– Marqués de Sade. Filosofía en el tocador, 1795.
– Rousseau, Jean-Jacques. Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes (Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres), 1755. (✓)
– Hobbes, Thomas»Leviatán», 1651.

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