ARGUMENTO: “Los animales no tienen empatía ni son altruistas”

RESUMEN: ¿Los animales no humanos tienen empatía? ¿los animales no humanos son altruistas? Éstas son algunas de las preguntas que aquí voy a responder.
La principal característica éticamente relevante para respetar a alguien es que es alguien, es un ser sintiente, no la capacidad de empatía, de compasión ni si es altruista. Los estudios realizados concluyen que los animales no humanos también tienen capacidad de empatía y por eso, por ejemplo, muestran conductas altruistas.
Palabras clave: altruismo, auxilio, compasión, empatía

 

Empatía y simpatía

1. Algunas personas no conocen la diferencia entre empatía y simpatía.

Mientras que la empatía es ponerse imaginariamente en el lugar del otro. La simpatía es alegrarse por el bien de la persona con la que empatizamos. La empatía puede usarse para compadecerse del sufrimiento del otro o para alegrarse de su sufrimiento. Por ejemplo, los torturadores empatizan con sus víctimas, con las cuales no simpatizan, imaginando cómo infringirlas el máximo dolor y sufrimiento posible.

Mostrar diferencia entre empatía y simpatía

DIFERENCIA ENTRE SIMPATÍA Y EMPATÍA [8]

Por razones metodológicas seguiré una tendencia actual a distinguir entre simpatía y empatía[9]. Lo primero alude a la capacidad de percibir y compartir, o acompañar emocionalmente, los estados mentales ajenos. Este concepto, popularizado filosóficamente por Hume, se encuentra muy cercano al de compasión, pues tiene un contenido básicamente afectivo y se puede reconocer ya en niños pequeños, así como en primates no humanos cognitivamente poco desarrollados.

La empatía, por el contrario, es una habilidad más cognitiva que afectiva, y alude especialmente a la capacidad de reconocer las creencias ajenas y sus necesidades y sentimientos, incluso si uno no los comparte, si a uno no lo movilizan psicológicamente o si uno emplea ese conocimiento precisamente para manipular el comportamiento ajeno. Hay debate respecto de si se puede separar simpatía y empatía, pero la demostración de que sí se puede es la existencia de personas con gran capacidad empática pero mínima o ninguna capacidad simpática, como sería el caso de los psicópatas. Por otra parte, está reconocida la existencia de individuos (sobre todo bebes muy pequeños e incluso animales) que son capaces de percibir el sufrimiento ajeno y sentirse afectados por él, sin tener un desarrollo cognitivo suficientemente complejo como para entender, o siquiera imaginar, la situación por la que la otra persona o criatura está pasando. Aunque podemos distinguir entre empatía y simpatía como capacidades diferentes, ciertamente se complementan y se potencian mutuamente. Todo parece indicar, sin embargo, que la simpatía es evolutivamente anterior a la empatía.

Las formas más rudimentarias de la simpatía pueden ser encontradas en los mamíferos superiores y en los bebes muy pequeños con incluso solo horas de vida, en lo que se conoce como “contagio emocional”[10]. Esto se produce cuando un individuo reconoce estados mentales en otro, especialmente aquellos que involucran sufrimiento pero también placer o dicha, reproduciéndolos en sí mismo. Esta reproducción suele ser inconsciente y precognitiva.

Un ejemplo de esto es cuando tenemos un grupo de recién nacidos y uno de ellos se pone a llorar; lo más probable es que todos los demás se contagien de esto y rompan también a llorar, incluso si no tienen ninguna incomodidad. El contagio emocional tiene un alto valor de supervivencia porque permite reaccionar apropiadamente ante situaciones compartidas como, por ejemplo, con temor ante una amenaza común. Probablemente el sustrato más básico del contagio emocional sea el motor mimicri, o imitación mecánica del comportamiento ajeno. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con una manada de alpacas que dejan lo que están haciendo y se ponen a mirar en cierta dirección, una vez que una de las alpacas ha actuado de esa manera. Motor mimicri y contagio emocional son probablemente las raíces evolutivas de lo que después serán la simpatía, la empatía y la simulación, que originalmente tendrían como objetivo permitir que los individuos se apoyen mutuamente en la satisfacción de necesidades y se protejan de peligros comunes.

En lo que sigue voy a imaginar una secuencia evolutiva que conduciría al altruismo moral, donde cada paso anterior es condición de posibilidad del posterior. Los conceptos entre paréntesis son explicaciones o se dan de manera asociada a los que vienen inmediatamente antes de ellos. Después de exponer el esquema intentaré justificarlo.

Motor mimicri -> contagio emocional -> simpatía (compasión) -> empatía (reconocimiento de la propia identidad en un espejo, consciencia de sí mismo, identificación con otro) -> metarrepresentación/simulación (teoría de la mente, capacidad de mentalización) -> deliberación moral (autonomía, reconocimiento de intencionalidad moral, interpretación y juicio moral) -> altruismo moral.

 

Animales con empatía

2. Algunas personas dicen que «los animales no humanos no tienen empatía ni compasión, no son altruistas».

Estas personas dicen que esa es la razón por la que es éticamente correcto maltratar a los animales no humanos. Sin embargo, la principal característica éticamente relevante para respetar a alguien es que es alguien, es un ser sintiente[1], no la capacidad de empatía, de compasión ni si es altruista.

Ratones con empatía y altruismo– El 9 de diciembre de 2011, la revista Science publicó un estudio titulado «Empathy and Pro-Social Behavior in Rats», realizado por especialistas del cerebro de la Universidad de Chicago (norte). El estudio  muestra que las ratas tienen empatía hacia otras ratas. Se colocó una rata encerrada en un inmovilizador que mostraba signos de agitación y una a una se comprobó que las otras ratas aprendieron a abrir la puerta para liberarla, la cual era difícil de abrir. Las ratas no abrieron los inmovilizadores cuando estaban vacíos o contenían objetos. Liberaron a los compañeros de celda incluso cuando se impidió el contacto social. Cuando se liberó a una jaula de combate contra el chocolate contenido dentro de un segundo dispositivo de contención, las ratas abrieron ambos restrictores y típicamente compartieron el chocolate. Por lo tanto, las ratas se comportan de manera pro-social en respuesta a la angustia de un conespecífico, proporcionando una fuerte evidencia de las raíces biológicas del comportamiento de ayuda motivado empáticamente. Según Jean Decety, este estudio es «el primero en poner en evidencia un comportamiento de ayuda en las ratas suscitado por un sentimiento de empatía». Incluso cuando los científicos rediseñaron el experimento para comprobar si las ratas liberarían a otros colegas distintos a aquel con que convivieron, estas lo hicieron, lo que muestra que no estaban motivadas por compañerismo. «No hubo otra razón para realizar esta acción que finalizar la aflicción de las ratas atrapadas», dijo el investigador Bartal. «En el modelo del mundo de las ratas, ver este comportamiento repetido de forma constante significa, básicamente, que la acción es gratificante para la rata» que libera a su par. En la última prueba para medir la resolución de las ratas, los científicos les pusieron un montón de trozos de chocolate en la caja. En situaciones normales, las ratas devorarían todo el chocolate. Pero, también entonces, las ratas tendían a actuar de forma benevolente: incluso cuando en algunos casos tomaban unas pocas pepitas en primer lugar, liberaban a su compañero y compartían el chocolate con él. Puesto que la mayoría, aunque no todas las ratas, abrían las puertas para sus compañeros, el próximo paso de la investigación podría ser buscar «la fuente biológica de estas diferencias de comportamiento», se indica en el estudio.

– En junio de 2006, un estudio titulado «Social Modulation of Pain as Evidence for Empathy in Mice» mostraba la empatía de las ratas hacia el dolor de otras. El estudi fue realizado por Mogil y su equipo en la Universidad McGill. Demostraron que los ratones sienten ansiedad cuando observan a otros ratones que sienten dolor. Concluyeron, de forma provisional, que los ratones empleaban pistas visuales para la generación de esta respuesta empática (Mogil, 2006; Ganguli, 2006). Frans De Waal responde así al estudio: «Se trata de un hallazgo muy significativo, que debería abrir los ojos de la gente que piensa que la empatía se limita a nuestra especie.» (Carey, 2006) [3]

«La empatía empezó a formarse hace más de 100 millones de años, mucho antes de que el Homo sapiens pusiese sus pies sobre la faz de la tierra. Por lo tanto, la separación clásica entre animales y humanos basada en la creencia religiosa de que ellos no tienen alma y nosotros sí no tiene ningún sentido. Y son el cristianismo, el judaísmo y el islam los responsables de esta idea errónea. Al fin y al cabo, la semilla de estas religiones occidentales se gestó en un entorno desértico y nómada, donde había pocos animales parecidos a nosotros. Nuestros ancestros imaginaron que la única forma de inteligencia posible era la humana.» —Redes para la Ciencia, programa nº 53: «Nuestro cerebro altruista», minuto 05:35.

– «Hay quien piensa que no hay razón para la no-violencia hacia los animales porque entre ellos se comportan de forma violenta. Pero contrariamente, muchos animales no son violentos y a menudo exhiben comportamientos altruistas, incluso en situaciones extremas. Por ejemplo, en un experimento de laboratorio con monos rhesus se les daba de comer sólo cuando tiraban de una cadena que provocaba una descarga eléctrica a otro mono, cuya reacción podían observar a través de una ventana. Antes que infligir sufrimiento al otro, estos animales eligen pasar hambre, padeciendo durante días e incluso semanas.» (American Journal of Psychiatry, v.121)

– «Hace unos años el conocido primatólogo holandés F. B. M. de Waal realizó un experimento que tuvo gran repercusión. Los macacos rhesus tienen un sistema social determinado por una escala jerárquica rígida en la que los individuos dominantes mantienen atemorizados a los subordinados. Otra especia próxima, los de muñón, tienen, por el contrario, buen carácter, son poco agresivos y tras una pelea se reconcilian fácilmente. El experimento consistió en colocar en la misma jaula individuos de ambas especies con objeto de comprobar si los rhesus modificaban su comportamiento al interaccionar con los macacos de muñón. Inicialmente, los rhesus reaccionaron con miedo y gruñidos, agrupándose en una esquina de la jaula, mientras los de muñón paseaban tranquilamente y mostraban curiosidad por la larga cola que los rhesus tienen y ellos no. Con el tiempo, el nivel de conflictividad de los rhesus fue disminuyendo y se inició un comportamiento de acicalamiento entre individuos de ambas especies. El nivel de relajación de la jaula aumentó, alcanzándose una situación similar a la habitual entre los macacos de muñón y, al cabo de cinco meses, unos y otros llegaron incluso a dormir agrupados.» [4]

– Un gato callejero fue filmado en Turquía (distrito de Antalya Kızılsaray) tratando de reanimar su amiga que fue atropellada por un coche. A pesar de que algunas personas trataron de ayudarlo, el gato blanco no los dejaba acercarse durante dos horas seguidas. Finalmente llegaron a un veterinario y tomó el gato herido. (No quedó muy claro si el gato se salvó)

«En el mundo de los primates, Warneken y sus colegas en el Instituto Max Planck de Leipzig, Alemania, hallaron recientemente que los chimpancés prestan ayuda incluso a chimpancés no emparentados y a humanos que no conocen, aún cuando eso les supone una molestia y sin que tengan expectativas de recompensa.» [3]

– Blackie, una carpa dorada moor severamente deformado, a duras penas podía nadar. Big Red, una carpa dorada oranda más grande, sintió la impotencia de Blackie. Tan pronto como Blackie fue introducido en el tanque de Big Red, éste comenzó a cuidarle. “Big Red observa constantemente a su nuevo y enfermo compañero, levantándole suavemente en su ancha espalda y nadando con él alrededor del tanque” informaba un periódico sudafricano en 1985. Siempre que la comida era esparcida sobre ellos, Big Red llevaba a Blackie a la superficie del agua para que los dos pudieran comer. El dueño de la pecera dijo que durante un año Big Red había estado mostrando esa “compasión”. La mayoría de los humanos muestran mucha menos compasión por los peces. Trágica e irónicamente, fallamos en reconocer una sensibilidad en los peces que sobrepasa la nuestra de muchas maneras distintas[5].

– En la punta norte de las montañas albanesas, en el transcurso de la primavera de 2007 se dió el caso de un lobo al que unos cazadores metieron en una jaula junto a un burro para que le devorase. Ante la sorpresa de los desalmados presentes, lobo y burro se hicieron amigos. Pronto se convirtió en un suceso mediático que puso en alerta al movimiento animalista y que hizo que la presión internacional desembocase en la liberación de ambos animales

– Existe el caso de una leona que rechazaba el consumo de carne y mostraba su amistad con animales de otras especies.

Creíamos que el ser humano era el único animal capaz de sentir empatía y de ser altruistas.[2] Sin embargo, el altruismo existe en muchos otros animales. Estar conectado con los demás, entenderlos y sentir su dolor no es exclusivo del ser humano. El primátologo Frans de Waal, gran estudiador de las emociones animales, habla con Punset sobre empatía y simpatía, capacidades clave para el éxito en la vida social.

«Cuando un ser humano protege a otra especie amenazada de peligro, lo llamamos “compasión”, pero cuando lo hace una ballena o un delfín lo llamamos “instinto”.» —Pitman y Durban

Referencias

[3] humanismoyconectividad.wordpress.com – De las neuronas espejo a la neuropolítica moral
[4] A la sombra de Darwin. Las aproximaciones evolucionistas al comportamiento humano. Laureano Castro, Carlos López-Fanjul y Miguel Ángel Toro. Ed. Siglo Veintiuno.
[8] I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica – 23-25 de junio / 18-20 de agosto, 2008. «La evolución de la mente y el comportamiento moral». Pablo Quintanilla. PUCP. pag.9-11
[9] Cf. Wispé, Lauren, “History of the Concept of Empathy”, en: Eisenberg, N. y J. Strayer (eds.), Empathy and its Development, Cambridge: Cambridge University Press, 1987, pp. 17-37; The Psychology of Empathy, Nueva York: Plenum Press, 1991.
[10] Cf. Hartfield, E., Cacioppo, T.T., Raspón, R.L., (1993), “Emotional contagion”, en: Current Directions in Psychological Science, 2:96-99. Según estos autores el contagio emocional comienza como una tendencia automática a imitar y sincronizar con otra persona posturas y gestos, convergiendo posteriormente en el plano emocional.

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