ARGUMENTO: “El número de muertes no aumenta la gravedad de un hecho”

RESUMEN: ¿Qué es el dilema del tranvía? ¿tienen valor las vidas de las personas? ¿es peor elegir que mueran más personas que elegir que mueran menos? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

La axiología es la rama de la Filosofía que se encarga de estudiar el valor. Debemos respetar a los demás porque cada uno de ellos es éticamente valioso en sí mismo, es decir, porque tiene valor intrínseco, esto implica no elegir hacerles un mal mediante una omisión. Si valoramos a un ser sintiente más que 0 entonces con más razón deberemos valorar la vida de dos seres sintientes equivalentes. Dar más valor a un mayor número de seres sintientes equivalentes no significa que no se deba respetar a quienes son menos.

Palabras clave: axiología, cuantificación ética, dilema del tranvía

1. A priori tenemos el deber de prestar auxilio.

En un artículo anterior demostré que existe una relación causa-efecto entre lo que se elige no hacer y las consecuencias de dicha omisión.[1] Por lo tanto, somos responsables de nuestras omisiones. Si omitimos auxilio a alguien entonces somos responsables de las consecuencias de dicha omisión. Esto quiere decir que a priori tenemos el deber ético de prestar auxilio. Por ejemplo, si un tranvía circula fuera de control y va a atropellar a unas personas que están atadas a la vía entonces a priori tenemos el deber ético de accionar la palanca que desvía el tranvía a otra vía en la que hay 0 personas atadas. Si en lugar de prestar auxilio a dichas personas elegimos no accionar la palanca entonces seríamos responsables de las consecuencias de dicha omisión.

Dilema del tranvía y derecho de auxilio

Parto de dicha idea para a continuación tratar el tema del valor del número de personas.

2. El dilema del tranvía es uno de los dilemas más importantes de la Ética, pues muestra claramente la diferencia entre un marco normativo «deontologista» y un marco normativo consecuencialista.

Dilema del tranvía y mal menor

El dilema del tranvía, ideado por Philippa Foot (1920-2010), nos presenta el siguiente dilema: «Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar una palanca que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?». (Nota: se puede hablar de «botón» o de «palanca» indistintamente.)

En el dilema del tranvía sólo conocemos el número de personas que hay atadas a las vías, desconocemos cualquier otra información sobre ellas que pudiera modificar su valor como unidad;[2] de esta manera sólo se tienen en cuenta dos cosas: (a) el papel que juegan las omisiones en la Ética, y (b) el valor del número de vidas. Como también somos responsables de las consecuencias de las omisiones entonces debemos elegir el mal menor: el mal menor es que mueran el menor número de personas. Por lo tanto, a priori tenemos el deber ético de accionar la palanca para que el tren atropelle a la persona que está en la otra vía, salvando así a las otras 5 personas.

3. Las personas que dicen que a priori «no tenemos el deber de prestar auxilio» dicen que «elegir salvar la vida a 1 persona o no salvar a nadie es una opción personal», por lo tanto también dicen que «no tenemos el deber ético de salvar la vida al mayor número de personas».

Para comprender esto que acabo de decir podemos plantear el dilema del tranvía de manera diferente. Lo llamaremos «El dilema de los dos tranvías» y sería el siguiente: «Dos tranvías, A y B, corren fuera de control por dos vías paralelas. Un filósofo malvado ha atado a una persona en la vía por la que circula el tranvía A y ha atado a cinco personas en la vía por la que circula el tranvía B. Afortunadamente, existe un botón A que detiene al tranvía A y un botón B que detiene al tranvía B. Por desgracia, el sistema sólo permite detener un tranvía cada 5 minutos. ¿Tenemos la obligación ética de pulsar el botón B para salvar al mayor número de personas?».

Dilema del tranvía con dos trenes

Las personas que rechazan el deber de prestar auxilio responderán que no existe la obligación ética de salvar al mayor número de personas, pues consideran que es éticamente correcto elegir no salvar la vida a las personas, es decir, consideran que es éticamente correcto matar por omisión.[1] En cambio, si se acepta que omitir pulsar el botón B nos hace responsables de la muerte de 5 personas entonces en el dilema del tranvía clásico también seremos responsables de las consecuencias de omitir pulsarlo, y por lo tanto deberemos elegir el mal menor (consecuencialismo), quedando el «deontologismo» rebatido.

4. Algunas personas que rechazan el deber de prestar auxilio dicen que «es tan éticamente incorrecto matar directamente a una persona como matar directamente a X personas».

Cada vida importaPodemos leer esto, por ejemplo, en un artículo titulado «El dilema del tren» (otro blog del autor del blog «Filosofía Vegana») cuando dice: «Cada persona, por el hecho de ser persona, tiene el mismo valor moral intrínseco que cualquier otra. Así que no se pueden “sumar” personas como si fueran números. Cinco [5] tiene mayor valor matemático que uno [1]; pero no tiene mayor valor moral. Las personas no son números; son individuos que poseen un valor inherente que no puede [debe] ser violado para nuestro beneficio o para beneficio de otros. El principio del valor intrínseco de la persona es la base de la moral (…) los números son relevantes para las matemáticas pero no son argumentos morales a la hora de establecer decisiones correctas». Por lo tanto estas personas consideran que es éticamente igual de incorrecta (igual de grave) una acción que mata a 2 personas, que una acción que mata a 10000 personas o a X personas, porque dicen que «ambas son matanzas». (ver imagen adjunta. Errata: no es moralmente, sino éticamente.).

Hice una encuesta en Twitter que demuestra que una gran parte de la población (1 de cada 3 humanos) considera erróneamente que es tan grave la muerte de una persona como la muerte de un millón de personas:

Nueva encuesta en 2019:

El error de estas personas «deontologistas» es que realmente no reconocen el valor intrínseco de cada ser sintiente porque niegan la individualidad: sólo tienen en cuenta la acción que se origina en el sujeto (por ejemplo, la acción de matar), no las consecuencias (no cada persona muerta). En cambio, los consecuencialistas sí tenemos en cuenta las consecuencias. Por ejemplo, dos personas, Ana y Borja, tienen dos valores intrínsecos: el valor intrínseco de Ana y el valor intrínseco de Borja. Afirmar que no existe ninguna diferencia a nivel ético entre una acción que asesina a Ana y una acción que asesina a Ana y también a Borja, implica negar el valor intrínseco de Borja, limitándose a condenar el «asesinato de alguna persona», sin tener en cuenta el valor intrínseco de cada persona concreta asesinada. La negación del valor intrínseco individual es la razón por la que estas personas sólo juzgan éticamente las acciones de los agentes éticos[3] y no la muerte de personas en sí misma (sea cual sea la causa que hizo desaparecer dicho valor intrínseco). Por dicha razón, estas personas no consideran un problema ético que mueran 2 personas por la caída de un rayo o que 6.000.000 niños mueran cada año por falta de medicinas, pues recordemos que, erróneamente, estas personas rechazan el deber de prestar auxilio[1] y por lo tanto rechazan el derecho a la salud y a la vida.

5. Algunas personas que aceptan el deber de prestar auxilio dicen que «elegir salvar la vida al mayor número de personas es una discriminación arbitraria hacia quienes pertenecen al grupo minoritario».

Dilema del tranvía y azar

En ocasiones nos encontramos con la objeción de que: «elegir salvar la vida a más individuos que a menos es una discriminación arbitraria contra quienes pertenecen al grupo minoritario». Y la solución que  proponen es la siguiente: «si hay que elegir entre salvar a un grupo de individuos o salvar a otro entonces no hay que tener en cuenta el número de individuos que componen cada grupo, sino tirar una moneda al aire para que mediante el azar no se discrimine arbitrariamente a nadie».

Este argumento falla al aplicar el Principio de Igual Consideración de Intereses, pues elegir salvar a más personas que a menos es una discriminación, pero no es arbitraria.[4] Por ejemplo, sería una discriminación arbitraria no permitir el acceso al cine a las personas que van solas y permitírselo a quienes van acompañados, pues ello no es relevante para comprar una entrada y ver una película. Asimismo, es una discriminación elegir salvar a más personas que a menos personas o elegir salvar a menos personas que a más personas, pero no es arbitrario, pues la Ética defiende la salud y la vida de las personas y por lo tanto no es arbitrario salvar al mayor número de personas.

En el siguiente vídeo, Richard Stallman nos habla sobre elegir el mal menor (o menor mal).

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