ARGUMENTO: “Debemos respetar a los humanos marginales porque es lo normal en la especie humana”

RESUMEN: ¿Qué es el argumento de la normalidad? ¿el argumento de la normalidad rebate el argumento de los casos marginales? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Debemos tratar éticamente a cada sujeto según sus capacidades, no según las capacidades «normales» de su especie. Da igual si los humanos marginales no son agentes éticos y si respetar a los humanos es lo normal o habitual dentro de la especie humana. Debemos respetar a los humanos marginales porque al ser sintientes tienen intereses que a priori no deben ser frustrados, especialmente el interés a la salud y la vida que es el derecho ético más esencial. Con quienes no son humanos ocurre exactamente lo mismo.

Palabras clave: argumento de la normalidad, humanos marginales, superposición de especies

 

En el anterior artículo vimos que el argumento de los casos marginales (the argument from marginal cases) demuestra que no existe un criterio no definicional y de cumplimiento empíricamente comprobable que sea satisfecho por todos los seres humanos y solo por ellos. Al intentar discriminar a quienes no son humanos también se discrimina a millones de humanos que no cumplen el requisito que se les exige a quienes no son humanos: fetos, bebés, niños pequeños, humanos con diversidad intelectual, seniles, etc.[1]

Algunos responden al argumento de los casos marginales con el argumento de la normalidad de especies (the argument from species normality), argumento propuesto por Tibor R. Machan y acuñado por David Graham.

Argumento de la normalidad

1. Algunos dicen que «los humanos marginales no cumplen el requisito para ser personas, pero como lo normal es que los humanos sean personas entonces los humanos marginales también deben serlo», usando el llamado «argumento de la normalidad de especies».

Según Tibor R. Machan (1939-2016) existe una propiedad éticamente relevante (llamémosla P) que todos los humanos y solo los humanos poseen: «pertenecer a una especie que, en promedio, posee alguna propiedad Q éticamente relevante». Éste es el argumento de la normalidad de especies. Para Machan dicha propiedad Q es «ser agente moral»(1), pero podría haber elegido cualquier otra característica que tampoco tenga nada que ver con el origen del deber.

Formulamos de forma más clara el argumento de la normalidad:

(P1) Está justificado privar de consideración ética a quienes no poseen cierta propiedad Q.
(P2) Ni los animales no humanos ni una serie de humanos poseen esa propiedad Q.
(P3) Los humanos que no poseen esa propiedad Q (humanos marginales) pertenecen a la especie humana.
(P4) Debemos considerar éticamente a los humanos marginales porque es lo normal dentro de la especie humana.
(C) No está justificado privar de consideración ética a los humanos, pero sí a los animales no humanos.

Machan utiliza el argumento de la normalidad de especies mediante la analogía de una silla rota. Igual que una silla rota pertenece a la categoría «silla», un ser humano marginal pertenece a la categoría «humano», por ello, dice Machan, la silla rota debe ser tratada como una silla y el humano marginal como un humano[1]:

«… las clasificaciones y las atribuciones de la capacidad confían en el buen sentido de hacer algunas generalizaciones. Una manera de mostrar esto es recordar que las sillas rotas, si bien no son nada bueno para sentarse, son sillas todavía, no son monos o árboles de palma. Las clasificaciones no son algo rígido, sino algo razonable. Si bien hay algunas personas que, por un tiempo por ejemplo cuando se está dormido o en estado de coma están faltas de agencia moral, en general, los humanos poseen esta capacidad, mientras que los no-agentes no. Por lo tanto, tiene sentido entender que tienen derechos por lo que deben ser respetados y protegidos. Esto simplemente no funciona para otros animales». Tibor R. Machan

En resumen, lo que dice Macham es que el respeto ético hacia alguien depende de lo que es normal dentro de la especie de ese individuo. En lugar de la especie podría haber elegido la raza, el sexo, o cualquier otra categoría éticamente arbitraria, no cambiaría nada en su argumento.

Asumiendo que la especie es éticamente irrelevante, pues el deber ético se origina en los intereses, Machan también se equivoca porque debemos tratar éticamente a cada sujeto según sus capacidades, no según las capacidades «normales» de su especie.

argumento de la normalidad

James Rachels (1941-2003), en su ensayo «Darwin, Species, and Morality» («Darwin, las especies y la moralidad») responde al argumento de la normalidad del siguiente modo[2]:

«Esta idea de que cómo los individuos deben ser tratados viene determinado por lo que es normal para su especie tiene un cierto atractivo, ya que parece expresar nuestra intuición moral hacia los seres humanos defectuosos. No debemos tratar a una persona peor sólo porque ha sido desafortunada, podríamos decir acerca de alguien que ha sufrido daño cerebral. Pero la idea no se hace cargo de una inspección cercana. Supongamos que (lo que probablemente es imposible) un chimpancé aprendió a leer y hablar inglés. Y supongo que con el tiempo fue capaz de conversar sobre la ciencia, la literatura y la moral. Finalmente, desea asistir a clases en la universidad. Ahora puede haber varios argumentos sobre si se debe permitir esto, pero supongamos que alguien argumenta de la siguiente manera: sólo se debe permitir que los seres humanos asistan a estas clases. Los seres humanos pueden leer, hablar y entender la ciencia. Los chimpancés no pueden. Sin embargo, este chimpancé puede hacer esas cosas. -Sí, pero los chimpancés normales no pueden, y eso es lo que importa. ¿Es este un buen argumento? Independientemente de lo que otros argumentos podrían ser convincentes, éste es débil. Supone que debemos determinar cómo un individuo debe ser tratado, no sobre la base de sus cualidades, sino sobre la base de las cualidades de otras personas. A este chimpancé no se le permite hacer algo que requiere la lectura, a pesar de que puede leer, porque los chimpancés no pueden. Parece no sólo injusto, sino irracional». —James Rachels

Otra forma de darse cuenta de lo erróneo de este «trato grupal» hacia los individuos de una especie es pensar que si lo normal en la especie humana es que los humanos sean agentes éticos entonces deberíamos tratar a los humanos marginales (bebés, niños, discapacitados psíquicos profundos, seniles, etc.) como si también lo fueran, exigiéndoles responsabilidades o tratándoles como si fueran adultos. O, por ejemplo, si lo normal en la especie humana es que los individuos que la componen no sean discapacitados entonces las instalaciones para discapacitados deben eliminarse, pues lo normal en la especie humana es que no se usen. Se podrían añadir miles de ejemplos que demuestran que el argumento de la normalidad es absurdo.

Da igual si los humanos marginales no son agentes éticos y si respetar a los humanos es lo normal o habitual dentro de la especie humana. Los seres sintientes tenemos intereses que a priori no deben ser frustrados, especialmente el interés a la salud y la vida que conforman el derecho ético esencial.

Notas

(1) Lo correcto sería referirse a agentes éticos, no a agentes morales, pues existen morales no éticas.

Referencias

[1] Machan, Tibor. «Putting Humans First: Why We Are Nature’s Favorite». Rowman & Littlefield Publishers (March 1, 2004).
[2] Rachels, James. «Animal Rights and Human Obligations» («Derechos de los Animales y Deberes Humanos»), Tom Regan y Peter Singer, eds. pag. 100.

Bibliografía

– Altmann, S.M., 2016. «Marginal Cases Versus Species Normality». Rerum Causae, 8(1), pp.1–10.
– Sam, 2015. «Argument from ‘Species Normality’», blog «greenappleandblackravens».
– Rejoinder to John Altick, «Putting Humans First? YES!» (Spring 2007): Animals and Right
-Altick, J. (2007). Reply to David Graham and Nathan Nobis, «“Putting Humans First?” (Fall 2006): Putting Humans First? YES!» The Journal of Ayn Rand Studies, 8(2), 317-330. Retrieved December 1, 2020, from http://www.jstor.org/stable/41551408
– Graham, D., & Nobis, N. (2006). «Putting Humans First?». The Journal of Ayn Rand Studies, 8(1): 85-104.

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