ARGUMENTO: “Las plantas sienten, tienen una conciencia”

RESUMEN: ¿A qué nos referimos cuando decimos «sentir»? ¿las plantas sienten? ¿en qué estructura física emerge la conciencia? Éstas son algunas de las preguntas a las que aquí voy a responder.

Un rasgo esencial de la Ética es la utilización de un criterio que diferencie los seres que pueden ser cortados, golpeados, etc. de aquellos otros seres que merecen respeto. El criterio que hace dicha diferenciación no puede ser otro que la existencia de una conciencia, es decir, ser alguien y no sólo ser algo; a usar dicho criterio se llama sensocentrismo y quien defiende teóricamente dicha idea es un sensocentrista. El antropocentrismo es éticamente inaceptable.

Cuando decimos que un ser «siente» no nos referimos simplemente a que reacciona a estímulos ambientales, pues toda la materia lo hace, sino que nos referimos a que tiene experiencias en una conciencia. Una conciencia es alguien que puede sufrir y disfrutar, y por lo tanto tiene intereses respecto a dichas experiencias. Los seres vivos que tienen un sistema nervioso centralizado (un cerebro) tienen una conciencia en la que pueden sufrir y disfrutar, y por lo tanto tienen intereses respecto a dichas experiencias que deben ser éticamente considerados.Las plantas no tienen cerebro, por lo tanto a priori no pueden tener conciencia, no son sujetos, no son alguien, no son personas. Las plantas reaccionan automáticamente ante estímulos ambientales para mantener su homeostasis, pero dichas reacciones se producen involuntariamente y sin que exista una experiencia asociada a ellas, tal y como sucede por ejemplo con el proceso de cicatrización de una herida. La comunidad científica niega que las plantas tengan conciencia, aunque algún científico use metáforas como «sentir», ellos mismos reconocen que las plantas realmente no sienten.

Si, a pesar de todo lo dicho, alguien está tan seguro de que una planta es alguien entonces debe ser éticamente coherente y, además de no consumir productos de origen animal, tampoco debe consumir plantas, es decir, debe promover una alimentación vegana de tipo frugívoro: frutas, frutos secos, cereales, legumbres y otros alimentos que no matan plantas.

Palabras clave: autopoiesis, conciencia, fitotomía, homeostasis, intereses, plantas, receptor sensorial, sentir, seres vivos, tu quoque

 

Antropocentristas abrazaárboles

1. Si eres antropocentrista, ya estás rebatido en otros artículos del blog.

En Ética, también en Política, existen dos categorías a la hora de tratar a los seres: cosa y persona. Las cosas son poseídas y consumidas. En cambio, las personas deben ser respetadas a priori porque tienen derechos. Para diferenciar entre personas y cosas se usa un criterio. Según el antropocentrismo, ese criterio es «pertenecer a la especie humana», por eso dicen: «los humanos deben ser respetados porque son humanos», lo cual es un argumento circular, una falacia.[1] La consecuencia de aceptar el antropocentrismo es la discriminación arbitraria hacia quienes no son humanos (especismo).[2]

La ciencia reconoce que los humanos y otros animales con cerebro tienen una conciencia[3], gracias a la cual pueden sentir dolor y placer, y por lo tanto tienen intereses respecto a dichas experiencias[4]; y es por ello por lo que deben ser respetados.[5] A usar el criterio «tener una conciencia» como criterio ético que diferencia a las cosas de las personas se le llama sensocentrismo[6] y su puesta en práctica se llama «veganismo».[7]

"Asesinos" de plantasAlgunos antropocentristas que aún no se han enterado de que siguen una ética irracional, intentan «rebatir» a los veganos diciéndoles que «las plantas también sienten» para intentar justificar de manera rápida el consumo de productos de origen animal, evitando pensar en serio sobre el tema. Estas personas no tienen un interés real sobre lo que les ocurre a las plantas, ni son «activistas en defensa de las plantas», pero dicen que «las plantas sienten» con el objetivo de concluir que: (a) los sensocentristas no están practicando bien el veganismo, pues no deberían comer plantas; y (b) que, según el sensocentrismo, está tan mal comer plantas como comer animales; intentando así justificar un mal (asesinar animales) denunciando el supuesto mal que hacen otros. Se inventan la sintiencia de las plantas para seguidamente usar un argumento tu quoque o «y tú también» que es una variante de la falacia ad hominem.[8]

Es obvio que si existieran estudios científicos que afirmaran que las plantas pueden sentir dolor y que por tanto tienen conciencia (o directamente que afirmaran que tienen conciencia) entonces existirían defensores del bienestar vegetal y defensores de derechos de las plantas que exigirían que se anestesiara a las plantas antes de podarlas o cortarlas, o que directamente se opondrían a la poda y corte de plantas, en analogía al bienestar animal y a los defensores de los derechos de los animales. La comunidad científica no reconoce que las plantas tengan conciencia, ni siquiera la sociedad, por eso no existen científicos ni asociaciones que se opongan a podar plantas o que promuevan que antes de dañarlas se las anestesie para que no sientan dolor y no sufran por ello. El siguiente vídeo es una burla a la creencia de que las plantas sienten.

Reaccionar y sentir

2. Algunas personas dicen que «las plantas sienten» pero no aclaran si se refieren a que reaccionan a estímulos ambientales o si se refieren a que tienen una conciencia.

Por ejemplo, el católico Stefano Mancuso va por ahí afirmando que «las plantas no sólo viven, también son capaces de sentir […] las plantas tienen nuestros cinco sentidos y quince más. No tienen ojos y oídos como nosotros, pero perciben todas las gradaciones de la luz y las vibraciones sonoras».

Lo primero que deben aclarar las personas que afirman que «las plantas sienten» es a qué se refieren con la palabra «sentir»: ¿a «reaccionar a estímulos ambientales» o a «tener experiencias en una conciencia»? La respuesta a esta pregunta es muy importante, pues si un ser, inerte o vivo, no tiene conciencia entonces no puede tener experiencias ni intereses asociados a ellas, y en tal caso no perjudicamos a nadie si lo dañamos o matamos.

Los termómetros reaccionan, no sienten

Lo primero que se debe tener en cuenta es que toda la materia reacciona a estímulos ambientales. La materia reacciona a la la luz, a la humedad, a la temperatura, a la presión, etc. Por ejemplo, el agua reacciona a la temperatura, así como lo hace el mercurio que hay en el interior de un termómetro, cambiando su volumen. Las bobinas bimetálicas modifican su forma con el calor y sin él vuelven a su forma original, pero no sienten, pues no tienen una conciencia. Sin embargo, algunas personas dicen que «si un ser reacciona a estímulos ambientales entonces tiene sentidos y siente», es decir, erróneamente usan la palabra «sentir» como sinónimo de «reaccionar». Según estas personas, el agua, un termómetro y una bobina bimetálica sienten y tienen sentidos porque reaccionan a estímulos ambientales. Estas personas usan un significado erróneo de la palabra «sentir», pues «sentir» no es un sinónimo de «reaccionar», son dos fenómenos diferentes. La Real Academia Española (RAE) define «sentir» como «experiencia», y una experiencia es cada uno de los diferentes estados que puede tener una conciencia. Cuando decimos que un ser «siente» nos referimos a éste tiene experiencias en una conciencia, pues lo sentido, siempre lo siente alguien. Por ejemplo, el dolor siempre lo siente alguien, pues un dolor que no lo siente nadie no es dolor. Por lo tanto, reaccionar a estímulos ambientales no es lo mismo que sentir.

¿Dónde sienten las plantas?

3. Quienes afirman que «las plantas sienten» deben indicar en qué tejido se origina, pues las plantas no tienen cerebro.

Sabemos la conciencia humana y de otros animales emerge de la estructura material llamada «cerebro», y es en el cerebro donde sentimos. Si alguien afirma que las plantas tienen conciencia entonces debe indicar qué tejido de la planta se encarga de transformar los estímulos internos y externos de dicho organismo en experiencias: ¿xilema?, ¿floema?, ¿tejido meristemático?, ¿tejido epidérmico?, ¿parénquima?, ¿colénquima?, ¿esclerénquima?, etc. ¿en cuál?, y por supuesto, adjuntar el artículo científico que lo afirma o, en todo caso, los argumentos para sostener tal afirmación.

Partes de las plantas

Algunas de las personas que afirman o sugieren que las plantas tienen conciencia dicen que la estructura material de la cual emerge la conciencia de las plantas son las raíces (son «el cerebro de las plantas»), pero no dejan claro si emerge una conciencia de la raíz completa o si emerge una conciencia por cada punta de la raíz; esto es algo que deben aclarar. Según Stefano Mancuso, «Podríamos decir que toda la planta es cerebro». Algunas personas no indican en qué estructura de las plantas supuestamente emerge una conciencia, pero señalan hechos que, según ellos, demuestran la existencia de una conciencia. Por ejemplo: movimiento, reacciones defensivas, transmisión de información, etc. Otras veces no hablan directamente de conciencia, sino que hablan de «inteligencia»: «’inteligencia’ implica una conciencia», dicen. Es curioso que sólo dicen esto de plantas, y a lo sumo de seres vivos (seres que se nutren, crecen, se reproducen y mueren), pero no se sabe muy bien por qué razón no aplican lo mismo a seres inertes como las máquinas. Teniendo en cuenta que «sentir» son experiencias de una conciencia, vamos a responder a quienes afirman que las plantas tienen conciencia.

Lo primero que deben hacer quienes afirman que las plantas tienen conciencia es hacer referencia al NOMBRE DEL ESTUDIO, publicado en revistas que por su rigor cuenten con un reconocido prestigio dentro de la comunidad científica, en el que se afirme que las plantas tienen una conciencia. Tal estudio NO existe. La comunidad científica rechaza la idea de que las plantas tengan un sistema nervioso análogo al que tienen los animales.

En marzo de 2007 se publicó en la revista «Trends in Plants Science» un artículo titulado «Plant neurobiology: no brain, no gain?». El texto es la declaración formal de 33 expertos en fisiología vegetal de institutos de investigación y de universidades de todo el mundo que rechazan la idea de que existe una analogía entre determinadas estructuras fisiológicas de los organismos vegetales y el sistema nervioso de los animales; analogía a la que se podría llegar en base al uso de metáforas erróneas como «neurobiología vegetal». Ya en el segundo párrafo se puede leer: «Comenzamos afirmando simplemente que no existe evidencia alguna de que las plantas posean estructuras tales como neuronas, sinapsis o cerebro». El artículo fue respondido por Anthony Trewavas en su artículo «Response to Alpi et al.: Plant neurobiology – all metaphors have value» en el que defiende el uso de metáforas como «neurobiología vegetal» haciendo referencia a metáforas puntuales que usaron Charles Darwin, Barbara McClintock o James Shapiro. En este sentido, Trewavas ya ha sido respondido, por ejemplo Ken Richardson le responde con su artículo «Response a Anthony Trewavas», pero el debate continuará porque en realidad no es un debate científico, sino lingüístico, y por eso mismo es un debate científica y éticamente irrelevante. El propio Trewavas dice en su texto: «No conozco ningún biólogo que contradiga la centenaria evidencia anatómica que muestra que las plantas no tienen nervios ni cerebro. La neurobiología vegetal es una metáfora». No existe ningún científico que sugiera que la plantas tengan una conciencia. Lo único que ocurre aquí es que tanto Trewavas como Mancuso y otros defienden que estas metáforas «ayudan a estimular la investigación». No está en entredicho la falta de sintiencia de las plantas. Lo que se debate es el lenguaje metafórico empleado por algunos, el cual hace que algunas personas interpreten las metáforas literalmente y crean erróneamente que las plantas también sienten.

Mostrar artículo «Plant neurobiology: no brain, no gain?»

«Plant neurobiology: no brain, no gain?» (TRENDS in Plants Science, 2007)

Los últimos tres años han sido testigos del nacimiento y la propagación de una idea provocativa en la ciencia botánica. Se ha sugerido que las plantas superiores tienen nervios, sinapsis, el equivalente a un cerebro localizado en las raíces, e inteligencia. La idea ha atraído a un número de adeptos al tema, se han celebrado reuniones en diferentes países para abordar el asunto, y se ha llegado incluso a fundar una sociedad internacional dedicada a la “neurobiología vegetal”. Nos preocupan las bases sobre las que parte este concepto. Sostenemos que la neurología vegetal no ayuda en nada a la comprensión de la fisiología de las plantas, la biología de las células de los vegetales o la comunicación celular.

Comenzamos afirmando simplemente que no existe evidencia alguna de que las plantas posean estructuras tales como neuronas, sinapsis o cerebro. El hecho de que el término “neurona” derive de una palabra griega que describe una “fibra vegetal” no es un argumento de peso para reclamar su uso en la biología vegetal. Vamos a considerar los erróneos argumentos presentados para apoyar la idea de “neuronas” en las plantas. Según esta lógica, las células que contribuyen al transporte de auxina son equivalentes a las cadenas de neuronas, y se argumenta que el transporte de la auxina se produce a través de un mecanismo basado en un concertado transporte vesicular “células semejantes a neurotransmisores–transporte celular”. Este razonamiento presenta dos dificultades inmediatas. (I) Los neurotransmisores no son transportados de célula a célula a través de largas distancias. (II) La evidencia de que la auxina es retenida dentro de las vesículas exocíticas es débil. Esta noción es difícil de conciliar con la conocida distribución y función de los transportadores de auxina de las familias PIN y AUX, localizados en diferentes dominios polares de la membrana plasmática y el ciclo desde y hacia los compartimentos endosomáticos a la membrana plasmática bajo el control de la auxina. Junto con la subfamilia ABC de proteínas transportadoras de auxina de la P-glicoproteína, que parece funcionar de forma coordinada con las proteínas PIN portadoras del flujo de salida, estas actividades de transporte son suficientes para dar cuenta de las tasas conocidas de transporte polar de auxinas, no encajando con la idea del tráfico de auxinas por vesículas, ni siquiera en distancias subcelulares.

Otro escollo fundamental en relación con el concepto de neurobiología vegetal es la común ocurrencia de plasmodesmos en las plantas. Su presencia representa un problema para la comunicación celular desde un punto de vista electrofisiológico – el extenso acoplamiento eléctrico excluiría la necesidad de transporte de célula a célula de un compuesto de “semejantes a neurotransmisores”. Tal y como señala Eric Brenner “estas conexiones citoplasmáticas tienen un papel muy pobre en el acoplamiento eléctrico entre las células vegetales polarizadas adyacentes”. De hecho, un buen número de plasmodesmos tienen lugar entre las células que contribuyen al transporte polar de auxinas, pero su existencia se ha descuidado en el campo de la investigación de las hormonas vegetales. Dada la existencia de plasmodesmos, no hay a priori razón por la que las hormonas vegetales no deban ser transportadas por vía simplástica a través del citosol. De hecho, la presencia de afluencia y de eflujo de transportadores de auxina en la membrana plasmática sugiere que la auxina está presente en el citosol. Por lo tanto, o la auxina está efectivamente excluida de los plasmodemos, o no penetra en el citosol hasta llegar a las células de la zona de extensión donde se recoge y se libera para ejercer sus efectos. Claramente, aún hay muchas incógnitas en torno al transporte de auxina, y el papel (si es que lo hay) de los plasmodesmos en este proceso sigue siendo tan enigmático como lo era hace 15 años. Se podría argumentar que la auxina se recoge en vesículas vía endocitosis y que se mueve por la circulación vesicular hasta la membrana plasmática opuesta donde se libera por exocitosis, y que este proceso se repite continuamente a lo largo del eje de transporte. Sin embargo, este modelo no debe confundirse con lo que ocurre en los nervios y en las sinapsis.

Así que, ¿estamos mejor informados científicamente acerca de estas incógnitas, o mejor encaminados hacia su resolución, con el concepto de neurobiología vegetal? Las células vegetales comparten características en común con todas las células biológicas, incluyendo las neuronas. Por citar sólo algunas: las células vegetales muestran potenciales de acción, sus membranas albergan los canales iónicos dependientes de voltaje, y hay pruebas de sustancias semejantes a las neurotransmisoras. Igualmente, en un sentido más amplio, la transducción de señales y transmisión a distancia es una propiedad tanto de las plantas como de los animales. Aunque a nivel molecular son aplicados los mismos principios generales y pueden extraerse algunos paralelismos importantes entre los dos principales grupos de organismos, esto no implica a priori la existencia de estructuras comparables a la propagación de la señal a nivel celular, de tejidos y de órganos. Un atento análisis de nuestro conocimiento actual sobre la fisiología y la biología y la comunicación celular de plantas y animales no proporciona ninguna evidencia de tales estructuras.

El desarrollo de nuevos conceptos y campos de investigación se da a partir de la síntesis del pensamiento creativo y el cauto análisis científico. El verdadero éxito se mide por la capacidad de fomentar nuevos enfoques experimentales basados en sólidos estudios previos. ¿Qué beneficios científicos aportará a largo plazo la agregación del concepto de “neurobiología vegetal” dentro de la comunidad de investigación botánica? Sugerimos que estos serán muy limitados mientras la neurobiología vegetal siga estando basada en analogías superficiales y cuestionables extrapolaciones. Reconocemos la importancia de un diálogo vigoroso y sano y aceptamos que, al igual que un eslogan, la “neurobiología vegetal” ha servido como un foro inicial para debates en torno a los mecanismos implicados en la comunicación celular de las plantas. Ahora instamos a los defensores de la neurobiología vegetal a revaluar críticamente el concepto y a desarrollar para ello una base intelectualmente rigurosa.

Traducido por: Igor Sanz

 

Para la ciencia que estudia la mente o conciencia, la neurociencia, las plantas no tienen conciencia. La neurociencia sigue cinco principios fundamentales:

1º.- La mente y el cerebro son inseparables. El prestigioso neurólogo Antonio Damásio lo dice bien claro: «El primer requisito para sentir, pues, procede de la presencia de un sistema nervioso».
2º.- Cada función mental en el cerebro se lleva a cabo con circuitos neuronales en diferentes regiones del cerebro.
3º.- Todos los circuitos del cerebro están construidos con células nerviosas.
4º.- Los circuitos neuronales usan moléculas específicas para generar señales en y entre las células nerviosas.
5º.- Las moléculas específicas se han conservado a través de millones de años de evolución.

A continuación dejamos información sobre ello:

– En el primer capítulo titulado «Introduction: Mind and Mental Phenomena» del libro «Aspects of Mind», publicado en enero de 2005, el Dr. Sean Crawford (profesor de Filosofía de la Mente, Universidad de Manchester) explica que las plantas no tienen vida mental y, por lo tanto, no son sintientes[8]:

«Two of the most fundamental contrasts we draw are between living and nonliving things – the animate and inanimate – and between things with minds or mentality and those without. Rocks and chairs are pieces of inanimate matter; they are not just dead, they are the kinds of things that can never have been alive, at least not in their present form. Plants, however, are living organisms, as are animals. But while plants are alive they do not have any kind of mental life. Their activities include nutrition, growth and reproduction, but they are not sentient; they have no sensations or sensory awareness or consciousness of the world around them. Plants do not undergo any experiences; they are not ‘ awake’ . While they certainly exhibit responses to various sorts of stimuli, it would be stretching it to say they perceive things in their environment or that they have inner experiences or sensations, that they can, for example, feel pain.» —Dr. Sean Crawford, «Aspects of Mind».

Traducción: «Dos de los contrastes fundamentales que trazamos son entre las cosas vivas y no vivas – lo animado y lo inanimado – y entre las cosas con mente y las sin mente. Las rocas y sillas son piezas de materia inanimada, no sólo están muertas sino que son el tipo de cosas que nunca han estado vivas, al menos no en su forma actual. Las plantas, sin embargo, son organismos vivos, como los animales. Pero, a pesar que las plantas están vivas ellas no tienen ningún tipo de vida mental. Sus actividades incluyen nutrición, crecimiento y reproducción, pero no son sintientes; no tienen sensaciones o consciencia sensorial; no están «despiertas». A pesar de que exhiben respuestas a varios tipos de estímulos, sería exagerar decir que perciben las cosas de su entorno o que tienen experiencias internas o sensaciones, o que pueden por ejemplo sentir dolor.» —Dr. Sean Crawford, «Aspects of Mind».

– Un vegano (flex23) se tomó la molestia de escribir un mail a Ann Butler ( abbutler[arroba]gmu.edu ), una neurobióloga que tiene trabajos muy interesantes sobre conciencia animal y entre otras cosas le preguntó sobre el sentir en plantas:

Pregunta a Ann Butler: «And also I want to know if you could give me some papers that establish that plants or any being without a nervous system can not have subjective experiences as for example a stone or a PC.»

Respuesta de Ann Butler: «I don’t know of any papers at all that would address this issue. It seems clear from so many neuroscience studies that drugs, stimulation, lesion, anesthetics, and many other interventions can affect consciousness (presence or absence, quality, and content) in humans and other animals, and it is completely established that they do so by affecting neuronal function. Thus, I do not see how any thing that does not have a nervous system could experience consciousness, and, for me, that would include computers.»

Traducción:

Pregunta a Ann Butler: «Y también me gustaría saber si usted tiene algunos artículos que establecen que las plantas o cualquier ser sin sistema nervioso no puede tener experiencias como por ejemplo una piedra o un PC.»

Respuesta de Ann Butler: «Yo no sé de artículos que traten ese tema. Es claro de muchos estudios de neurociencia que las drogas, estimulación, lesiones, anestesia y muchas otras intervenciones pueden afectar la consciencia (presencia o ausencia, calidad y contenido) en humanos y otros animales, y está completamente establecido que lo hacen afectando la función neuronal. Por ello, yo no veo como algo que no tenga sistema nervioso podría experimentar consciencia, y para mi, eso incluye a las computadoras.»

– Ya en el siglo XV, Leonardo Da Vinci decía que las plantas, al contrario que los animales, no sienten dolor pues al estar ancladas en la tierra es innecesario para ellas (pensemos en lo absurdo que sería que un ser vivo sintiera dolor si no pudiera escapar a él):

«Si bien la naturaleza ha dado sensibilidad hacia el dolor a los organismos vivos que poseen capacidad de movimiento -para preservar así las extremidades que en este movimiento están sujetas a disminuir o ser destruidas-, los organismos vivos que no poseen capacidad de movimiento no tienen que encontrarse con objetos contrapuestos, y las plantas en consecuencia no necesitan tener sensibilidad hacia el dolor, y por esta razón sucede que si las rompes no sienten dolor en sus extremidades como sucede con los animales.» —Leonardo Da Vinci, MSS. H 60 [12] r de la Biblioteca del Institut de France

INTELIGENCIA NO IMPLICA CONCIENCIA:

Si a un proceso que tiende hacia un fin (químico, físico, etc.) se le presenta un problema que dificulta o impide su consecución y dicho proceso tiende a reaccionar de tal manera que soluciona dicho problema entonces podemos llamarlo inteligente». Al hecho de que un ser vivo o un ser inerte se le presente un problema que amenaza su correcto funcionamiento y éste reaccione solucionándolo podemos llamarlo «inteligencia», pero eso no quiere decir que dicho ser tenga una conciencia. Al hecho de que las plantas reaccionen ante amenazas mediante complejos mecanismos de defensa podemos llamarlo «inteligencia», pero no implica que tengan conciencia: ser inteligente no implica ser alguien. Por ejemplo, en una entrevista a Stefano Mancuso titulada «Las raíces de la inteligencia de las plantas» (16/01/2011) éste comienza diciendo que «si se define la inteligencia como la capacidad de resolver problemas, las plantas tienen mucho que enseñarnos»; con dicha definición también podemos afirmar que una computadora es inteligente, pues también tienen capacidad para resolver problemas, pero eso no implica que una computadora tenga una conciencia, y con una planta ocurre exactamente igual.

Homeostasis: una respuesta inteligente frente a amenazas

La homeostasis son funciones inteligentes que poseen todos los seres vivos y que también pueden tener seres inertes. Por propia experiencia sabemos que el cuerpo humano realiza funciones para las cuales no es necesaria la conciencia, sino que se realizan de
manera automática con la finalidad de mantener nuestro cuerpo con vida: la regulación de la temperatura, la regulación de insulina, la cicatrización, etc. Todos estos procesos automáticos son ejemplos de lo que se conoce como homeostasis:

La homeostasis (del griego homo (ὅμος), «similar», y estasis (στάσις), «estado», «estabilidad») es una propiedad de los organismos vivos que consiste en su capacidad de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante el intercambio regulado de materia y energía con el exterior (metabolismo). Se trata de una forma de estado estacionario dinámico que se hace posible gracias a una red de sistemas de control realimentados que constituyen los mecanismos de autorregulación de los seres vivos. Ejemplos de homeostasis son la regulación de la temperatura y el balance entre acidez y alcalinidad (pH). —Wikipedia

Cuando el cuerpo humano o el cuerpo de otro animal sufre una herida o una infección se produce automáticamente una reacción bioquímica defensiva para eliminar la amenaza y para reparar el daño, es decir, ocurre involuntariamente. Por ejemplo, la cicatrización [ver vídeo] es un proceso biológico mediante el cual se regeneran los tejidos de la dermis y de la epidermis que han sufrido una herida. Al cabo de una hora de haberse producido una herida, los leucocitos polimorfonucleares o granulocitos llegan a ella y se convierten en las células más abundantes en la zona de la herida durante los próximos tres días. Es particularmente elevada su cantidad durante el segundo día. La fibronectina, los factores de crecimiento, y substancias tales como neuropéptidos y quininas son los que los atraen a la herida. Los granulocitos fagocitan los residuos y bacterias, aunque también matan a las bacterias mediante la liberación de radicales libres en un proceso denominado ‘respiratory burst’. También limpian la herida mediante la secreción de proteasas que rompen el tejido dañado. Después de haber completado su tarea, los granulocitos sufren un proceso de apoptosis y son devorados y degradados por los macrófagos. Otros leucocitos que se encuentran en la zona son células T ayudantes, que secretan citoquinas para inducir la subdivisión de las células T, aumentar la inflamación, y para mejorar la vasodilatación y la permeabilidad de los vasos. Las células T también aumentan la actividad de los macrófagos. Las personas, como conciencias que somos, no dirigimos voluntariamente estos procesos químicos defensivos que curan nuestras heridas, sino que son reacciones automáticas de la materia biológica, similares a las reacciones defensivas que también ocurren en plantas, hongos y microorganismos.

Podemos decir que la homeostasis es una reacción inteligente de los seres vivos porque es una respuesta que busca solucionar problemas que amenazan la supervivencia, pero dichas respuestas inteligentes no son el producto de una conciencia, sino el producto de millones de años de selección natural y de otros procesos.

Las reacciones de las plantas ante estímulos se llaman tropismos y pueden clasificarse en los siguientes tipos:

REACCIÓN DE LAS PLANTAS A LA LUZ

En botánica, el heliotropismo es un tipo del fototropismo (reacción de un organismo frente a una fuente de luz) que consiste en un conjunto de movimientos de los vegetales consistentes en dirigir las hojas y flores en dirección al Sol. Leonardo da Vinci (1452-1519) fue quien describió por primera vez este fenómeno. El término actual «heliotropismo» fue introducido en el siglo XIX por A. P. de Candolle, para referirse al crecimiento del ápice del tallo hacia la luz (que ahora se denomina fototropismo). Sin embargo, el término heliotropismo es usado solamente para la atracción solar, que es diferente al fototropismo (o crecimiento heliodireccional), pues el movimiento heliotrópico refiere a un cambio temporal de orientación, revirtiéndose durante la oscuridad de la noche. El heliotropismo es, en realidad, una respuesta a la luz azul. De hecho, si durante la noche una especie heliotrópica es cubierta con una cobertura transparente para el rojo pero que bloquee la luz azul, la planta no se moverá en absoluto cuando el Sol salga. En contraste, si se cubre con una cobertura transparente para el azul, la planta podrá orientarse hacia el Sol.

El ejemplo típico es el del girasol (Helianthus annuus). El movimiento es realizado por células motores en un segmento flexible justo debajo de la flor, llamado pulvinus. Esas células motoras se especializan en bombear iones potasio dentro de los tejidos, cambiando la presión de turgencia. El segmento se flexiona porque las células motoras del lado sombrío se elongan debido a los tejidos turgentes.

Otro ejemplo es el proceso de la fotosíntesis mediante el cual la energía luminosa se transforma en energía química estable, pero sólo es una cadena de acontecimientos bioquímicos sin ningún tipo de voluntad ni evento mental asociado.

REACCIÓN DE LAS PLANTAS AL TACTO:

El típico ejemplo es el de las plantas «carnívoras» que reaccionan ante un insecto cuando éste (o cualquier otra cosa), debido a la tensión o presión realizada, se pasea por encima de ella y toca unos pequeños pelos que activan el mecanismo fisioquímico que hace que la planta reaccione cerrándose; la planta no se cierra porque haya pensado: «tengo hambre y hay un insecto sobre mí al que puedo capturar para comerlo». Por ejemplo, la Venus atrapamoscas (Dionaea muscipula) posee una estructura de captura que está formada por la porción terminal de cada hoja dividida en dos lóbulos que contiene tres diminutos pelos sensitivos sobre la superficie interna. Cuando la posible presa hace contacto con uno de estos pelos la trampa se activa, pero solo se cierra si el contacto se repite en un pelo diferente dentro de los siguientes veinte segundos. Otro ejemplo de reacción al tacto es el de la planta Mimosa sensitiva (Mimosa pudica), la cual al mínimo toque de sus hojas (compuestas por numerosos foliolos) las mismas se contraen sobre el tallo como si se cerraran, con un mecanismo en la base, al mismo tiempo los tallos menores se dejan vencer por el peso. Es un mecanismo provocado por una osmosis. Entran iones de K+ lo que provoca que el medio interno se haga hipertónico respecto del exterior y se produzca una turgencia. Dependiendo si dicha turgencia tiene lugar en las células flexoras o extensoras, los foliolos se abren o se cierran. Éste es un mecanismo de defensa ante depredadores, puesto que al replegarse en un gran porcentaje parece ser una planta mustia o marchita. También es un mecanismo que sirve para no perder demasiada agua durante las horas de calor o para protegerse del viento reduciendo la superficie. Las hojas permanecen plegadas durante toda la noche.

REACCIÓN DE LAS PLANTAS A UN DAÑO EN LAS HOJAS:

Que las plantas presentan complejos mecanismos de defensa y comunicación es un hecho, se pueden citar muchos artículos científicos que lo avalan, pero dichas respuestas de complejidad variable no vienen acompañadas de eventos mentales (experiencias) porque no hay un sistema que pueda convertir los estímulos externos e internos en experiencias, ya que los vegetales no tienen sistema nervioso. Dichas respuestas son el resultado del código genético (ADN) y la adaptación al medio. Lo que sucede con las plantas es análogo, por ejemplo, al aumento de insulina en sangre después de la ingesta de glucosa en mamíferos; cuando alguien ingiere glucosa la insulina aumenta pero no se es consciente de ello. En los seres sin sistema nervioso (plantas, hongos, bacterias, etc.) todas las respuestas son así: el organismo ni se entera de ello, no hay experiencias, no hay dolor.

Las respuestas defensivas de las plantas son básicamente las siguientes:

– Respuesta hipersensitiva (HR). Cuando una parte de un vegetal resulta infectada, la planta genera una respuesta de hipersensibilidad (HR) localizada mediante la que las células del lugar de la infección sufren una rápida apoptosis para prevenir que la infección se extienda a otras partes de la planta. -> Resistencia local adquirida (LAR).
– Respuesta sistémica adquirida (SAR). La resistencia sistémica adquirida (SAR) es un tipo de respuesta de las plantas que convierte a toda la planta en resistente a un agente infeccioso en particular.
– RNA de interferencia. Los mecanismos de silenciamiento de RNA tienen una especial importancia en la respuesta sistémica ya que pueden bloquear la replicación de virus.

– En 2000, se introdujeron 200.000 antílopes en un gran parque en Botsuana, los cuales comenzaron a comerse gran cantidad de las hojas de las acacias. A las pocas semanas muchos murieron y al cabo de seis meses murieron más de 10.000. Las acacias aumentaron hasta tal punto la concentración de taninos en sus hojas, que se convirtieron en un veneno.

Toda característica que poseen los seres vivos fue fijada porque dicha característica le confería una ventaja adaptativa al medio. Cuando una característica no confiere una ventaja adaptativa o bien es perjudicial entonces esa característica será suprimida. Las plantas carecen de sistema nervioso central (cerebro) porque su estrategia evolutiva para sobrevivir como especie es distinta a la estrategia que siguieron los animales. La capacidad para sentir dolor es una característica seleccionada por la evolución para que los animales detectemos posibles peligros y podamos huir de ellos. Si acercamos los dedos al fuego sentimos el dolor que nos avisa que si no apartamos con rapidez la mano sufriremos graves quemaduras. Las plantas no tienen sistema locomotor porque están ancladas en la tierra, por lo que este mecanismo de alarma les sería, no sólo innecesario, sino incluso muy perjudicial (imaginad
sentir dolor y no poder huir). Su estrategia de supervivencia es completamente distinta y no requiere la capacidad para sentir dolor.

LA CONCIENCIA NO ES RACIONALMENTE POSIBLE EN PLANTAS:

Además, desde un punto de vista racional, la conciencia como fenómeno
individual no es posible en las plantas
. A continuación explicamos por qué:

Si una planta tiene una conciencia, llamémosla Ana, entonces cuando se divide a Ana en esquejes, cortando fragmentos del tallo, se estaría creando una nueva conciencia por cada esqueje (Berto, Carlos, Diana, Elena, etc.)… ¿cómo se divide una conciencia en dos? Pero es que, además, dicho esqueje puede ser injertado de nuevo en la misma planta o en otra planta de tal modo que el conjunto de ambos crezca como un solo organismo… ¿qué ocurre con la «conciencia» del esqueje? ¿la «conciencia» del esqueje se fusiona con la «conciencia» de la planta donde es injertado o conviven dos conciencias en el mismo ser vivo?

A veces, estas personas responden a esta objeción diciendo que la conciencia de las plantas está en sus raíces, pero no especifican si hay una conciencia en la raíz entera o si hay una conciencia en cada punta de la raíz. Si suponemos que la conciencia de una planta está en su raíz entera entonces se presentaría la misma situación que se nos presenta con los esquejes de rama, pues también existen los esquejes e injertos de raíz. Y si suponemos que en una planta hay una conciencia en cada punta de su raíz entonces en una planta habría miles de conciencias, lo cual nunca se le escuchó decir ni al científico más extravagante, y mucho menos se ha publicado alguna investigación sobre esto en revistas científicas de prestigio.

No sabemos si sienten

4. Algunas personas dicen que «no se puede afirmar al 100% que las plantas no sienten».

Según estas personas, «siempre puede ser posible que las plantas tengan conciencia, pero que la ciencia aún no la haya descubierto, por lo tanto debemos tratar a las plantas como si sintieran». Esto lo dicen con la intención de llegar a la conclusión de que «matar plantas es éticamente incorrecto y por lo tanto los veganos no deben comer plantas o deben aceptar que otros coman animales». Estas personas utilizan el argumento de la certeza/duda para llegar a conclusiones erróneas, el cual ya fue rebatido.[9]

Sin embargo, la Realidad es que la conciencia propia sólo puede ser demostrada empíricamente a uno mismo. Por lo tanto, la conciencia de las plantas no se podrá demostrar empíricamente nunca. La existencia de las demás conciencias se infiere lógicamente a partir del hecho de que la conciencia propia se origina en un cerebro funcional y comprobamos que los demás animales también lo tienen. Inferir la aparición de conciencia a partir de otros materiales o de otras estructuras es «dar un salto gratuito» en uso del razonamiento lógico.

Si las plantas sienten…

5. A pesar de que la ciencia niega la existencia de conciencia en plantas, algunas personas se empeñan en seguir diciendo que «las plantas sienten».

Si las plantas tuvieran conciencia, o si alguien realmente cree que la tienen, entonces eso no sería una razón para matar a los demás animales, sino una razón para tampoco dañar a las plantas. En tal caso, en lugar de promover una alimentación vegetariana estricta, se debería promover una alimentación a base de frutos, es decir, una alimentación frugívora[10], la cual es un tipo de alimentación vegana.

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