Libros – Respuestas Veganas https://respuestasveganas.org Comunidad científica sobre Ética y veganismo. Más de 100 respuestas a argumentos. Mon, 03 Aug 2020 22:23:16 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.3 https://respuestasveganas.org/wp-content/uploads/cropped-favicon-rv-32x32.png Libros – Respuestas Veganas https://respuestasveganas.org 32 32 The World Peace Diet (Will Tuttle, 2005) https://respuestasveganas.org/la-cultura-arriera-will-tuttle-2005/ https://respuestasveganas.org/la-cultura-arriera-will-tuttle-2005/#respond Mon, 03 Aug 2020 22:10:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2005/07/la-cultura-arriera-will-tuttle-2005.html
Libro World Peace Diet

El siguiente extracto del libro “The World Peace Diet”, de Will Tuttle, es una excelente exposición de los orígenes del rol de dominación que ejerce el hombre, de donde hemos heredado nuestros valores actuales. A la luz de esta época de fiestas de Zapote y Palmares, así como de la obsesión del pueblo con los toros, la violencia, el machismo, el rol rebajado de la mujer, el licor, etc., es de lectura obligatoria.

La dieta de la paz mundial

La mayoría de nosotros no piensa en nuestra cultura como una cultura arriera. Si miramos a nuestro alrededor, vemos más que todo carros, caminos, suburbios, ciudades, y fábricas, y mientras que hay enormes predios cultivados de granos, y ganado pastando en el campo, no nos damos cuenta que casi todo el grano se cultiva como alimento para animales de producción, y que la cantidad casi imposible de millones de aves, mamíferos, y peces que consumimos están confinados fuera de nuestra vista en enormes campos de concentración llamados “crianza intensiva”. Aunque no es tan obvio para nosotros hoy en día como lo fue para nuestros antepasados hace unos miles de años, nuestra cultura es, como lo fue la de ellos, esencialmente una cultura “arriera”, organizada alrededor de poseer y “cosificar” animales, y comerlos.

Fue hace aproximadamente 10.000 años que las tribus nómadas en los territorios kurdos de las montañas de Irak empezaron a domesticar ovejas e iniciaron una revolución con enormes consecuencias.[1] Los antropólogos aseveran que fue una evolución de las prácticas de cacería de estas tribus, quienes empezaron a mantenerse más cerca de ciertos grupos de ovejas silvestres, eliminando selectivamente a los más débiles y aumentando el control sobre su movilidad, alimentación, y su vida reproductiva. Eventualmente aprendieron a castrar y matar a ciertos machos para que el hato consista primordialmente de hembras con algunos carneros; de esto aprendieron la reproducción selectiva para crear animales con características más deseables. Las cabras fueron domesticadas poco después de las ovejas, seguido del ganado 2.000 años después en el oeste y el norte, y subsecuentemente por el caballo y el camello otros dos a cuatro mil años después de eso.[2] Conceptos -altamente cargados- de posesión de propiedad, y patrilineales así como de pureza de sangre gradualmente emergen, de lo cual hay amplia evidencia al dar inicio el período histórico hace unos 4.000 años.

Nuestra cultura occidental puede decirse que tiene dos raíces principales: la antigua Grecia y el antiguo Levante (parte este de la cuenca mediterránea y del Medio Oriente). Al leer las más antiguas escrituras existentes de estas culturas de hace 3.000 años, así como La Ilíada y La Odisea de Homero, así como el Viejo Testamento, que cuentan historias de antiguos reyes y sus guerras, encontramos que estas culturas se orientan alrededor del consumo de carne, el arreo, la esclavitud, la conquista con violencia, la supremacía masculina, y la ofrenda de sacrificios animales a sus dioses -en su mayoría- masculinos.

Para las antiguas culturas arrieras, los animales en confinamiento no eran solamente comida; también eran riqueza, seguridad, y poder. El primer dinero y forma de capital fueron ovejas, cabras, y ganado, ya que solo éstos eran propiedad consumible con valor tangible.[3] De hecho, la palabra “capital” se deriva de capita, latino para “cabeza”, como en cabezas de ganado u ovejas. Los primeros capitalistas fueron los arrieros que peleaban entre sí por los primeros reinos, con todo y esclavitud, guerras frecuentes, y poder concentrado en las manos de una élite propietaria de cabezas de ganado. Nuestra palabra “pecuniario” proviene del latin pecus, que significa ganado, y la antigua moneda romana, el denario, también se denominó así porque valía por diez asnos.[4] Los animales de producción en las antiguas culturas arrieras por lo tanto definieron el valor del oro y la plata –los animales para comida eran el estándar de riqueza y poder. Este hecho explica el poder político de las industrias de carne y lácteos que continúa hasta el día de hoy.

Al “cosificar” y esclavizar animales grandes y poderosos, los antiguos predecesores de la cultura occidental establecieron un mythos, o patrón básico de valores y actitudes de la gente, y una visión de mundo que todavía permanece hasta el día de hoy en el corazón de nuestra cultura. En el libro de Riane EislerEl cáliz y la espada” (“The Chalice and the Sword”) así como el libro de Jim MasonUn orden poco natural” (“An Unnatural Order”) se resume y digiere el trabajo de historiadores y antropólogos, proporcionando interesantes perspectivas en los cambios dados a los valores fundamentales que ocurren cuando el ser humano empieza a dominar grandes animales para comida, y cómo estos cambios nos afectan el día de hoy.

Es importante notar aquí que el estudio e interpretación de la historia es notoriamente subjetiva. Podemos notar que en nuestra propia vida individual nuestra experiencia y comprensión de nuestro pasado va cambiando al cambiar nosotros. Asimismo, esto es evidentemente cierto del vasto y complejo pasado colectivo generado por millones de personas. Cuando nos adentramos a tratar de entender la prehistoria –pasados culturales previos a los registros escritos- se hace aún más subjetivo. Tal como lo plasma la historiadora Cynthia Eller, “La prehistoria es todavía un lienzo enorme y en blanco. Por eso, escenarios increíblemente diversos pueden pintarse en él, dependiendo de las predilecciones de los pensadores individuales”.[5]

Riane Eisler extrae del trabajo de múltiples antropólogos y escritores, particularmente de Marija Gimbutas, Jacquetta Hawkes, y Merlin Stone, para argumentar que han existido básicamente dos tipos de sociedades, a las cuales se refiere como “de asociación” y “de dominación”. En las sociedades de asociación, hombres y mujeres son esencialmente iguales y trabajan juntos en cooperación, y Eisler trata de demostrar que esto fue la norma por muchas decenas de miles de años en la vida humana, previo a la expansión de las culturas patriarcales dominadoras basadas en el arreo de animales. Esto es un acontecimiento relativamente reciente, cinco a siete mil años hace, y se debió a lo que Gimbutas denomina la invasión kurgana por parte de guerreros-arrieros de Asia central que se adentran en Europa oriental y la cuenca mediterránea. Introduciendo así una cultura en la que el hombre ve a la mujer como un bien mueble (propiedad), ellos aparentemente se introducen en tres olas en un período de unos dos mil años, violentamente atacando, destruyendo, y fundamentalmente cambiando las más antiguas, más pacíficas sociedades de asociación.[6]

De acuerdo con Eisler, Gimbutas, y otros, estas culturas más viejas tendían a comer alimentos recolectados y sembrados, venerar a diosas de la fertilidad, crear comunidades en valles fértiles, usar metales para hacer recipientes en lugar de armas, y no se involucraban en guerras. Las culturas invasoras dominadoras arriaban animales y comían principalmente carne y leche, alababan feroces dioses masculinos en el cielo, tales como Enlil, Zeus, y Yahweh, se asentaban en cimas de cerros y los fortificaban, usaban metales para forjar armas, y constantemente estaban en competencia y guerras. Conflictos violentos, competencia, opresión de las mujeres, y lucha entre clases, de acuerdo con Eisler, no necesariamente tiene que caracterizar a la naturaleza humana sino que son productos relativamente recientes de la presión social y condicionamiento introducido por las culturas arrieras invasoras cuyos valores de dominación hemos heredado.

antropología de la violencia

¿De dónde salieron estas culturas patriarcales invasoras y qué las hizo así? En otro libro, “Placer sagrado” (“Sacred Pleasure”), Eisler cita la investigación del geógrafo James DeMeo, quien atribuye las migraciones expansionistas de los invasores kurganos y otros arrieros a cambios climáticos drásticos que “desencadenan una compleja secuencia de eventos –hambre, caos social, abandono de tierras, y migración masiva– que eventualmente produjo un viraje fundamental” en la evolución cultural humana.[7] Arriar ganado, indica Eisler, “tiende a la aridez,” y a “producir un círculo vicioso de desgaste ambiental y un aumento de la competencia económica por tierras de pastoreo cada vez más escasas –y así una tendencia hacia el conflicto violento por límites territoriales”.[8] Agrega que la práctica del arreo de animales produce un endurecimiento psicológico característico de culturas dominadoras:

…el pastoralismo se apoya en lo que es básicamente la esclavización de seres vivos, seres que se explotan por los productos que producen… y que eventualmente se matan… Esto también ayuda a explicar el endurecimiento psicológico (supresión de las emociones “débiles”) que DeMeo cree caracterizaba los orígenes de las sociedades patriarcales o dominadoras… Por otra parte, una vez que uno se habitúa a vivir de animales esclavizados (por su carne, queso, leche, pieles, y demás) como prácticamente la fuente principal para la supervivencia, uno puede más fácilmente habituarse a ver la esclavización de seres humanos como aceptable.[9]

Ya sea que en efecto hubiese culturas anteriores que eran más pacíficas, orientadas hacia la asociación, e igualitarias, como Eisler y otros tantos sostienen, o si el conflicto violento, machos, y la competencia han dominado siempre las estructuras socioeconómicas culturales humanas es todavía un tema acaloradamente debatido entre los académicos. Lo que es innegable, sin embargo, es el efecto en la conciencia humana de la “cosificación” y esclavización de animales de gran tamaño para alimento.

Jim Mason lleva más allá el trabajo de Eisler en este respecto, y desarrolla conexiones más históricas y psicológicas entre la dominación de animales y la dominación de otras personas. Él indica que la revolución agrícola introdujo cambios profundos en las antiguas culturas recolectoras, transformando su relación con la Naturaleza de una de inmersión a una de separación e intento de dominarla. A partir de esta separación, dos tipos de agricultura emergen –plantas y animales- y la distinción entre ellas es significativa. Cultivar plantas y trabajo en el huerto es una faena más femenina; las plantas se cuidan y nutren, al trabajar en armonía con los ciclos de la Naturaleza, somos parte de ese proceso que acentúa y amplifica la vida. Es una tarea que reafirma la vida y nos hace más humildes, que sustenta nuestro lugar en la red de la vida. Por el otro lado, la agricultura animal con animales grandes siempre fue trabajo de hombres y requirió de fuerza y violencia desde un principio, para contener a estos poderosos animales, controlarlos, guardarlos, castrarlos y al final, matarlos.

Mason asimismo enfatiza la importante influencia que los animales parecen tener en el desarrollo psicológico y en la salud, así como en las características psicológicas violentas al observar culturas alrededor del mundo que arrean animales grandes. Citando a los antropólogos Paul Shepart y Anthony Leeds, él apunta que Shepard da en el clavo respecto de las características primordiales de las culturas arrieras: “Hostilidad agresiva hacia foráneos, la familia armada, querellas y redadas en una organización jerárquica centrada en los hombres, la sustitución de la cacería por la guerra, artes elaboradas que utilizan el sacrificio, orgullo monomaníatico, y suspicacia”.[10]

Mason indica las similitudes en estos respectos entre las tribus desérticas del Medio Oriente -los arrieros de reno chukchi del este de Siberia quiénes “hacen jactancia de ‘hazañas de fuerza, actos de proeza, conducta violenta y heróica, aguante excesivo, y gasto de energía,’ -y nuestra cultura vaquera del redondel en América”.[11]

Fundamentados en el trabajo de Eisler, Mason y otros, podemos ver que la cultura en la que vivimos hoy día es una continuación moderna de la cultura arriera que surgió en el Medio Oriente y la cuenca mediterránea oriental, y que la creencia central que define a esta cultura sigue siendo la misma: los animales son cosas y son propiedad, para ser usados, y consumidos. Por extensión, la Naturaleza, tierras, recursos, y las personas también son vistos como materia prima para usar y explotar. Mientras que esto nos parece lógico hoy en día como habitantes modernos de una cultura arriera, consumidora de animales y capitalista, esta es una visión de enormes consecuencias: la cosificación de animales marcó la última verdadera revolución en nuestra cultura, completamente redefiniendo las relaciones humanas con los animales, la Naturaleza, lo divino, y nosotros mismos.

En las antiguas culturas arrieras los animales fueron gradualmente transformándose de cohabitantes misteriosos de un planeta compartido, a meros objetos de propiedad para ser usados, vendidos, intercambiados, confinados, y matados. Ya no silvestres y libres, fueron tratados con creciente irrespeto y violencia, y eventualmente se hicieron desdeñables e inferiores en los ojos de los arrieros de estas culturas emergentes.[12] Los animales silvestres empezaron a verse meramente como amenaza potencial al capital ganadero; a su vez, otros seres humanos empezaron a verse asimismo como amenaza para el ganado, o como potencial objetivo para redadas si tenían animales. Batallar a otros para adueñarse de su ganado y ovejas era la principal estrategia de adquisición de capital; la antigua palabra del sánscrito ario para guerra, gavyaa, significa literalmente “el deseo de tener más ganado”.[13] Parece ser que la guerra, el arreo de animales, la opresión de lo femenino, el capitalismo, y el deseo de más capital/ganado han estado asociados desde su arcaico nacimiento a la cosificación de grandes animales.

Cuanto más grandes y poderosos eran los animales que se arriaban, más fieras, crueles, y violentas tenían que ser las culturas para dominarlos con éxito y protegerlos de animales salvajes que merodeaban y de otras personas.[14] Los animales más grandes eran las reses y los caballos, y las culturas arrieras que se establecieron en el Medio Oriente y el este del Mediterráneo se enfrascaron en batallas inimaginablemente violentas entre sí y contra pueblos más débiles por milenios, gradualmente y a la fuerza propagando su cultura y valores arrieros a través de Europa y la mayoría de Asia. Desde Europa, esta misma cultura ganadera eventualmente se propagó a las Américas. Continúa propagándose hasta el día de hoy a través de corporaciones transnacionales tales como ConAgra, Cargill, Smithfield, y McDonald’s así como a través de proyectos patrocinados por el Banco Mundial y las Naciones Unidas, misioneros religiosos, y caridades que perpetúan la esclavización animal, tal como el Proyecto Heifer.

La cultura arriera y la carne

En el núcleo de esta antigua cultura que se convirtió en lo que hoy llamamos Civilización Occidental estaba la supremacía absoluta del ser humano sobre los animales, reforzado con los alimentos diarios. La riqueza y prestigio para los hombres empezó a medirse en términos de cuánto ganado poseían y qué extensión de tierras controlaban para su pastoreo. El modelo para imitar para los jóvenes se convirtió en el protocapitalista de éxito, el arriero “macho” y guerrero: rudo, bajo control, emocionalmente distante, y capaz de impávida violencia. Mujeres, ganado y gente capturada y/o conquistada eran objetos de propiedad que contribuían al total de capital poseído; guerras, aunque terribles para los combatientes y la población en general, eran potentes métodos usados por la aristocracia acaudalada para aumentar su acumulación de ganado/capital, tierras, poder, y prestigio.

Resulta útil entender que la mentalidad de dominación que caracterizaba la cultura en la que nacimos se exalta ella misma al observar y enfatizar las diferencias e ignorar las similitudes, ya que eso es lo que la esclavización y matanza de animales requiere que todos practiquemos. Como arrieros y dominadores de animales, debemos continuamente practicar el vernos como separados y diferentes a ellos, como superiores y especiales. Nuestra compasión humana natural puede ser reprimida aprendiendo a excluir a otros y verlos como esencialmente diferentes a nosotros. Este exclusivismo se requiere para el racismo, el elitismo, y la guerra, ya que para poder hacer daño y dominar a otras personas debemos romper los lazos que nuestro corazón naturalmente siente con ellas. La mentalidad de dominación es necesariamente una mentalidad de exclusión.

Carne y cultura arriera

Es obvio, si miramos de cerca, que los presunciones fundamentales y actividades de las antiguas culturas arrieras todavía definen a nuestra cultura hoy en día. La actividad individual que más define a estas antiguas culturas era, como lo es hoy, consumir regularmente los productos provenientes de los cuerpos de animales dominados y excluidos.

La guerras todavía enriquecen a una clase poderosa y elitista mientras que millones sufren los embates de ella, y los ricos del mundo se alimentan de animales engordados con grano y pescado mientras que los pobres pasan hambre.

Nuestro sistema económico capitalista y sus instituciones de soporte políticas, legales, y educacionales aun legitiman nuestra cosificación y explotación de animales, la Naturaleza, y las personas; nuestra dominación de los poco privilegiados y extranjeros; una desigual e injusta distribución de bienes basada en la depredación (comúnmente denominada “competencia” y “libre comercio”), opresión y guerra.

Al evolucionar socialmente, hemos disfrutado de múltiples victorias al reducir ciertos excesos, y en proveer protección para los débiles y vulnerables. En general, sin embargo, tenemos que preguntarnos por qué nuestro progreso ha sido tan lento y difícil. La respuesta a esto está en nuestros platos y se extiende de ahí a las fincas de crianza intensiva, mataderos, laboratorios que usan animales, rodeos, circos, pistas de carreras de caballos y perros, y zoológicos, hasta actividades de cacería, pesca y poner trampas, así como a prisiones, ghettos, guerras, y el complejo de la industria militar y nuestra continua violación y destrucción del mundo viviente.

Fuente: APEV (Asociación para la Promoción de la Ética Vegetariana) – La cultura arriera

Referencias

[1] Jim Mason, An Unnatural Order: Why We Are Destroying the Planet and Each Other (New York: Continuum, 1993), p. 143.
[2] Ibid., p. 138.
[3] Ibid., pp. 142-143.
[4] Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, Tenth Edition (Springfield, MA: Merriam-Webster, 1996), p. 308.
[5] Cynthia Eller, The Myth of Matriarchal Prehistory: Why an Invented Past Won’t Give Women a Future (Boston: Beacon Press, 2000), p. 41.
[6] Riane Eisler, The Chalice and the Blade: Our History, Our Future (New York: HarperCollins, 1987), p. 44.
[7] Riane Eisler, Sacred Pleasure: Sex, Myth, and the Politics of the Body (New York: HarperCollins, 1995), p. 92.
[8] Ibid., pp. 95-96.
[9] Ibid., p. 96.
[10] Mason, p. 140.
[11] Ibid.
[12] Ibid., p. 146.
[13] Cappeller dictionary: f. gavyaa. Deseo de poseer ganado, ardor de batalla; ver también Monier Williams: goSu + gam=, ir a batalla (conquistar reses) RV. Ii, 25,4; v, 45, 9; viii, 71, 5; de correspondencia del autor con Claude Setzer, PH.D.
[14] Mason, p. 137.

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Reseña del libro “Lluvia sin truenos” de Gary L. Francione (Óscar Horta, 2011) https://respuestasveganas.org/resena-de-rain-without-thunder-oscar/ https://respuestasveganas.org/resena-de-rain-without-thunder-oscar/#comments Mon, 14 Oct 2019 19:00:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2011/01/resena-de-rain-without-thunder-oscar.html

A continuación compartimos la reseña que Óscar Horta hizo del libro «Rain Without Thunder» («Lluvia sin truenos: la ideología del movimiento por los derechos animales»), escrito por Gary L. Francione.

Reseña del libro “Lluvia sin truenos”

Libro “Lluvia sin truenos”, de Gary L. Francione

Este libro es uno de los libros más completos de entre aquellos que han sido escritos hasta el momento sobre las estrategias del movimiento por los derechos animales. La mayoría de los libros que tratan la llamada “cuestión animal” (el tema de la consideración de los animales no humanos y nuestra relación con ellos), se han centrado en explicar los argumentos de cara a tener en cuenta a estos. El trabajo de Francione tiene un objetivo distinto. Lo que Francione investiga es cuál es el mejor modo en el que puede llevarse a cabo la lucha para conseguir que efectivamente los animales no humanos sean respetados. Es uno de los libros de contenido práctico más relevante sobre esta temática tras la publicación de “Liberación Animal”, obra a la que se opone en distintos puntos. Sin embargo, aunque ha sido ampliamente leído por activistas de diferentes países, sus contribuciones, muy importantes, no han recibido hasta el momento toda la atención que merecen. Por otra parte, tanto el propio Francione como otros que han reflexionado sobre la cuestión han llegado en la actualidad a conclusiones que superan las posiciones defendidas en él, y plantean perspectivas en ciertos sentidos distintas a la hora de oponerse a la utilización de los animales como recursos (si bien igualmente opuestas a las de Singer).

El libro comienza con un texto de apertura titulado “Introducción: derechos animales y bienestar animal” (“Introduction: Animal Rights and Animal Welfare”), en el que Francione presenta las cuestiones que serán desarrolladas a lo largo del libro. En esta introducción, así como en el primer capítulo “Derechos animales: el rechazo del instrumentalismo” (“Animal Rights: The Rejection of Instrumentalism”), Francione explica las diferencias entre la perspectivas de los derechos animales y la del bienestar animal. La primera defiende que los animales no humanos, al igual que los humanos, deberían ser tratados como poseedores de derechos, lo que implica que no deberían ser considerados propiedades, ni, en consecuencia, ser usados como recursos para la satisfacción de los intereses de otros. La perspectiva del bienestar animal o bienestarismo, en contraste, acepta que los animales no humanos sean usados por los humanos, pero intenta que tal uso sea llevado a cabo de tal modo que implique un daño lo menor posible a sus víctimas. (Por esta razón, debe decirse que la denominación “bienestar animal” resulta confusa, dado que no constituye un movimiento que intente mejorar como tal el bienestar de los animales no humanos utilizados por los humanos, puesto que esto implicaría defender sus vidas y su libertad, todo lo cual es incompatible con su uso).

Haré aquí un apunte terminológico. En realidad, cabe apuntar también que es posible oponerse al uso de animales no humanos aun sin aceptar una posición pro derechos animales. Por otra parte, dado en contexto actual, en el que los seres humanos son protegidos con derechos legales, resulta especista defender esto último y no que los animales no humanos no los posean. Ahora bien, sería también posible oponerse a tal discriminación, aceptando que los animales no humanos posean derechos, y aun así no asumir plenamente un posicionamiento antiespecista. Por este motivo, la terminología más adecuada para nombrar la posición que de raíz se opone a toda discriminación de los animales no humanos es la del rechazo del especismo.

En cualquier caso, utilizando los términos que prefiere Francione, resulta claro que la perspectiva de los derechos animales no puede ser identificada con la del bienestar animal: sus objetivos son claramente diferentes. El movimiento por el bienestar animal traza una diferencia clara entre el trato que humanos y no humanos deben recibir, de un modo que hay que rechazar como especista. Ciertamente, se puede indicar que hay quienes combinan tales posiciones, como pueden ser quienes estén a favor de ciertos usos de los animales no humanos y en contra de otros. Pero, en cualquier caso, la distinción entre uso y no uso, entre daño y no daño resulta clara, al margen de particularidades.

Una vez explicado esto, en el segundo capítulo “Los neobienestaristas” (“The New Welfarists”), Francione trata una de las estrategias que han sido llevadas a cabo con el objeto último de impedir que los animales no humanos sean utilizados a manos humanas. Esta consiste en intentar introducir regulaciones en el modo en el que los animales no humanos son usados, que puedan mejorar la situación en la que se encuentran.

Esta estrategia, que podemos llamar “regulacionismo” viene a ser la misma que los bienestaristas pondrían en práctica de cara a conseguir sus objetivos. Este es el motivo por el que Francione llama a esta perspectiva “neobienestarismo”. Hay motivos, sin embargo, para considerar objetable esta denominación, pues lleva a confundir un movimiento (el bienestarismo) con una estrategia (el regulacionismo). De hecho, esta es una estrategia muy representativa del bienestarismo, pero no la única (el bienestarismo puede también echar mano de la concienciación pública, por ejemplo). El uso del término “regulacionismo” evita este problema.

En el siguiente capítulo “Los orígenes filosóficos e históricos del neobienestarismo” (“The Philosophical and Historical Origins of New Welfarism”), Francione apunta que estos radicarían, respectivamente, en la influencia dentro del movimiento de la obra de Peter Singer (que no se opondría a cualquier uso de los animales no humanos –aunque sí a la mayoría, incluyendo su consumo como comida) y en la opción por esta estrategia por parte de agentes clave en el movimiento estadounidense, como Henry Spira o PETA. Se puede objetar a su análisis en lo referente al plano filosófico indicando que la opción por una determinada estrategia no tiene por qué ir ligada a unos determinados objetivos. Por otra parte, en lo que refiere a la práctica, en el plano histórico su análisis parece correcto en el caso de Estados Unidos, pero deja de lado lo que ha ocurrido en otras partes del mundo. (En el norte de Europa, por ejemplo, han tenido un gran impacto determinadas estrategias centradas en cuestionar la oferta del uso de animales no humanos que comenzaron a seguirse en el Reino Unido −estrategias cuestionables, por cierto, al dejar de lado el elemento crucial, que es la demanda de tal uso. Mientras, en el mundo de habla hispana el cuestionamiento del especismo quizás ha tenido algo más de peso).

El siguiente capítulo lleva por título “Los resultados del neobienestarismo: el movimiento de la ‘confusión sobre los animales’ ” (“The Results of New Welfarism: The “Animal Confusion” Movement”). En este se refiere Francione a la idea de que no es problemático que entre quienes buscan el fin del uso de los animales no humanos haya quien asuma una estrategia regulacionista, dado que la diversidad enriquece al movimiento. A la luz de lo que ocurre en el mundo real, esta afirmación no se sostiene, apunta Francione. Indica que lo que ha sucedido en la práctica es que los objetivos del movimiento son confundidos, y la opinión pública a menudo no los comprende (asumiéndose así, no pocas veces, que el objetivo buscado no es el fin del uso de animales, sino su regulación). En realidad, si una estrategia es contraproducente, no parece tener mucho sentido seguirla para tener una mayor diversidad dentro del movimiento. Junto a esto, muestra Francione que los discursos de quienes siguen campañas regulacionistas y el de aquellos favorables al uso de los animales acaba siendo prácticamente idéntico, dado que estos últimos también aceptan (incluso aunque sólo sea en su retórica) que el daño que se ocasiona a los animales no humanos al ser utilizados debe ser minimizado. Esto sugiere que tal discurso no puede ser el acertado de cara a cuestionar tal uso, a no ser que dudemos seriamente de las capacidades publicitarias de las industrias dedicadas a satisfacer la demanda del uso de animales no humanos, lo que no parece realmente razonable.

Lo dicho arriba se pone de manifiesto de forma más notable en el capítulo que sigue: “Los defectos empíricos y estructurales de la teoría del bienestar animal” (“The Empirical and Structural Defects of Animal Welfare Theory”). Francione apunta que, tras casi doscientos años de campañas bienestaristas, la grave situación de los animales no humanos no ha mejorado. Lo que es más, a lo largo del último siglo ha empeorado significativamente. El número de animales no humanos utilizados para la prodección de productos culinarios (o, si se prefiere, alimenticios), así como ropa, o para la realización de experimentos o el entretenimiento ha alcanzado cantidades difícilmente imaginables a principios del siglo XX. El movimiento bienestarista no ha impedido esto. Esta afirmación es cierta, si bien probablemente demasiado rigurosa. Incluso aunque en lugar del bienestarismo hubiese existido un movimiento pro-derechos animales como el que el propio Francione defiende, y que siguiese las estrategias más adecuadas, es muy posible que este sólo habría podido parar de forma limitada el enorme desarrollo del uso de animales no humanos. Ahora bien, podría apuntarse que tal movimiento podría haber conseguido, con todo, sentar una base para que tal explotación encontrase un freno más significativo en el futuro. Y en el caso del bienestarismo resulta francamente cuestionable que algo así haya ocurrido en absoluto. (La oposición actual al uso de animales no humanos ha surgido, más bien, del desarrollo de las posiciones contrarias a este durante la década de los setenta).

A pesar del título de este capítulo, la intención de Francione al llevar a cabo este análisis no es tanto evaluar al bienestarismo como tal, sino cuestionar la utilización de la estrategia regulacionista para combatir el uso de animales no humanos. Sobre la base de la evidencia empírica arriba apuntada, Francione muestra que debemos rechazar, por incorrecta, la idea de que la consecución de regulaciones lleva finalmente a aboliciones. En realidad, si hablamos en términos lógicos aplicados a la dinámica de la aprobación de legislaciones esto es así: una suma de regulaciones no lleva necesariamente a ninguna abolición. Ahora bien, lo relevante aquí es si puede hacerlo de manera indirecta, propiciando las condiciones para que esta se de. Acerca de esto, Francione sostiene que el regulacionismo supone un freno a los esfuerzos destinados a difundir un modo de vida libre del consumo de animales no humanos. Apunta que la idea que el público se hace ante las campañas regulacionistas es que el uso de animales no humanos no es cuestionable, y que las únicas objeciones que pueden surgir al respecto son las relativas al modo en el que este es llevado a cabo. Esto sucede, por ejemplo, cuando se promueve el consumo de carne de animales que no han sido criados en granjas industriales, lo que da a la opinión pública la impresión, completamente errónea, de que el abandono de productos cárnicos no es necesario para respetar verdaderamente los intereses de los animales no humanos. Este argumento ha sido cuestionado por quienes defienden esta estrategia, que apuntan que el regulacionismo crea una conciencia favorable a los animales no humanos. En realidad, ambas reacciones se dan. Hay testimonios de lo uno y de lo otro. Pero de aquí no se sigue una posición neutra. Lo que se parece derivar, más bien, es que hemos de preferir otras estrategias que resulten válidas y que no tengan efectos negativos como los que se pueden achacar a esta.

En la primera parte de la reseña se apuntaron algunos motivos por los que la búsqueda de regulaciones en el modo en el que se usa a los animales no humanos es cuestionable. El más significativo, no obstante, es que implica, por lo común, un gasto enorme de recursos (su consecución requiere una gran cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo), para resultados cuya relevancia es siempre muy relativa (y en el caso de la práctica que más daño causa a los animales no humanos, la pesca comercial, inviable). En realidad, esto no ocurre sólo en el caso del regulacionismo. Es fundamental plantearse siempre que se quiera llevar a cabo una estrategia el coste de recursos que esta tendrá, pues es posible que si empleamos tales recursos de mejor modo podamos conseguir unos mejores resultados. Tal reflexión resulta básica, sobre todo, cuando los medios humanos y económicos de los que disponemos son limitados. (Esto lo olvidan a menudo teóricos que defienden estrategias que únicamente pueden ponerse en práctica por organizaciones que operan en ciertos países europeos, Estados Unidos, Australia, etc., dado que sólo ellas tienen el dinero para llevarlas a cabo. Predican que son estrategias óptimas a nivel universal, cuando en otros países seguirlas resulta absurdo, pues no hay recursos para ello, y los medios disponibles serían aprovechados mucho mejor siguiendo otras vías de acción.

Volviendo al texto, Francione pasa, una vez cuestionado el regulacionismo, a proponer su alternativa. El capítulo sexto lleva por título “¿Es utópica la teoría de los derechos animales?” (“Is Animal Rights a ‘Utopian’ Theory”). En este, así como en el siguiente, “La teoría de los derechos: una perspectiva escalonada” (“Rights Theory: An Incremental Approach”), Francione responde a las afirmaciones que los defensores del regulacionismo hacen al sostener que el enfoque de los derechos animales es utópico, de fines nobles, pero ineficiente en la práctica. Francione presenta su idea del tipo de logros que pueden en realidad hacer avanzar al movimiento hacia sus logros. Defiende que estos deberían significar avances reales para los animales no humanos, dejando de lado, así, los efectos contraproducentes que apunta que tienen las campañas regulacionistas. Así, escribe que el movimiento ha de ir progresando mediante la consecución de logros escalonados. Estos deben constituir prohibiciones, no regulaciones, de ciertos usos de los animales no humanos (implicando así, por ejemplo, el fin del uso de animales no humanos en circos, no su entrenamiento con látigos). Esto implica ya, de algún modo, que la prohibición debe serlo de una actividad constitutiva de la práctica que se quiere cuestionar (en este caso, el uso de animales en circos). Para poner otro ejemplo de esto: prohibir mantener más de tres visones en una jaula para obtener su piel no prohibe algo constitutivo de esta práctica. Prohibir la cría de visones con este fin sí lo sería.

A este requisito añade Francione también el siguiente. La prohibición debe formularse con el fin de defender un interés de los animales utilizados con tal fin (y no un interés humano en terminar con este). La prohibición del uso de pieles por motivos, supongamos, económicos ayudaría a los animales que de lo contrario serían usado con tal fin, pero no sería en sí una prohibición que hiciese avanzar en modo alguno el cuestionamiento del uso de animales no humanos como tal (más aun, puede llevar a ver este como trivial, puesto que los animales no humanos deberían ser vistos como los primeros afectados por las prácticas en las que son utilizados). Asimismo, la prohibición ha de implicar que los intereses de los animales protegidos por ella deben ser respetados de manera absoluta, tal y como lo haría su protección por medio de derechos. A pesar de que en un contexto como el actual, en el que los animales no humanos son considerados cosas, no pueden disfrutar realmente de derechos legales, mientras tal situación no sea transformada la protección que se otorgue a estos debe adoptar tal forma. Finalmente, sostiene Francione que la prohibición no debe tener como fin que una cierta práctica que utilice a los animales no humanos dé lugar a otra (como ocurrirá, por ejemplo, si se prohibe el uso de simios para la realización de experimentos de cara a sustituir estos por perros, ratones u otros animales).

Acerca de esta estrategia hay que hacer un apunte. Si bien algunos de los argumentos en contra del regulacionismo no operan del mismo modo en el caso de las prohibiciones graduales que propone Francione, hay que apuntar que al menos el relativo al gasto de recursos sí lo hace. De manera que todo lo dicho con anterioridad con respecto a este ha de tenerse en cuenta también aquí.

De hecho, vale la pena apuntar que a día de hoy Francione defiende centrarse en cuestionar los argumentos que buscan justificar el uso de los animales no humanos como recursos, lo que tiene su exponente básico en la difusión del veganismo. Esto implica dejar de lado la fijación en prohibiciones que encontramos en Rain without Thunder.

Para finalizar, en las conclusiones del libro, tras resumir algunas de las ideas que ha presentado con anterioridad en este, Francione explica que sus puntos de vista sobre cuestiones de estrategia no han de confundirse en modo alguno con un cuestionamiento de las intenciones de aquellos que llevan a cabo estas. Insiste repetidamente que sus análisis no crítican en modo alguno las motivaciones de nadie en particular. Dice sobre esto:

“Asumo que todo el mundo tiene una intención buena y que estas son, simplemente, cuestiones difíciles que no han sido sometidas a mucha discusión dentro del movimiento”.

Aquí hay que apuntar que, en honor a la verdad, el tono muchas veces hostil y beligerante del texto de Francione no siempre refleja esto. En cualquier caso, hay que indicar que esta idea debería ser tenida muy en cuenta a la hora de acercarse los análisis que Francione ha llevado a cabo, así como los de otros que se han preocupado de examinar las distintas estrategias que cabe seguir a la hora de combatir la discriminación y el uso de animales no humanos. Es preciso considerar estos objetivamente y sin que ello implique una confrontación u hostilidad (aunque, como digo, a menudo el propio Francione no lo haga). En este punto es interesante leer lo que el mismo Francione comenta justo tras escribir las líneas arriba transcritas. Escribe lo siguiente sobre la falta de debate actual dentro del movimiento:

“quizás en parte porque los activistas animalistas están tan sobrecargados con las luchas del día a día, la teoría ha sido considerada un ‘lujo’ irrelevante.”

Tal y como muestra Francione, esta idea ha hecho mucho daño al movimiento contra el uso de animales no humanos. Para decirlo simple y claramente: no es realista esperar que podamos hacer las cosas espontáneamente, sin reflexión, y hacerlas bien de forma automática, sin haber pensado antes en profundidad sobre cómo hacerlas. La discusión sobre estas cuestiones, lejos de ser un “lujo”, constituye el único camino por el cual el movimiento puede llegar a tener éxito.

La obra termina con un epílogo “Epílogo: marchando hacia atrás” (“Postscript: Marching Backwards”). En él, Francione critica la dirección tomada por el movimiento pro derechos animales en Estados Unidos a propósito la “Marcha por los Animales que tuvo lugar en 1996. En esta, la referencia a los derechos animales (que había estado presente en una marcha anterior celebrada en 1990) fue eliminada, con la intención de hacer el evento más aceptable para la opinión pública. Francione apunta, correctamente, que un movimiento que no se atreve a expresar a la opinión pública aquello que quiere lograr no será nunca capaz de alcanzarlo. Y sostiene que esto es lo que ha estado ocurriendo en el caso del movimiento por los derechos animales estadounidense a mediados de los noventa. (Cabe indicar aquí que Francione continúa creyendo que este es el caso en la actualidad. Si bien hoy en día habla ya directamente de quienes usan el regulacionismo para combatir el uso de animales no humanos indicando que constituyen un movimiento aparte del que busca sus mismos objetivos mediante otras estrategias, lo cual parece cuestionable). La consecución de los objetivos del movimiento depende de que su mensaje llegue al público. Por este motivo, es enormemente preocupante que tal mensaje no se transmita (como ocurre, por ejemplo, cuando no se defiende el vegetarianismo por miedo al rechazo).

Otras obras de Gary Francione relacionadas con el tema:

– Animals, Property and the Law, Temple University Press, Philadelphia, 1995.
– Introduction to Animal Rights: Your Child or the Dog?, Temple University Press, Philadelphia, 2000.
– Animals as Persons: Essays on the Abolition of Animal Exploitation, Columbia University Press, New York, 2008.

Fuente: animanaturalis.org – Reseña de Rain Without Thunder (parte I)
Fuente: animanaturalis.org – Reseña de Rain Without Thunder (parte II)

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Crítica al libro “The Plant Paradox” (Steven R. Gundry, 2017) https://respuestasveganas.org/critica-plant-paradox-gundry-lectinas/ https://respuestasveganas.org/critica-plant-paradox-gundry-lectinas/#comments Sat, 23 Sep 2017 16:00:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2017/09/critica-plant-paradox-gundry-lectinas.html

El absurdo libro "The Plant Paradox"

En abril de 2017 se publicó el libro «The Plant Paradox» («La Paradoja de las Plantas»), escrito por Steven R. Gundry. Este libro atenta contra la Ética[1] porque defiende maltratar a los seres sintientes no humanos mediante el consumo de productos de origen animal, a pesar de que la alimentación vegana es sana.[2] Además, en «The Plant Paradox» se dice que «todas las enfermedades humanas se originan en comer legumbres, granos integrales, patatas, tomates, etc. porque contienen lectinas», unas sustancias que dice que «incitan a una especie de guerra química en nuestro cuerpo, causando reacciones inflamatorias que pueden conducir al aumento de peso y problemas graves de salud». Estas afirmaciones de Steven R. Gundry contradicen por ejemplo la evidencia que muestra que los tomates reducen la inflamación, y contradice otras evidencias científicas.

A continuación voy a rebatir el libro «The Plant Paradox».

CRÍTICA DE MICHAEL GREGER M.D. A «THE PLANT PARADOX»

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A principios de este año, empecé a recibir correos electrónicos sobre este libro, que pretendía exponer los «peligros ocultos» en los alimentos saludables que causan enfermedades y aumento de peso. Alimentos como las legumbres, los granos integrales y los tomates. ¿Por qué? Por las lectinas, lo que parece una repetición de la desprestigiada «dieta según el grupo sanguíneo» que emergió décadas atrás y que sigue regresando.

Sí, pero el libro está escrito por un médico; si has visto mis vídeos sobre las escuelas de medicina, sabrás que esto es efectivamente una anti-credencial cuando se trata de escribir libros sobre alimentación, pues básicamente le dice al mundo que probablemente has recibido poca o ninguna capacitación formal en nutrición. El doctor Atkins era después de todo un cardiólogo. Pero si le quieres dar el beneficio de la duda: el problema es que ni siquiera pasa la prueba del olfato. Es decir, si las lectinas son malas entonces las legumbres serían lo peor, y por lo tanto, la estadísticas encontrarían que quienes consumen legumbres tienen una esperanza de vida más corta. Sin embargo, lo contrario parece ser lo cierto, las legumbres, fríjoles, guisantes, garbanzos y lentejas son quizás el predictor alimentario más importante de la supervivencia en ancianos alrededor del mundo.

Como Dan Buettner señaló en su trabajo «The Blue Zones» («Las Zonas Azules»), los alimentos repletos de lectinas son la piedra angular de la alimentación en las poblaciones más saludables y con mayor longevidad del planeta. Y no sólo en estudios poblacionales. Como he mostrado antes, puede asignar a un grupo de personas al azar en intervenciones de granos integrales y comprobar los beneficios de causa y efecto. Lo mismo ocurre con los tomates. Si se asigna al azar a consumir una taza y media de jugo de tomate con agua todos los días, la lectina del tomate reducirá la inflamación sistémica o tendrá un efecto de adelgazamiento en la cintura, reducirá el colesterol y los mediadores inflamatorios («Tomato juice consumption reduces systemic inflammation in overweight and obese females»).

Entonces cuando la gente me habló de este libro les dije: déjame adivinar, el autor vende una línea de suplementos para bloquear la lectina. Y resulta que puedes ayudar a tu cuerpo en la lucha contra las lectinas por sólo 79.95 dólares al mes. Esto es sólo como 1000 dólares al año. Una ganga por agradables visitas al baño. Y luego, por supuesto, existen otros 10 suplementos. Por lo tanto por sólo 8000 o 9000 dólares al año, puedes librarte de esas lectinas. Oh, ¿y ya mencioné su línea de cuidado para la piel? Reafirma y esculpe por sólo 120 dólares extra y hasta te hace un descuento si te subscribes a su club VIP. ¿Y todavía quieres darle el beneficio de la duda?

La gente me pide todo el tiempo que comente sobre algún nuevo blog, libro o vídeo en Youtube, y tengo que recordarles que hay cien mil artículos científicos sobre nutrición publicados en la literatura médica cada año, y que apenas podemos mantenernos al día con esos. Pero como la gente siguió enviando correos electrónicos sobre este libro, pensé que al menos le echaría un vistazo a la primera cita del libro. Capítulo 1, cita 1: «olvídate de todo lo que pensabas que era cierto». Por ejemplo, «comer crustáceos y yemas de huevo reduce dramáticamente el colesterol total», ¡¿qué?! ¿Las yemas de huevo reducen el colesterol? ¿de dónde sacó eso? Éste es el artículo que él cita: «Effects of shellfish consumption on lipoproteins in normolipidemic men». Y, aquí está. A estas alturas ya sabes de qué van estos estudios. ¿Cómo se demuestra que un alimento reduce el colesterol? Quitas tanta carne, queso y huevos que en general, tu grasa saturada disminuye: en este caso, alrededor del 50%. Si se reduce la grasa saturada a la mitad, por su puesto que los niveles de colesterol van a bajar. Así consiguieron bajar el colesterol: eliminando la carne, el queso, y las yemas de huevo. Sin embargo, éste es el artículo que utiliza el libro para sustentar que las yemas de huevo reducen drásticamente el colesterol. Increíble. Es todo lo contrario a la verdad. Añade yemas de huevo a la alimentación de humanos y su colesterol aumenta. Pero ¿cómo se atreve a decir esto? No es como si fuera una inofensiva tontería, como decir que la Tierra es plana. La enfermedad cardíaca es el asesino número 1 de hombres y mujeres. Esto podría lastimar a la gente. Demasiado como para darle el beneficio de la duda.

CRÍTICA DE COLIN CAMPBELL AL LIBRO «THE PLANT PARADOX»

El 23 de agosto de 2017, Colin Campbell publicó el artículo «The Plant Paradox by Steven Gundry MD– A Commentary» en el que critica el libro el libro «The Plant Paradox» de Steven R. Gundry. En dicho libro se defiende la idea según la cual las legumbres, granos integrales, patatas, tomates, etc. contienen lectinas que son la fuente de la mayoría o quizás de todas las enfermedades humanas.

Colin Campbell indica que muchas de las referencias que aparecen en el libro «The Plant Paradox» no ofrecen ningún apoyo a las afirmaciones que en dicho libro se hacen o directamente son falsas:

– En la página 4, Steven Gundry cita una referencia según la cual la ciencia apoya la afirmación «comer yemas de huevo y algunos tipos de mariscos reduce “drásticamente” el colesterol en comparación con el consumo de otras proteínas animales», pero no hay nada acerca de las yemas de huevo en el estudio.

– En la página 12, Steven Gundry afirma que «las plantas solináceas son altamente inflamatorias», pero dicha afirmación no tiene ninguna evidencia que lo respalde. En cambio, existe mucha investigación que sugiere, por ejemplo, que los tomates son altamente anti-inflamatorios. Por ejemplo «Aqueous Extract of Tomato (Solanum lycopersicum L.) and Ferulic Acid Reduce the Expression of TNF-α and IL-1β in LPS-Activated Macrophages».

– En la página 21, Steven Gundry citar un estudio que afirma que evitar comer trigo, cebada y centeno hace a las bacterias internas más dañinas, en un libro que está a punto de recomendar que se evite comer estos granos.

– En la página 24, Steven Gundry afirma que «algunas lectinas interrumpen las transmisiones entre sus células», usando como referencia un documento largo que ofrece una revisión del funcionamiento de una parte grande y compleja del sistema inmunológico, pero que no contiene la palabra «lectina».

– En la página 28, Steven Gundry afirma que «Hasta hace unos 10.000 años, el ser humano promedio se situó cerca de 6 pies de altura». Sin embargo, el estudio «Stature of early Europeans» sugiere que la estatura humana promedio fue probablemente de 5’6”.

– En la página 31, Steven Gundry afirma que las momias egipcias murieron por sobrepeso, la obstrucción de las arterias y diabetes. Y el autor insinúa que eso les ocurrió por comer granos. Sin embargo, lo más probable es que esos gobernantes momificados vivieran como todos los demás reyes y reinas de la Historia, no como los campesinos. Es decir, la élite rica siempre se ha atiborrado de alimentos de origen animal y alimentos procesados (grasas añadidas y azúcares añadidos) que estaban disponibles.

– En la página 33, Steven Gundry afirma que hace 500 años los exploradores trajeron los alimentos del «Nuevo Mundo» que los europeos, asiáticos y africanos nunca habían visto: granos y frijoles. Esta es una afirmación extraña. Parece que Gundry desconoce que los gladiadores romanos eran principalmente vegetarianos y les llamaban «Hombres de cebada» porque comían trigo, cebada y habas, hace 1800 años.

– En la página 38, Steven Gundry afirma que «evitar lectina como se informa en la literatura científica se ha encontrado para curar enfermedades autoinmunes». La «referencia científica» es el resumen de una conferencia, sin posibilidad de conseguir ni siquiera el resumen en línea.

– En la página 43,  Steven Gundry afirma que la aglutinina del germen de trigo (WGA), contenida en el trigo integral, «contribuye al desarrollo de la nefritis, o inflamación del riñón». Para ello utiliza una referencia que lleva a un documento en el que los investigadores simplemente estaban documentando cómo la lectina mancha algunos tejidos renales. No tiene absolutamente nada que ver con las lectinas que causan la nefritis o el riñón inflamación. Es como si el autor hizo una búsqueda de las palabras «lectina» y «riñón» y enlazó al azar uno de los artículos que aparecieron.

– En la página 55,  Steven Gundry afirma que la mayoría de sus pacientes que se encontraban en la etapa 3 y 4 del cáncer mejoraron con una alimentación baja en lectinas, pero no hace referencia a ninguna publicación ni estudio del caso.

– En la página 73, Steven Gundry afirma que los ratones que viven con una alimentación sin gérmen de trigo y baja en fibra (y presumiblemente menor de lectina) aumentan su diversidad de microbioma.  Para afirmar eso usa una referencia científica que no afirma eso y que en realidad sugiere que si la gente se alimenta como dice Steven Gundry pueden hacerse daño a sí mismos.

Iré actualizando este artículo con más y nueva información al respecto del libro «The Plant Paradox».

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LIBROS: Rethinking Life and Death: The Collapse of Our Traditional Ethics (Singer, 1994) https://respuestasveganas.org/veganismo-repensando-vida-muerte-singer/ https://respuestasveganas.org/veganismo-repensando-vida-muerte-singer/#respond Tue, 22 Nov 2016 14:05:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2016/11/veganismo-repensando-vida-muerte-singer.html (Volver a LISTA: Libros en defensa de los animales no humanos)

Título en español: Repensando la Vida y la Muerte: El Colapso de nuestra Ética Tradicional
Información sobre el autor: Peter Singer

Rethinking Life and Death: The Collapse of Our Traditional Ethics, Text Publishing, Melbourne, 1994; St Martin’s Press, New York, 1995; reprint 2008. ISBN 0-312-11880-5 Oxford University Press, Oxford, 1995

RESEÑA

En el libro «Repensando la vida y la muerte» («Rethinking Life and Death»), publicado el 21 de septiembre de 1995, Peter Singer explica su concepto de persona. Según Singer, una «persona» es una identidad privilegiada que se sólo incluye a los individuos mentalmente competentes, y esto sólo lo satisfacen los humanos adultos y los grandes simios, estando los grandes simios muy por debajo de los seres humanos. Esta es la razón por la que Singer defiende el objetivo del Proyecto Gran Simio de dar derechos básicos a los grandes primates (chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas). En cuanto al resto de los habitantes de la tierra, como «las ballenas, delfines, elefantes, monos, perros, cerdos y otros animales», en la página 182 dice que con el tiempo podría demostrarse que algunos, o tal vez todos ellos, son «conscientes de su propia existencia en el tiempo y capaz de razonar. Entonces ellos también tendrían que ser considerados como personas». Según Singer, la capacidad de sufrir y disfrutar de la vida, aunque es digno de «preocupación», no confiere por sí misma la identidad de persona, no admite a un animal no humano en lo que Singer llama la «comunidad de iguales».

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LIBROS: Practical Ethics (Peter Singer, 1979) https://respuestasveganas.org/veganismo-libro-etica-practica-peter-singer/ https://respuestasveganas.org/veganismo-libro-etica-practica-peter-singer/#respond Tue, 22 Nov 2016 14:00:00 +0000 https://respuestasveganas.org/2016/11/veganismo-libro-etica-practica-peter-singer.html (Volver a LISTA: Libros en defensa de los animales no humanos)

Título en español: Ética Práctica
Información sobre el autor: Peter Singer

Singer, Peter, Practical Ethics, Cambridge: Cambridge University Press, 1979. viii, 237 págs. ISBN 978-0-521-22920-3

RESEÑA DE DANIEL DORADO

En este libro, Singer examina diversos problemas fundamentales en ética aplicada desde un punto de vista utilitarista. Entre ellos, la consideración moral de los animales no humanos. Defiende que la ética debe partir de una consideración igualitaria de los intereses de los animales, por lo que el especismo debe ser rechazado. Señala, a modo de ejemplo, que nuestro interés en saborear la carne es menor que el interés de los animales en no sufrir. Expone que las diferencias entre especies no son moralmente relevantes, y que la autoconsciencia es necesaria para tener intereses dirigidos al futuro, entre ellos un interés en vivir. Defiende también que, dado que los bebés carecen de características ausentes también en algunos animales no humanos, los primeros no deberían ser tenidos en mayor consideración moral que los segundos. El ensayo fue traducido al español: Ética práctica, Barcelona: Ariel, 1984. 287 págs. ISBN 978-84-344-1027-5. Existe una edición revisada de la obra en inglés: Practical Ethics, 2nd ed., Cambridge: Cambridge University Press: 1993. xiii, 395 págs. ISBN 978-0-521-43971-8. Esta edición revisada fue traducida igualmente al español: Ética práctica, Tres Cantos: Akal, 2009. 400 págs. ISBN 978-84-460-3069-0.

Fuente: «La consideracion moral de los animales no humanos en los ultimos cuarenta años: una bibliografía anotada». Dorado, Daniel. Universidad Carlos III de Madrid, 2010.

RESEÑA DE LA WIKIPEDIA

«Ética práctica» analiza en detalle por qué y cómo deben sopesarse los intereses de los individuos. Su Principio de la Igual Consideración de Intereses no dictamina la igualdad de tratamiento de estos intereses, porque diferentes intereses determinan un tratamiento diferente. Por ejemplo: todos tienen interés en evitar el dolor, pero pocos tienen interés en cultivar sus habilidades. Su principio justifica no sólo el diferente tratamiento para intereses diferentes, sino que permite diferentes tratamientos para el mismo interés cuando disminuye la utilidad marginal, por ejemplo, el interés por alimentarse de una persona hambrienta es superior al mismo interés de alguien satisfecho en su alimentación y que momentáneamente siente hambre. En «Ética práctica» Singer abarca desde temas tan polémicos como abogar por un trato ético a los animales, el aborto, la eutanasia, la pobreza y distribución de ingresos, entre otros.

Fuente: es.wikipedia.org/wiki/Peter_Singer

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